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“Por qué el espacio huele a barbacoa” y otras preguntas que solo un astronauta puede responder

Hay unas personas muy privilegiadas, apenas unos centenares en toda la historia, que pueden decirnos qué es eso de pasar unos días o meses en el espacio exterior. Hablamos de los astronautas, cuyo trabajo ha servido para responder nuestras dudas sobre lo que hay más allá de la Tierra. Pero también ha servido para el salseo: ¿te puedes traer un trozo de nave en el bolsillo al regresar a casa? ¿Qué pasa si alguno de tus compañeros se pone malo tan lejos de un hospital?

El astronauta británico Tim Peake estuvo medio año en la Estación Espacial Internacional (EEI) y, cuando volvió a la Tierra, contestó todo tipo de preguntas variopintas que le llegaron a través de internet, junto a otras de su cosecha. De ahí salió el libro ‘Por qué el espacio huele a barbacoa’ (editorial Planeta), que se acaba de publicar en España. Y como no queremos que te queden las mismas dudas que a los internautas de Peake, aquí va un listado con diez de las más sorprendentes.

“¿Cuánto tiempo pasáis los astronautas en cuarentena antes del lanzamiento? ¿Podéis recibir visitas?”

Unas dos semanas, de acuerdo a Peake. El objetivo es que los astronautas estén en perfectas condiciones y no tengan virus ni infecciones en la EEI. En cuanto a las visitas, los médicos impusieron un régimen estricto cara a cara para unos pocos familiares inmediatos, que tenían que someterse a un chequeo antes de cada encuentro. Una excepción fueron los menores de doce años, “que tienen tendencia a ser bombas biológicas con patas”: sus dos hijos pequeños “no entendían por qué tenían que ver a su padre sentado tras un gran panel de vidrio”.

“¿Qué idiomas se requieren para ser astronauta?”

Los idiomas oficiales de la EEI son el ruso y el inglés. Sin embargo, existe un rusinglés, un término acuñado en broma por los propios astronautas, ya que, cuando no saben cómo se dice un término en un idioma, usan el otro. Chistes aparte, es necesario tener un buen conocimiento de la lengua de Tolstói, ya que toda la documentación de la nave Soyuz está en esa lengua, sin traducción.

“¿Qué materias se estudian durante la preparación de una misión?”

Peake dice que “sería más fácil responder a esta pregunta indicando qué materias no se estudian”. Entre lo que tienen que empollar, está el manejo del brazo robótico para ‘agarrar’ vehículos de visita o nociones para enfrentarse a las situaciones de emergencia. También, el manejo de material de laboratorio y “entrenamiento para la supervivencia”, una materia de la que no da más detalles.

“¿Qué sucede si alguien enferma o se lesiona en el espacio?”

Peake explica que los astronautas tienen nociones de primeros auxilios, pero además, hay al menos dos especialistas médicos a bordo para operaciones básicas, como suturar, y, atención, ejercer de dentistas, extrayendo o empastando muelas. En el botiquín hay analgésicos, antibióticos, anestesia local… Si la cosa fuera más grave (por ejemplo, una apendicitis), habría que evaluar un viaje de emergencia a la Tierra. En la EEI, la Soyuz sirve de “bote salvavidas”, en palabras de Peake. Eso sí, el viaje de vuelta es “agotador incluso para una persona sana, así que no quiero imaginar lo que sería para alguien al borde de una peritonitis… Pero al menos existe la posibilidad de regresar”.

“¿De dónde obtiene el agua la estación espacial?”

De acuerdo a Peake, el 70-80 % del agua es reciclada: orina, sudor y humedad que exhalan. Lo consiguen gracias a “una instalación para el tratamiento” que filtra impurezas, elimina contaminantes y produce agua potable “más limpia que la mayoría de la que bebemos en la Tierra”. También, la reciben de las naves espaciales de cargamento que llegan de vez en cuando.

“¿Cómo pasabas los fines de semana?”

Pues de una manera que se podría parecer a la terrestre. Los sábados por la mañana limpiaban la EEI con un aspirador, porque “se acumula mucho polvo en los filtros de los conductos de retorno de aire”, y con toallitas desinfectantes para los paneles, asideros… Los sábados por la tarde, él los dedicaba a proyectos educativos: grabar mensajes, revisar experimentos de estudiantes, participar en emisoras de radioaficionados… Los domingos era el día en el que podían llamar por videoconferencia a la familia. Además de eso, quedaba algo de tiempo libre para hacer fotos.

“¿Qué es lo más desagradable de vivir en el espacio?”

No todo son exploraciones fascinantes, a lugares a los que solo llegan unas personas privilegiadas. Para Peake, lo peor era “ver cómo las plantas de los pies se te desintegran durante el primer par de meses”, debido a que apenas usan la planta ni apoyan peso en ellas. “Se vuelven lisas y suaves, como las de un recién nacido”, y tras seis meses “es como hacerse la mejor pedicura imaginable”. Sin embargo, la piel dura y muerta de las plantas también se desprende; así, al cabo de unas semanas, hay que quitarse los calcetines con cuidado para que las escamas no terminen por todas partes.

“¿Cómo te lavabas la ropa en el espacio?”

Ya que hay poca agua en la estación espacial, llevaban durante varios días la misma ropa y luego la cambiaban por otra. Pero que nadie tache a él y a sus compañeros de guarros: ya que la temperatura está controlada, la ropa no se ensucia tanto, mientras que los calcetines y la ropa para hacer ejercicio están confeccionados con materiales antibacterianos. Para que te hagas una ida, la ropa interior se cambia cada dos o tres días; la camiseta y los calcetines, cada semana, y los pantalones largos o cortos cada mes, de acuerdo al astronauta británico. “Cuando se hace ejercicio una o dos horas al día se agradece estrenar muda limpia el fin de semana”.

“¿Trajiste algún recuerdo del espacio?”

La misión ha terminado, ha dado para un buen número de curiosidades… Pero, ¿nos podemos traer algún ‘souvenir’ del espacio? Sí y no. Desde luego no te puedes traer elementos de la EEI que son importantes para misiones futuras (pues es muy caro transportarlos hasta allí). Pero a él le dejaron guardar los cubiertos que usó, la bandera británica de su traje (que entregó a la reina Isabel II)… y una moneda rusa: al parecer, “da buena suerte llevar una moneda chafada por el tren que arrastra tu cohete hasta la plataforma de lanzamiento”.

“¿El espacio huele?”

Y terminamos con la pregunta que da título al libro y que seguro tendrá a más de una persona en ascuas. Sí, el espacio huele, pero Peake dice que es difícil describir a qué. Al regresar al interior de la EEI tras un paseo espacial se notaba un aroma muy misterioso, que para los astronautas oscila entre el bistec a la plancha y el olor a barbacoa, pasando por gases de soldadura y metal caliente. De acuerdo a Peake, lo más probable es que ese olor sea ozono. No el ozono que cubre la Tierra, sino uno que se crea al combinarse moléculas de oxígeno cuando la esclusa de aire está expuesta al vacío.

Muchas preguntas, divertidas e ilustrativas, de una profesión de riesgo. Gracias a personas como Peake, la ciencia está más cerca del común de los mortales. Ahora solo queda que en el futuro él y sus compañeros nos sigan respondiendo a todos los interrogantes.


Con información de ‘Por qué el espacio huele a barbacoa’. Imágenes de Tim Peake (1, 2), Pixabay (1, 2, 3) y Pexels (1, 2).

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