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Con este ordenador ‘low cost’ artesanal se puede disfrutar de cualquier videojuego del siglo XX

RetroPie

Posiblemente ya hayas oído hablar de ella. Su nombre es Raspberry Pi  y no es otra cosa que una pequeña placa de computación de bajo coste que sirve para hacer virguerías tecnológicas (como un disfraz de Game Boy), arte digital o enseñar informática a los más pequeños en los centros educativos. No en vano, ya se le considera la base del bricolaje del siglo XXI. Además, a los numerosos usos que ya se le dan, ahora se le suma uno nuevo, que hará las delicias de los más ‘gamers’ y nostálgicos: un emulador de los videojuegos clásicos.

RetroPie es un emulador para Raspberry Pi con el que se puede devolver a la vida todos esos videojuegos que un día triunfaron en el siglo XX. En internet se encuentran todos esos títulos que han formado parte de la infancia y la tierna adolescencia de muchos, para que cualquiera que lo desee los pueda descargar, para después de ‘construir’ la máquina a su gusto en casa. Existe incluso quien ha llegado a crearle un mueble para darle la apariencia de una máquina recreativa. No obstante, lo mejor es empezar sabiendo cómo se monta todo alrededor de la Raspberry Pi para jugar con un monitor algo menos ‘vintage’. ¡Toma nota!

En primer lugar, hay que tener claro cuáles son los componentes necesarios. Obviamente, el elemento central de este emulador es una placa de Raspberry Pi (vale cualquier modelo de la A a la 3) a la que acompañarán una fuente de alimentación de 5 voltios y 2,5 amperios, un cable HDMI, una tarjeta microSD de al menos 8 GB, un lector para estas tarjetas y un teclado (o mandos de juego). De forma opcional, aunque recomendable, puedes poner una carcasa de protección para la placa. Por suerte, existen kits de Raspberry Pi 3 que lo traen todo incluido. Y, por supuesto, un televisor o monitor para poder jugar.

Una vez protegida (o no) la Raspberry con la carcasa, el siguiente paso es conectarla al monitor, al teclado y a la fuente de alimentación. La Raspberry se conecta al monitor mediante un cable HDMI, mientras que el teclado se conecta a la placa a través de uno de los puertos USB que lleva (los primeros modelos solo tienen un puerto, mientras que los siguientes ya traen hasta cuatro).

placa de Raspberry Pi

Ahora, toca instalar el emulador en sí, sin el cual no hacemos nada. Hay que descargárselo desde la web del proyecto RetroPie. Una vez en nuestro poder, hay que llevarlo a la tarjeta microSD. Para ello, es posible usar programas como Win32DiskImager (en un PC) o Apple Pi Baker (en un Mac). Tras ello, solo hay que introducir la microSD en la ranura correspondiente de la Raspberry, que ahora hará las veces de disco duro interno (así que será mejor no retirar la tarjeta si no queremos quedarnos sin jugar).

Y ya llega el momento de encender esta suerte de videoconsola con la que es posible viajar en el tiempo. Tras una pantalla de bienvenida, es necesario programar los botones: selecciona aquellos a los que quieras dar una determinada función y ya podrás comenzar a navegar por la interfaz de RetroPie.

Para descargar videojuegos o emuladores a la Raspberry Pi, existen dos opciones. La primera de ellas es configurar el wifi de la placa, solo disponible en los modelos 3. Otra opción es descargar los juegos en un ordenador en forma de datos ROM (es decir, solo de lectura y no de escritura) y llevarlos a la placa. Tras obtenerlos, los metemos en un USB y conectamos este a la Raspberry para que los lea, los lleve a la tarjeta SD y comience la diversión. Deberemos procurar, eso sí, que en el lápiz USB cada carpeta tenga el mismo nombre que el de la videoconsola-emulador: las ROM del emulador de recreativas MAME irán a ‘mame’, las de la videoconsola Mega Drive irán a ‘megadrive’, etcétera.

Barbarian, de Commodore

Juegos de siempre por poco dinero

Una vez instalado, toca ponerse jugar a míticos juegos de las videoconsolas de 8 bits y de esas recreativas que alimentaron muchas tardes de nuestra juventud. Pero no solo los más antiguos, como el clásico ‘Barbarian’ del Commodore 64 (todo un clásico de lucha de finales de los años 80 ya difícil de encontrar), sino que también está disponible por ejemplo el ‘Prince of Persia’, que nació para el ordenador Apple II (tienes todos sus videojuegos disponibles) en 1989 y se ha convertido en una saga de éxito; o el ‘Final Fantasy Tactics’ para la PlayStation, lanzado en 1997. De hecho, la PlayStation primigenia es una de las videoconsolas míticas que se pueden recuperar con RetroPie, como también la Game Boy Color, la Dreamcast o la Sega Saturn.

Pero también están los videojuegos de las Game&Watch, aquellas primeras consolas portátiles de los años 80 que cabían en la palma de una mano con sus simples minijuegos: dar martillazos a los topos, evitar que se te caigan las bolas de malabares, los bomberos que rescataban a víctimas de un incendio a golpe de cama elástica…

Si todo sale bien, esta creación debería salirte por menos de 100 euros: el kit del que te hablábamos antes cuesta unos 70 euros; el teclado de ordenador, si no tienes por ahí uno guardado, ronda los 12… Con apenas unos pocos materiales (reciclados algunos de ellos) y algo de dinero tienes la oportunidad de disfrutar de todos los juegos que triunfaron hace décadas y, encima, el orgullo de ser todo un manitas del «yo me lo guiso, yo me lo gozo». A disfrutar se ha dicho.

Con información de Select/all y David Ferriz. Imágenes de RetroPie y Visualhunt.

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