Logo Vodafone
  • Cooking Ideas
  • ¿Por qué no tratar las plantas de aguas residuales como parques acuáticos?

Compartir en:

¿Por qué no tratar las plantas de aguas residuales como parques acuáticos?

Al igual que el hit de los Toreros Muertos «Mi agüita amarilla» entró, allá por 1986, fácilmente por los oídos de los oyentes gracias a ofrecer cercanía y diversión, el verdadero ciclo de las aguas residuales, desde que tiramos de la cadena hasta que nos llenamos el vaso con agua fresca, es considerado un tema tabú que no debe mostrarse a los ciudadanos, más allá de los libros docentes o de las visitas esporádicas de grupos de estudiantes hidrólogos.

Por eso los centros de tratamiento de aguas residuales son como pequeñas bases secretas fuertemente valladas, donde los depósitos de frío hormigón y las tuberías industriales hacen fuerte la creencia de que lo que se trata allí es poco menos que radiactivo (un ejemplo madrileño).

Y eso que no es demasiado difícil imaginar cómo las aguas residuales pueden transformarse en agua lo suficientemente limpia para ponerla en un vaso y beberla.

Este «parque acuático» en el estado alemán de North Rhine-Westphalia, muestra el proceso de tratamiento de agua a través de una arquitectura colorida y un gran conjunto de características ecológicas y de divertimento. Todo con la idea de apaciguar los temores de los consumidores acerca de las aguas residuales, desnudando el proceso de tratamiento para convertirlo en motivo de exhibición y disfrute.

Siguiendo la máxima «si quieres empaparte de aguas residuales, lo mejor es que te sumerjas en ellas», el estudio de diseño OoZE y la arquitecta Marjetica Potrc han inaugurado un centro de abastecimiento y reciclaje sostenible que trabaja exclusivamente con el agua local existente, el del río Emscher, el del canal Rin-Herne y el agua de lluvia.

Todas las estaciones individuales, tales como pozos húmedos, las balsas de tratamiento, filtros y demás tuberías se colocan a nivel del suelo y abiertas (y no en depósitos elevados ni enterradas) para que las aguas sigan el curso comprensible de la orografía. Los visitantes pueden transitar un camino en el que pasan por distintos jardines regados con el agua obtenida, lo que demuestra que es posible recuperar y restaurar el hábitat natural utilizando procesos de baja tecnología.

Entre medias los visitantes pueden retozar en unas colchonetas inflables mientras son regados con el ya limpio cáliz de la instalación. Se termina, subiendo a una plataforma elevada por encima del dique del río Emscher, donde se contempla todo el conjunto.

Allí existe un grifo, que el usuario abrirá para llenarse un buen vaso de agua y brindar por la recuperación ecológica y sostenible del margen del Emscher, uno de los ríos más contaminados de Alemania por la actividad minera del siglo anterior.

Un perfecto ejemplo que subraya la capacidad de la naturaleza para restaurarse por si misma y el poder que generan las comunidades locales para que ésto suceda.

El grifo, para el chupito final

Fuente: Emscherkunst 2010

Compartir en: