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Ciudades que acabaron sumergidas en el agua y que hoy es posible visitar

Viajar en verano es una de las actividades más relajantes que podemos realizar a lo largo del año. Y si es a un lugar fresquito, mucho mejor. Se puede ir a la ciudad o al pueblo, a la montaña o al mar. Hay incluso quien quiere viajar por el espacio. Mientras que esperamos a que esta opción se haga realidad, también existe la posibilidad de viajar a otros lugares increíbles, pero que están bajo el agua.

Debido a fenómenos naturales como los terremotos o a la acción de los seres humanos, existen ciudades que permanecen sumergidas bajo el líquido elemento. Sin embargo, se pueden descubrir de diferentes maneras: paseando cuando baja la marea, patinando, buceando… Con motivo de la Semana Mundial del Agua, que este año se celebra del 26 de agosto al 31 de agosto, te proponemos un recorrido por diez de ellas. ¿Nos acompañas?

Villa Epecuén

A mediados del siglo XX, esta ciudad argentina era un importante polo turístico para aprovechar sus aguas termales y salinas. Sin embargo, la crecida de un lago cercano en 1985 obligó a su evacuación. Con el paso de los años, el agua se fue retirando, pero todavía queda una parte bajo el agua, así que puedes visitar sus ruinas en superficie e imaginarte lo que no puedes ver. Paseándose entre muros derrumbados y antiguos hoteles vacíos y devastados, uno tendría la impresión de que hubo una explosión atómica a pocas horas de la capital argentina. Pero no. Fue la naturaleza la que se tragó a esta localidad balnearia de 1.100 habitantes.

Shi Cheng

Esta ciudad al este de China fue cubierta por las aguas del lago Qiandao en 1959, debido a la construcción de una presa y una central hidroeléctrica. Hoy en día este embalse es conocido entre otras cosas por la calidad de sus aguas, con las que se produce agua mineral y cerveza; aunque también se le llama el ‘lago de las Mil Islas’, aunque hace más de 50 años estos mil islotes no eran más que las cimas de unas montañas en cuyos valles se encuentran las ruinas de las antiguas ciudades y poblados de la zona. El agua entre 10 y 20 ºC ha conservado sus monumentos, que pueden visitarse contratando a una compañía turística y si eres un buen buceador. Por conservarse, se conserva incluso la puerta de entrada a la ciudad, así que puedes acceder como todo un mercader de la antigüedad.

Port Royal

Ron, prostitutas y piratas eran los protagonistas de esta ciudad jamaicana durante el siglo XVII, uno de los primeros asentamientos de Colón al llegar al nuevo mundo. En su época de esplendor también acogió a un gran número de corsarios que bajo el amparo de los británicos atacaban las naves españolas y francesas. En 1692, la isla sufrió un terremoto que arrasó la ciudad. Más de 2.000 personas murieron ese día, y un número similar perecieron víctimas de las enfermedades. Un tsunami posterior la hundió bajo las aguas donde la ciudad se conserva como congelada en el tiempo. Puedes bucear por las ruinas, pero necesitas un permiso del Gobierno. También, ver objetos rescatados en el Museo de Historia y Etnografía del Instituto de Jamaica, situado en Kingston.

Kalyazin

Para ir a esta ciudad, que en 1939 contaba con la nada desdeñable población de 130.000 habitantes (todos ellos fueron relocalizados por las autoridades) tendrás que viajar a Rusia. Concretamente a las inmediaciones de la presa de Uglich, en el curso del río Volga. En esta ocasión no hará falta que bucees, eso sí: bastará con un viaje en lancha para contemplar lo que la construcción del embalse no tapó: la torre de la catedral cristiana ortodoxa de San Nicolás, que tiene construido un pequeño embarcadero desde el que suelen saltar los nadadores. Y es que el campanario se rodeó con una pequeña isla artificial para protegerlo de los efectos erosivos del agua. Pero lo mejor llega en invierno, cuando las aguas del pantano se congelan y la gente se acerca hasta allí patinando. Una experiencia curiosa que hace de este campanario sumergido uno de los más especiales del mundo.

Sant Romà del Sau y Mediano

Nos vamos a Cataluña, donde se encuentra el pantano del Sau, construido en 1962. Bajo él se halla sumergida Sant Romà del Sau, población de la que todavía podemos ver la torre de una iglesia románica del siglo XI. Que no te extrañe si cerca hay alguien practicando piragüismo, ya que el pantano tiene nada menos que 17 kilómetros de largo. En época de sequía, cuando el nivel del pantano baja, se puede ver la iglesia al completo y es posible visitar las ruinas del pueblo, ya que queda descubierto. El entorno natural que rodea el pantano es espectacular, pues se encuentra envuelto de bosques y grandes escarpados de la sierra de las Guilleries.

En España han sido muchas las ciudades y pueblos que permanecen bajo el agua por la construcción de pantanos. Además de Sant Romà del Sau está, por ejemplo, Mediano, en la provincia de Huesca, que a diferencia de la anterior no se ve si baja el nivel. El 29 de abril de 1969 las aguas alcanzaron el pueblo cuando todavía los habitantes ocupaban sus viviendas. La iglesia, con una pequeña porción de una torre del siglo XVI, y el Esconjuradero (un elemento arquitectónico característico de la cultura y tradiciones pirenaicas) son las únicas construcciones que se mantienen en pie, pues el pueblo fue destruido en unas maniobras militares.

Vilarinho das Furnas

Vilarinho da Furna, en el municipio de Terras de Bouro, al norte de Portugal, era un antiguo pueblo que fue borrado del mapa en 1.972 por la construcción de una presa cercana. A veces, cuando el nivel del agua de la presa desciende, los fantasmales edificios del pueblo vuelven a florecer. Lo más curioso es que fueron los romanos quienes levantaron las primeras construcciones durante el siglo I. Una pequeña villa asentada a la orilla de un río que contaría con varios puentes, un entramado de casas bajas a dos alturas y dos vías principales en forma de caminos empedrados. Visitarlo es una experiencia bastante impresionante que se mezcla con la belleza paisajística del lugar, un paseo silencioso por la historia entre los restos de una antigua villa romana sumergida.

Curon Venosta

En los Alpes italianos se encuentra este increíble paisaje, un lago rodeado por montañas y, en medio de todo, una torre como de cuento de hadas. Se trata de Curon Venosta, un pueblo con centenares de casas que desapareció tras la unión de tres lagos colindantes para crear el gran lago de Resia (símbolo del Valle Venosta) poco después de que terminara la Segunda Guerra Mundial. Aun así, este campanario de la iglesia de Santa Caterina, que se remonta al siglo XIV, sobrevivió y ya forma parte de la increíble panorámica. Cuando el agua se hiela, te puedes acercar hasta él andando.

Alejandría

No, la actual sigue donde estaba. Sin embargo, si eres arqueólogo, tendrás oportunidad de bajar a la antigua Alejandría, hundida por el propio peso de los suntuosos templos y edificios que albergaba, como el imponente palacio de Cleopatra, y rescatar sus objetos. La antigua Alejandría fue víctima del llamado ‘fenómeno de liquefacción’. El lodo del Nilo está compuesto por cristales que, a su vez, contienen agua dentro. Si se ejerce una presión muy grande sobre esta superficie, los cristales se juntan y dejan escapar esa agua que, en una fracción de segundos, es evacuada provocando que la tierra pierda entre el 50 y 60% de su volumen, por lo que todo lo que esté construido sobre este suelo se vino abajo. Y cuando esos edificios son los más grandes que se construyeron nunca en Egipto, la ciudad sumergida de Alejandría está servida. Eso sí, del mítico faro, que se supone que medía 150 metros, no se ha encontrado nada.

Las ciudades perdidas de Ontario

Con este nombre se conocen varias localidades de esta provincia canadiense, que se vieron hundidas bajo las aguas por la creación de un canal marítimo en 1958. Más de 6.500 personas fueron desplazadas en nombre del progreso y las aldeas desaparecieron bajo las aguas del recién creado lago St. Lawrence, pero se mantuvieron con vida en los recuerdos de sus antiguos residentes. También se puede bucear por ellas ya que están muy cerca de la costa, y resulta curioso sumergirse por localidades con apariencia de cualquier otra ciudad del siglo XX. Algunos elementos arquitectónicos se conservaron antes de las obras y ahora están en un museo cercano.

Pavlopetri

Y terminamos regresando del siglo XX a la noche de los tiempos. Concretamente, a Grecia y al considerado el sitio arqueológico más antiguo bajo el mar. Porque Pavlopetri, en el extremo sudoriental del Peloponeso, es una ciudad con 5.000 años de existencia que tiene calles, edificios e incluso tumbas que se mantienen a 4 metros de profundidad. Se hundió por una serie de terremotos y fue descubierta en 1967 por unos investigadores del Instituto de Oceanografía de la Universidad de Cambridge. Los expertos creen que las ruinas pertenecen al período micénico (alrededor de 1680-1180 a.C.) y, como están muy cerca de la superficie, son muchas las expediciones que han descendido para explorarlas, por lo que solo tienes que ponerte el traje de buzo y lanzarte con ellos.

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Con información de Lugares abandonados, El Mundo, Web Urbanist, National Geographic y Wikipedia (1, 2, 3). Imagen de thy

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