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El texto predictivo tiene más de 50 años… ¡y esta máquina de escribir china así lo demuestra!

La historia de la mecanografía es la historia de la reducción de la complejidad lingüística a componentes o acciones fácilmente manejables y replicables. Pero ¿y si algunas cosas parecen ser irreductibles? El sistema de escritura chino es uno de esos casos. A diferencia de un alfabeto de 27 letras (como el castellano) o incluso de 84 (el siamés), la gran cantidad de caracteres ideográficos chinos no puede reducirse fácilmente a un concepto común tipificable.

Por eso las máquinas de escribir chinas no son, precisamente, como las que acostumbrábamos a utilizar en Occidente hace unas décadas. Escribir con ellas un texto cuesta una barbaridad, ya que hay que buscar entre más de 5.000 caracteres que están dispuestos del revés, colocarlos en el sitio correcto, atinar sobre ellos con una palanca… Una auténtica locura. Sin embargo, hubo quien se las apañó para crear un dispositivo que permitiera escribir más rápido prediciendo la siguiente palabra que deseaba introducir el usuario, lo mismo que hacen los teclados de los ‘smartphones’ en la actualidad. Y lo hizo de una manera bien simple.

Debido a la composición del idioma chino, con miles de complejos caracteres en lugar de un número manejable de letras como en nuestro alfabeto, el teclado tal y como lo conocemos nosotros no existía. Más bien se trataba de una especie de bandeja en la que se colocaban los caracteres sin un orden prefijado: no existe un a, b, c… como el de nuestro abecedario o un sistema QWERTY como el del teclado convencional, ya que con tanto símbolo es impracticable. En realidad, los caracteres son pequeñas cajas que se colocan a voluntad del usuario.

Normalmente, los más abundantes en la lengua están en esa bandeja principal, mientras el resto se colocan en bandejas supletorias y a mano para cambiar cuando sea necesario. Encima de la bandeja principal se coloca el rodillo con el papel y la cinta con tinta. Ahora solo hay que ir moviendo la bandeja hasta colocar cada carácter sobre la tecla que, al subir, imprime el ideograma en el papel.

Hacer todo esto no es fácil, ya que los caracteres son pequeños y, para más inri, están al revés, con el fin de que aparezcan bien impresionados en el papel. Hay que ir a paso de tortuga y con mucha pericia para confeccionar la frase. Este vídeo muestra cómo funcionaría:

Otra opción es mover el rodillo encima de los diminutos caracteres. En cualquier caso, se necesita una vista de halcón para distinguir bien los caracteres que se desean utilizar:

Por supuesto, los usuarios avispados colocaban más a mano los caracteres que creían más comunes. Los que menos, más lejos, y los ya casi improbables en las bandejas supletorias. Esta práctica fue heredada de las imprentas. Sin embargo, con ello solo conseguían teclear de 20 a 30 caracteres por minuto, muy lejos de las sesenta palabras (ojo, palabras, no letras) al minuto que una secretaria estadounidense podía hacer entonces en su oficina.

¿Y si el teclado intentara saber cuál es la palabra que va a continuación? Eso implicaba que toda una secuencia de caracteres se pudiera escribir más rápido. Eso fue lo que logró Zhang Jiying: una nueva forma de teclear en los años 50 del siglo XX.

Un año antes, en 1949, el Partido Comunista llegó al poder. Desde entonces, emprendía numerosas campañas para dar a conocer su ideario y políticas. En muchas de ellas, la labor de los mecanografistas era esencial, ya que eran los encargados de reflejar sobre el papel, con toda la rapidez posible, los discursos o panfletos en los que aparecía el mensaje que los políticos querían transmitir.

Jiying era uno de esos mecanógrafos. Mientras que sus compañeros organizaban la bandeja a su antojo, él apostó por ordenar los caracteres en grupos naturales, es decir, en las secuencias de caracteres que normalmente aparecían unidas en la lengua china. Y además, reordenaba la bandeja con cada acto o mitin, según de lo que versaran aquellos. Su intención era predecir las palabras que se usarían en ellos para ir más rápido mecanografiando.

Así, durante la guerra en Corea, los caracteres de palabras como «Estados Unidos», «resistencia», «ayuda» o «Corea» estaban muy a mano. Si el acto al que asistía versaba sobre el rendimiento de los trabajadores, las combinaciones de caracteres para mecanografiar «producción» o «trabajo» estaban listas.

El éxito del método predictivo

La noticia de que Jiying había llegado a teclear hasta 50 caracteres por minuto (un récord que llegó vivo a los ochenta) corrió como la pólvora. De él supieron las autoridades y el ‘Diario del Pueblo’, el periódico oficial del Partido Comunista, le dedicó espacio en sus páginas. Los líderes de la formación política lo vieron como un modelo de innovación y rendimiento comunistas. A su máquina de escribir le dedicaron documentales, mientras que Jiying participaba en desfiles o escribía manuales de mecanografía.

Los mecanógrafos comenzaron a implantar su método y realizaron su trabajo con mayor rapidez, ya que intuían qué palabras podían decir los líderes políticos. Con el tiempo, «lucha» o «proletariado» estaban entre las palabras más utilizadas en estos teclados predictivos y sus caracteres ocuparon posiciones más visibles.

Quizá una de las anécdota más curiosas esté relacionada con el carácter ‘mao’. Antes de la Revolución China, era un término no demasiado usado para referirse al pelo. Después, y con el ascenso de Mao Zedong al poder, los mecanografistas lo situaron en un lugar central. Igualmente, el carácter ‘mei’ debía estar muy cerca de los caracteres ‘li’ y ‘di’, ya que ambos, tras el primero, daban forma a dos palabras que se usaban mucho en la época maoísta: «meili» (hermoso) y «Meidi» (imperialista estadounidense).

Aunque las máquinas de escribir han desaparecido, los ordenadores chinos siguen basándose mucho en ese sistema predictivo que los ciudadanos llevan conociendo tantas décadas. Si bien usan un teclado similar a nuestro QWERTY, al pulsar una de estas teclas puede aparecer una pantalla con varios caracteres para elegir. Y una secuencia de teclas puede generar un carácter, como hacemos los occidentales con los procesadores de texto y algunos signos ortográficos que no están en el teclado.

Así, se podría decir que Jiying y su máquina de escribir fueron los padres del texto predictivo, ese que a nosotros nos saca de quicio en ocasiones cuando hemos olvidado desactivarlo en nuestros ‘smartphones’. Sin embargo, los chinos encontraron en él la panacea para su trabajo y su vida diaria.

Con información de Stanford News, Language Log, The Chinese Typewriter y Priceonomics. Imágenes de Ann Larie Valentine y Pixabay.

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