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Las respuestas más locas que un profesor ha tenido que leer en los exámenes

Ser estudiante no es tarea fácil. Todos hemos pasado, y algunos todavía lo estarán haciendo, algunos buenos ratos en las aulas. Y a lo largo de los muchos años de estudio, seguramente, habremos metido la pata hasta el fondo en algún que otro examen, con respuestas absolutamente inventadas o inesperadas, intentando salir del paso ante preguntas cuyo objetivo era evaluar si de verdad aprendimos o no lo que el profesor trataba de enseñarnos.

Una buena prueba de este tipo de respuestas, más imaginativas que certeras, nos la ofrece un nuevo libro escrito por Miguel Sandín, un profesor de Filosofía que tras 30 años dando clases ha decidido mostrar al mundo uno de los aspectos más desconocidos, a la par que divertidos, de ser docente en las aulas. En su libro ‘El Lazarillo de Torpes’, encontramos una larga muestra de grandes contestaciones en exámenes que, sin duda alguna, nos harán reír.

A grandes preguntas, grandes respuestas

Hay un poco de todo entre las respuestas totalmente reales, escritas o pronunciadas por sus propios alumnos, que Sandín incluye en su libro. Por ejemplo, la de algún pupilo despistado que, o bien confundió el significado de las siglas a.C., o bien tenía un conocimiento sorprendentemente preciso de la producción agrícola de nuestros antepasados prehistóricos. “En el Neolítico se realizaban los primeros 8.000 cultivos antes de Cristo”, aventuraba este muchacho o muchacha con pasión por los números redondos.

En otros casos, los chavales se limitan a tirar de sentido común y describir lo que contemplan con sus propios ojos, sea o no correcto o riguroso. Y nadie puede negar que es fácil que se te pase por la cabeza, al observar un jeroglífico, lo mismo que pensó este alumno: “En Egipto dibujaban a las personas tan inmóviles que no se sabe si tenían algún problema con algo”. Sus problemas tendrían, qué duda cabe, pero cuesta imaginar una pregunta que anduviera buscando esta respuesta.

Otras veces, seguro que sin mala intención, los chicos y chicas realizan afirmaciones un poquito insultantes, como decir que “en la Alta Edad Media los nobles eran ricos y los siervos de la gleba los pobres tontos”. Que no deja de ser verdad, en cierto modo, pero hay maneras más finas de expresarlo.

También los acontecimientos más recientes, de hace solo unos siglos, se les atragantan a los estudiantes de Sandín. Alguno cree que “Montesquieu fue el que propuso la separación de los bienes gananciales durante la independencia de los Estados Unidos”, algo que es erróneo en no pocos sentidos. Primero, porque el intelectual es francés y la revolución en que intervino, por tanto, también gala (aunque sus ideas también están presentes en el constitucionalismo al otro lado del Atlántico). Segundo, porque confunde los bienes gananciales con la separación de poderes, que es lo que de veras propuso este padre de la democracia.

Algo parecido a lo que le sucede a un estudiante que no entiende mucho de sinónimos, pues afirma que “en la pirámide social del Absolutismo la monarquía ocupa el segundo lugar después del rey, que era el principal”, al que se hace un lío con los apodos y contesta que “el rey tuvo que aceptar la Pepa, llamada así porque fue aprobada el día de San Juan” o al que dice que la Santa Inquisición también era llamada “Congregación del Santo Orificio” en vez de Santo Oficio, una denominación más recatada y acorde con el tono de la Iglesia.

Pero más gracioso es aún el resultado cuando a la confusión se suma el olvido, o incluso el disparate, como en la curiosa explicación de los acuerdos suscritos tras la Primera Guerra Mundial que dice que, “por indemnizaciones de guerra, Alemania le tuvo que dar a Francia la Lorena y otra chica que no me acuerdo”. O la físicamente imposible teoría de que “en los ‘gulags’ creados por Stalin se producían varias muertes por persona”. La tragedia ya es mayúscula tal y como la conocemos, así que no hay por qué agravarla asesinado a las personas dos veces.

Menuda barrabasada, pensará la mayoría, pero es que todavía no hemos visto lo peor que ha pasado ante los ojos de Sandín. Hay alumnos especialmente confusos que creían, y esperamos que no sigan creyendo, que “las ONG son etnias que defienden la corrupción” o que “el aborto es el tiempo que transcurre una vez embarazada desde la fecundación hasta nacer el feto”. Frases que en un examen ya tienen tela, pero que en casi cualquier otro contexto serían directamente escandalosas.

En definitiva, plantarse frente al folio en blanco es arriesgado cuando uno ha descuidado sus tareas. Sin estudiar, de ahí no puede salir nada bueno. Algunos, por fortuna, son conscientes: “La entropía es la segunda teoría del caos, que dice que todo tiende al caos. Como este examen”. Sobresaliente en sinceridad (y en cara dura).

Los inicios: ‘Antología del disparate’

Bastante antes de la publicación de ‘El Lazarillo de Torpes’, otros docentes ya se habían lanzado a difundir, sin rubor alguno, las respuestas más disparatadas que daban sus alumnos o que se encontraban por el vasto universo de internet. Es el caso de la ‘Web de José’, una página publicada hace más de veinte años por un maestro de primaria de Martorell, llamado José Gómez Gómez. Esta rudimentaria web, que haría a cualquier ‘millennial’ se llevase las manos a la cabeza, contaba como una de sus secciones estrella con ‘Antología del disparate’, donde encontramos también algunas contestaciones que sin duda hacen honor a ese nombre.

Si a cualquiera nos preguntasen qué es un polígono, seguramente no responderíamos, como cierto estudiante, que es “un hombre con muchas mujeres”, pero eso es porque tenemos clara la diferencia con polígamo. Igual que sabemos lo que es un paralelogramo, que no tiene nada que ver con el “aparato que sirve para pesar en gramos” que alguien describió en un examen, sino que se trata de una figura geométrica (concretamente un cuadrilátero cuyos pares de lados opuestos son iguales y paralelos dos a dos).

Pero estas cosas que pueden parecernos muy simples, no son tan sencillas cuando uno está en el colegio y no ha prestado toda la debida atención en clase. O lo ha intentado, pero en su cabeza las distintas lecciones se solapan, como le debió pasar al chico o chica que dijo que los movimientos del corazón son dos, “de rotación alrededor de sí mismo y de traslación alrededor del cuerpo”. Imagínate que el órgano vital diera vueltas alrededor del organismo como lo hace la Tierra alrededor del Sol. Sería fascinante.

También las matemáticas se atragantan, y a veces el problema más inocente se torna en un auténtico rompecabezas. Pregunta el profesor: “Un pintor tarda dos horas en pintar una pared y otro pintor lo hace en tres horas, ¿cuánto tardarán en pintar la pared si lo hacen los dos juntos?”. Responde el alumno: “Cinco horas”. Las sumas, por lo menos, las domina.

Y hay muchas otras cosas totalmente falsas que podemos aprender echando un ojo a las contestaciones de estos alumnos metepatas. Por ejemplo, que las partes del tronco son “ombligo, cintura y tetilla”, que el pediatra es el “médico de los pies”, que los músculos del cuello son los “electrocleidomésticos”, que el cuadro más famoso de Velázquez son “Las mellizas”, que el barroco es un “estilo de casas hechas de barro” o que la fe “es lo que nos da Dios para poder entender a los curas”.

Como los profesores nos dan conocimientos para entender la anatomía, el arte o la historia, porque, como decían las abuelas, nadie nace enseñado. Todos hemos pasado por las aulas y hemos cometido algún error en los exámenes. Y seguro que el maestro, al corregirlo, se rió. Cuando nuestros padres vieron el suspenso, a nosotros no nos hizo tanta gracia. Pero es lo que tiene el humor, que siempre llega tarde. Tragedia + tiempo = comedia. Gran lección que se aprende en la escuela de la vida.

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Con información de El Mundo, El Confidencial, Verne y La web de Jose

 

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