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De ‘Los Soprano’ a ‘Mr. Robot’: lo que la televisión nos ha enseñado sobre la salud mental

Los guionistas cada vez lo tienen más complicado para ganarse al público. Y no tanto en las películas, donde en apenas dos horas está todo el pescado vendido. El más difícil todavía ocurre ahora en las series de ficción, en las que aquellos que pergeñan las historias deben rebanarse los sesos y exprimir su creatividad para que los espectadores no abandonen mientras se suceden las temporadas. De ahí que no solo sea necesario que haya tramas llamativas e impactantes, sino también que los personajes que las protagonizan estén mucho mejor construidos, con una mayor carga emocional y psicológica para que despierten el interés en la audiencia.

A lo largo de las últimas décadas, a medida que las series televisivas iban ganando terreno al cine en los despachos de las productoras, son muchos los guionistas que han tratado de innovar prestando más atención a los personajes, creando papeles mucho más profundos y tridimensionales. Esto, de una u otra forma, ha permitido a quienes nos sentamos delante de la pantalla recibir unas interesantes lecciones de salud mental y, lo que es aún más importante, aprender a tratar con naturalidad estos problemas.

Algo que durante las cinco temporadas que duró la serie ‘Los Soprano’ intentó de todos los modos y maneras su protagonista Tony Soprano, al que daba vida en la pantalla James Gandolfini. Considerada por muchos como una de las mejores ficciones televisivas de todos los tiempos, más allá de la acción, de ver cómo se desenvolvía la mafia de Nueva Jersey o de los problemas domésticos de un auténtico capo, las charlas de Tony con la doctora Melfi, su psiquiatra, marcaron profundamente la trama de esta serie. Durante los 86 episodios que se emitieron, más de 4.000 minutos estuvieron dedicados a estas conversaciones en la consulta de la doctora donde, con mucho reparo, el protagonista intentaba superar su depresión y sus ataques de pánico.

Una imagen cercana y real

Otra de las series que marcaron un antes y un después en la historia de la ficción fue ‘Breaking Bad’. En esta, más allá de los problemas económicos a los que se enfrenta el protagonista, Walter White (interpretado por Bryan Cranston), y del cáncer de pulmón que le diagnostican, que resulta inoperable, la trama nos muestra una clase de psicología en torno a la aceptación tanto de la enfermedad como del final de la vida. De una forma u otra, muchos de los espectadores sintieron empatía por este personaje que, para tratar de financiar su tratamiento, aprovechó sus conocimientos como profesor de química para empezar a comercializar metanfetamina. Una buena historia con un mejor personaje, la fórmula perfecta para una serie con éxito.

Algo similar ocurrió en su día con Dexter. Más allá de la esquizofrenia o psicopatía que podía padecer este agente de la policía forense de Miami o de cómo canalizaba sus obsesiones homicidas acabando con los criminales que encontraba en su trabajo, lo que esta trama reflejaba eran las distintas caras que todos tenemos en nuestras vidas: aquello que mostramos públicamente y aquello otro que preferimos guardar para nuestro círculo más cercano. Además, en este caso se planteaba al espectador una situación ciertamente incómoda ante la que era muy difícil posicionarse moralmente.

Otra serie que ha conseguido esto es ‘Mr. Robot’. Además de la trepidante acción que entraña la lucha de los ‘hacktivistas’ de Fsociety y el joven ingeniero informático Elliot Alderson contra un sistema que consideran corrupto, es de vital importancia la personalidad del protagonista, que en todos los episodios lucha constantemente contra su trastorno de ansiedad social, de identidad y su depresión. Por si construir un personaje así no fuera suficientemente complejo, los guionistas se encargaron de que su toma de decisiones estuviera siempre influenciada por su paranoia y sus delirios. Incluso nos hicieron partícipes de su estado mental haciendo que viéramos la trama con sus propios ojos, sin saber nunca muy bien qué es cierto y qué es fruto de su imaginación.

Cuando los personajes lo son todo

En otras tantas series, la historia y las tramas tienen un papel secundario y son los personajes que las protagonizan quienes llevan todo el peso. Esto ocurre, por ejemplo, en una que muchos consideran una auténtica genialidad, como es A dos metros bajo tierra. Esta ficción cuenta durante cinco temporadas la vida de la familia Fisher, que regenta una funeraria en la ciudad de Los Ángeles. Alan Ball, su creador, consiguió convertir la serie en una de las más populares de todos los tiempos, con un capítulo final que dejó a toda la audiencia perpleja. Todo ello gracias a que los espectadores lograron identificarse con las psicologías que presentaban los miembros de esta familia, que durante toda la trama nos mostraban cómo intentaban buscar su yo verdadero y su lugar en el mundo.

Algo similar ocurre con series como ‘My Mad Fat Diary’, donde la vuelta a la realidad de Rae tras salir de un hospital psiquiátrico se trata con tanto realismo y veracidad que resulta imposible no conectar con los personajes y dejar a un lado la trama. En esta serie se tratan problemas como la depresión y los trastornos alimenticios, menos recurrentes en la ficción que, por ejemplo, la bipolaridad. Esta suele ser una enfermedad bastante usual en las series, como nos demuestran no solo ‘Homeland’, en la que Carri Matheson padece este trastorno, sino otra como ‘Lady Dinamite’, en la que Maria Bamford trata de aceptar este trastorno que se aborda, con mucho tino, desde la comedia.

En definitiva, series que han tenido un enorme éxito y que tienen la salud mental como un elemento indispensable de sus tramas. Una buena forma no solo de que la audiencia conozca estos trastornos, sino también de que la sociedad en general aprenda a convivir con ellos y, en los casos en los que sea necesario, a buscar la ayuda profesional para seguir adelante.  

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Con información de IMDB, Psicologia y Mente, El Confidencial y Fundacion Manantial

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