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Catálogo de originales remedios para combatir el calor veraniego

Si alguien albergaba la esperanza de que este año la canícula se retrasaría, o que tendría más piedad que los anteriores, a estas alturas habrá constatado que nos visita igual de implacable que las temporadas pasadas: el calor propio del verano ha tomado tanto playas y piscinas como calles y casas para producirnos algún que otro sofoco estival.

Sed insaciable, sudores, pesadez de cuerpo y un claro aplatane —no son cosas tuyas, hay estudios que demuestran que el calor reduce la agilidad mental— son algunas de las desagradables consecuencias de la subida de las temperaturas, que estos días mantienen a casi toda España por encima de los 30 grados. Pero no te desanimes. Más allá de los socorridos aires acondicionados y las migraciones masivas a la playa, existen algunos remedios tan curiosos como sencillos que pueden ayudarte a mantenerte un poco más fresco hasta que el mercurio vuelva a bajar:

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Ponle picante a la vida

Aunque podría parecer lo contrario, una forma de ayudar a tu organismo a sobrellevar el calor es introducir o aumentar la dosis de alimentos o especias picantes en tu dieta. Si lo piensas, algunos de los países más cercanos al ecuador son famosos, precisamente, por usar este tipo de aderezos. Estas sustancias tienen un efecto termorregulador, pues nos hacen sudar, pero sin elevar la temperatura del cuerpo.

En los alimentos picantes, la capsaicina, el ingrediente activo de (por ejemplo) los chiles, estimula los termorreceptores que están en la boca, lo que provoca la sudoración. Esta respuesta se llama sudoración gustativa, ya que se relaciona con el gusto y se concentra alrededor de la frente y el cuello. Es decir, el picante produce una primera sensación de calor que, gracias a la transpiración que provoca, se transforma en una bajada de la temperatura corporal y en una agradable sensación de frescor. De ahí la frase del refranero popular: “Los alimentos que calientan la boca, enfrían en cuerpo».

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Nada de duchas frías

¿Que te apetece un buen remojón con agua helada? Pues lo mejor es que cambies de idea, porque después vas a encontrarte peor. A pesar de que una ducha fría disminuye momentáneamente la temperatura de la piel, lo cierto es que contribuye a guardar el calor del interior del cuerpo, ya que provoca vasoconstricción. Al reducir el flujo de sangre en la piel, el calor del organismo no puede escapar hacia el ambiente y queda atrapado. Por eso es mucho más efectivo ducharse con agua templada.

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No te obsesiones con limpiarte el sudor

Para sacarle todo el partido a uno de los principales mecanismos de termorregulación del cuerpo, el desagradable sudor, lo mejor que puedes hacer es evitar eliminarlo de tu piel rápidamente. En lugar de empaparlo con alguna prenda o un pañuelo, espera a que se evapore, así permitirás que cumpla su función: disminuir la temperatura de tu cuerpo.

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Cambia las bombillas para evitar el calor

Las bombillas de filamento de toda la vida y las halógenas, además de luz, producen grandes cantidades de calor. Por esta razón, una buena forma de evitar que la temperatura de tu casa se eleve aun más es sustituirlas por luces fluorescentes o LED. En el caso de lámparas y otros aparatos eléctricos, es conveniente, además, apagarlos y desenchufarlos siempre que no se utilicen.

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En la calle tápate

Los beduinos del desierto no van, ni mucho menos, en bañador. La razón es que utilizan la ropa para resguardarse del intenso calor. Eso sí, deben ser prendas holgadas y finas, que permitan la circulación del aire para facilitar la formación de corrientes de convección con las que expulsar el calor del cuerpo. Si son ajustadas, conseguiremos el efecto contrario, pues evitamos la transpiración de la piel. ¿Y qué color elegimos? Es cierto que los colores claros en la ropa reflejan las ondas luminosas provenientes del sol y evita que el calor se concentre en nuestras prendas. Sin embargo, una ropa oscura como la de los tuaregs ofrece mayor grado de protección contra los rayos UVA que los tejidos claros, por lo que nuestra piel también nos lo agradecerá.

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Dí adiós a las cervezas heladas

Otro hábito cuyo efecto también nos confunde es el de beber una cerveza o un tinto de verano bien fríos. Puede que, en un principio, nos resulte la mar de refrescante, pero el alcohol no contribuye precisamente a regular el calor corporal. Al contrario, lo que provoca es deshidratación, de manera que el organismo necesitará más agua para mantenerse en plenas condiciones cuando las temperaturas suben.

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Enfúndate unos calcetines húmedos

Cuando el calor aprieta, no solo lo pasamos mal en la calle. Las noches en casa pueden convertirse en una auténtica pesadilla y dormir en toda una hazaña. Una forma de ayudarte en la tarea es ponerte unos calcetines húmedos —asegúrate de escurrirlos bien— en los pies que te permitan sentirte fresco, al menos, mientras consigues conciliar el sueño.

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Las sábanas, a la nevera

Otro de los trucos a los que puedes recurrir para combatir el calor antes de irte a dormir es enfriar bien la ropa de cama. Una alternativa para conseguirlo es introducirla durante unos minutos en la nevera dentro de una bolsa de plástico para que esté fresca cuando te acuestes, siempre cerciorándote de que el envoltorio está bien cerrado para que no te cubras con la tela húmeda. Por desgracia, la agradable sensación no va a durar toda la noche, pero al menos sí lo suficiente para que consigas quedarte dormido. También puede ayudarte utilizar sábanas de algodón, que transpiran mejor, y dejar los pies fuera.

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Una toalla de cortina

Aparte de instalar máquinas de aire acondicionado o ventiladores, una buena forma de reducir la temperatura de las habitaciones de tu hogar es emplear toallas húmedas: colocándolas en las ventanas a modo de cortinas lograremos que el aire caliente provoque la evaporación del agua en el tejido y disminuya así la temperatura de la corriente que entra en casa. Puedes hacerlo un par de veces al día para asegurarte de que las estancias se mantienen en condiciones agradables (o, al menos, soportables).

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Mantén a raya a las grasas y proteínas

Como en muchos otros ámbitos de la vida, la alimentación es clave para la regulación de la temperatura corporal. En este sentido, lo ideal es que evites comer alimentos muy grasos y demasiadas proteínas.

Por una parte, cuando el cuerpo no tiene la hidratación suficiente, disminuye su capacidad para excretar los productos de la digestión de las comidas ricas en lípidos, por lo que el organismo los dirige a la piel, haciéndote sudar más y perder aún más agua. Por otra, procesar las proteínas genera calor metabólico, que contribuye a aumentar la temperatura corporal.

Además de estos remedios, seguro que se te ocurren otros más conocidos que nos permiten sobrellevar el calor estival, como beber mucha agua o evitar salir a la calle durante las horas centrales del día. De todas formas, tampoco hace falta que te tomes todas estas recomendaciones a rajatabla: ¿a quién no le apetece de vez en cuando un buen chapuzón en una piscina de agua fría o salir a la calle ligerito de ropa?

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Con información de Elpaís.com, Lifehacker.com, Economic Times, The Conversation y 20minutos.es. Las imágenes son propiedad de Bark, Cattan2011, Viditu, Rawpixel.com, Visualhunt (1, 2, 3, 4), rinse, Bennilover y Alpha.

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