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La revolución del transporte: las nuevas formas de viajar que están a punto de llegar

Con motivo del Día sin Coches, muchas de las grandes ciudades del Viejo Continente se vuelcan con todo tipo de actividades y planes en pos de una movilidad sostenible. No es para menos: el fin de la energía fósil está a la vuelta de la esquina (los expertos señalan la fecha del 2050) y para entonces los coches con motor de gasolina serán historia. Por ello, la revolución del transporte ya ha empezado a mostrar sus brotes, con una mayor presencia de vehículos eléctricos en las urbes: coches, motos, bicicletas e incluso patinetes. Pero este nuevo paradigma urbano solo es la punta del iceberg de lo que está por venir: vehículos automáticos y compartidos, aerotaxis, aviones supersónicos e ‘hyperloops’. Una tormenta perfecta de proyectos, ya en marcha, que cambiarán para siempre nuestra forma de movernos por el mundo.

El declive del coche particular en 2030

Los analistas de Crédit Suisse apuntan a que a partir del 2030 la venta de coches nuevos caerá en picado. El detonante serán los vehículos de conducción autónoma, que a su vez fomentarán el crecimiento del ‘car-sharing’, la opción de compartir coche, una combinación perfecta que podría acabar con el uso del coche privado. Se prevé que uno de cada cinco coches sea 100% autónomo, sin conductor, en 2030. Un porcentaje que podría ser mayor si la legislación cambia y permite el uso de estos sin carnet de conducir.

Nos hallamos, por lo tanto, en una época de profundos cambios en la forma en la que nos desplazamos dentro de las ciudades. La llegada de los motores eléctricos no solo es una buena noticia en términos de salud y medioambiente, sino que también estaría ayudando a reducir el número de coche particulares. Además del transporte público, los usuarios hoy pueden contar con coches, motos, bicicletas y ahora patinetes eléctricos por toda la ciudad para moverse de un lado a otro sin tener que recurrir a un vehículo particular y sus respectivos costes de mantenimiento, aparcamiento, etcétera.

No obstante, el futuro inmediato del transporte público pasa por su pequeña revolución, la de las redes de transporte de intermediarios. Algo así como reunir en una sola plataforma todas las opciones de transporte de una ciudad (autobuses, bicicletas, trenes, taxis…) para que los ciudadanos puedan acceder a ellas pagando una tarifa plana. Aunque de momento no existen aplicaciones que te permitan pagar el abono del metro, un coche de alquiler y una bicicleta eléctrica a la vez, muchos inversores se están moviendo hacia este tipo de ‘apps’, como pueden ser Moovel en Estados Unidos o Skedgo en Australia.

¿Cómo cambiará el paisaje urbano con los coches autónomos?

Pero de cara al 2030, el fenómeno que está llamado a poner en jaque al coche particular es el transporte robotizado, sin conductor. La movilidad de las ciudades modernas ha sido insostenible en los últimos años por el uso masivo del coche privado, lo que además de contaminar provocaba enormes congestiones. Desde los inicios del proyecto ‘Google Self-Driving Car’ hace casi una década, los defensores de la conducción autónoma promocionaban el potencial de esta tecnología para reducir las muertes por tráfico, hacer que los desplazamientos fueran menos estresantes, junto con su capacidad para rehacer los paisajes urbanos.

Alphabet’s Sidewalk Labs anunció sus planes en octubre del año pasado para un ambicioso proyecto de reurbanización en Toronto que incorporará robots Waymo, unos ‘robotaxis’ diseñados por Google. El vehículo autónomo obliga a transformar un paisaje urbano plagado de lúgubres aparcamientos por unos espacios dinámicos en los que se contemplen grandes zonas de recogida y entrega de pasajeros. La idea es que estas áreas se encuentren en el interior de los edificios, a modo de ‘gran hall’, en lugar de en la calle. A su vez, el concepto permite replantear el espacio público que hoy está reservado para coches y que arquitectos, diseñadores y urbanistas recuperen gran parte de las calles de nuestra ciudad, hoy dedicadas al estacionamiento.

Taxis voladores, una realidad cercana

Los vehículos voladores siempre han formado parte del imaginario colectivo de los fans de la ciencia ficción más futurista y, sin embargo, se trata de una tecnología que ya existe físicamente. Dubai comenzó a probar taxis eléctricos, similares a drones gigantes, en septiembre de 2017. Los ‘Volocopters’ están diseñados para realizar vuelos de 30 minutos desde y hacia ‘voloports’, que son básicamente estaciones de aterrizaje y despegue para los taxis voladores. Pero, a pesar de las pruebas, los expertos están de acuerdo en que de momento estos ‘volocopters’ no son viables comercialmente, al menos en este 2019.

En esto, Uber tampoco ha querido quedarse fuera de la foto y desde 2016 trabaja en un proyecto llamado ‘Uber Elevate’, que propone organizar un servicio de taxis voladores por todo el mundo. El objetivo de la empresa es empezar con el programa piloto en 2020 y con las operaciones comerciales en 2023, utilizando una flota de taxis drones que puedan despegar y aterrizar verticalmente y desplazarse rápido horizontalmente. Al igual que ocurre con los taxis terrestres, estos Uber aéreos podrán contratarse desde una ‘app’.

En Alemania, un proyecto conjunto de Audi y Airbus, respaldado por el gobierno alemán, está desarrollando su propia flota de taxis voladores, con la ciudad bávara de Ingolstadt como campo de pruebas. Nueva Zelanda también se ha sumado a la carrera a través de la compañía Kitty Hawk, quien está desarrollando un vehículo volador totalmente eléctrico, autónomo y que, al igual que el prototipo de Uber, despega y aterriza verticalmente, lo que tiene mucho potencial para la configuración de espacio de las ciudades contemporáneas. Aunque se trata de una tecnología existente, su comercialización depende de grandes cambios regulatorios en el espacio aéreo que indican que el proceso va a ser lento en la mayor parte de los países del mundo donde se están realizando la pruebas.

Del ‘Hyperloop’ a los vuelos utrasónicos

El transporte entre ciudades también sufrirá una transformación importante durante la próxima década. Una de las joyas futuristas ideadas por Elon Musk, fundador de Tesla, que más cerca está de convertirse en una realidad es el ‘Hyperloop’. Se trata de un nuevo tren que se desplaza dos o tres veces más rápido que los trenes más veloces de la actualidad a través de un tubo de baja presión. El vehículo flota sobre la pista dentro de los tubos gracias a la levitación magnética y se desliza a velocidades muy altas gracias a una resistencia aerodinámica ultrabaja. Se trata de un transporte ecológico ya que su motor es de propulsión eléctrica, evitando emisiones y no haciendo ningún ruido, aunque tampoco importaría, porque funciona bajo tierra.

El proyecto se finalizará, según las previsiones de una de las empresas que han recogido el guante de Musk, a mediados de 2020, en Abu Dhabi, y España albergará un centro de desarrollo del Hyperloop en Málaga, por lo que puede que pronto veamos algún proyecto en territorio ibérico. Todo dependerá de las facilidades que den las administraciones para implantar una tecnología que ya ha sido testada con éxito. Al igual que ocurre con los aviones ultrasónicos, los cuales fueron desarrollados hace más de un década pero a su vez retirados del espacio aéreo comercial por su alta contaminación acústica, al realizar explosiones sónicas cuando rompían la barrera del sonido.

Precisamente, hoy los aviones supersónicos vuelven a estar sobre la mesa con tres firmas aeroespaciales estadounidenses importantes (Boom Supersonic, Aerion Supersonic y Spike Aerospace) compitiendo por sacar un modelo de avión supersónico silencioso. Todos planean tener su aeronave en servicio regular para 2025, con vuelos que superen los 1.225 km/h. Sin embargo la normativa medioambiental internacional es clara, por lo que veremos cuál es el resultado de esta pugna entre legislación y tecnología. Porque sin duda es la última barrera a superar para unos sistemas de transporte que ya existen hoy y nos hacen soñar con unas ciudades del mañana más confortables.


Con información de Forbes, The Verge, Xataka, Futurism y DW. Imágenes de Uber, Pixabay (2 y 5), Airbus y Virgin

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