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Quedarse pegado a un cocodrilo o tragarse un fósil: las pifias de los científicos, ilustradas

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A la hora de pensar en las cualidades de un científico solemos recurrir a su conocimiento, su tenacidad y otras grandes y casi innatas habilidades. Sin embargo, esta percepción es errónea: a veces se nos olvida que físicos, matemáticos, arqueólogos y demás, son tan humanos como nosotros y que, por tanto, también se equivocan. Ahora, un ilustrador francés pretende recordárnoslo poniéndole imagen a esas meteduras de pata jamás imaginadas.

Un buen día, el científico Trevor Valle lamió una piedrecita para discernir si era un fósil o una roca, con tan mala fortuna que se le pegó a la lengua, le dio un ataque de tos, inhaló de golpe y terminó tragándose el fósil. No menos disparatada es la historia de la investigadora Agata Staniwicz, que se quedó pegada a un cocodrilo mientras instalaba sobre él un radiotransmisor. Estos son solo algunos ejemplos de los divertidos errores que científicos de todo el mundo han compartido a través del ‘hashtag’ #fieldworkfail (“fiascos de campo”, traducido al castellano) en Twitter.

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Ahora, Jim Jourdane, un ilustrador francés que ha trabajado en la industria de la animación, ha decidido recopilar estos y otros singulares relatos en un libro de ilustraciones: ‘Fieldwork Fail: When Science Goes Messy’ (cuya traducción al castellano sería “Fiascos de Campo: Cuando la ciencia se descontrola”). En él transitamos por los errores más desternillantes y sorprendentes que nos ha regalado el mundo de la ciencia. El diseñador  indica que perseguía dos objetivos cuando se propuso elaborar su obra: que nos echemos unas cuantas carcajadas y que poco a poco empezáramos a humanizar  la ciencia.

Para ello, su obra ha quedado estructurada de la siguiente manera: bajo cada ilustración aparece el tuit lanzado por el científico. En la página contigua, el protagonista explica el contexto, su profesión y los últimos avances sobre la investigación que ocupa su tiempo.

Otra de las meteduras de pata recogidas por el libro es la singular historia de Jeff Stratford. Este investigador tuvo la genial idea de invitar a 24 niños a la liberación de un jilguero al que había llamado “Mr. Flappy”. Si bien su idea era compartir el emotivo y feliz momento con todos ellos, acabó por horrorizar a los asistentes cuando el pajarillo fue cazado por un halcón que andaba al acecho.

Jourdane quiere que todas estas divertidas anécdotas tengan el mayor alcance posible. A través de una campaña de financiación colectiva ya ha conseguido publicar la versión en inglés. Su próximo desafío, conquistar a los hispanoparlantes con una versión en castellano que verá la luz si el ‘crowdfunding’ termina con éxito.

‘Fieldwork Fail’ convierte así la ciencia en algo más cercano y humano. Hablar sobre los errores que se comenten pone la profesión al alcance de todos, y desmitifica el trabajo de los protagonistas. Y es que resulta bastante llamativo que, a pesar de que las profesiones relacionadas con la ciencia suelen estar bastante valoradas por la sociedad, a la hora de lanzarse a la piscina, muchos se lo piensan dos veces. Una de las razones que explica el porqué de esta falta de vocación es que, desde niños, crecemos con la idea de que es un trabajo para mentes brillantes. Y que la nuestra puede que no sea para tanto.

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Es entendible no obstante, que nos cueste imaginarnos a nosotros mismos como científicos. A fin de cuentas,  los grandes logros de la ciencia reciben mucha más atención que los experimentos fallidos, por lo que es fácil que acabemos creyendo que son personas perfectas que nunca se equivocan.

Sin embargo, lo hacen, y con bastante más frecuencia de la que creemos, como demuestra el libro de Jourdane. Por otra parte, acercarnos a los problemas a los que se enfrentan durante sus investigaciones puede ayudarnos a sentirnos más motivados para estudiar y aprender ciencia. Para corroborar la teoría, investigadores de la Universidad de Washington realizaron una intervención en un instituto para que los alumnos se enfrentaran a las ideas que tienen sobre los científicos.

Para ello, les expusieron 3 tipos de historias sobre los científicos: de desafío intelectual (mostrando cómo científicos habían cometido errores cuando tratan de resolver problemas y, sobre todo, cómo aprendían de los contratiempos), desafíos vitales (científicos que sufrieron en su vida por falta de dinero, apoyo, material y cómo aun así salieron adelante) e historias de logros superados (sobre cómo hicieron grandes descubrimientos sin mención alguna a los desafíos a los que se enfrentaron).

Los investigadores descubrieron que aquellos alumnos que habían escuchado las historias en las que aparecía un desafío mejoraron su actividad científica, un efecto que se notaba sobre todo entre los estudiantes con perfiles académicos más bajos. También, quienes leyeron estas historias aseguraron sentirse más conectados personalmente con los científicos que los que leyeron historias sin mención a fracasos.

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Muchos de los estudiantes, y muchos de nosotros también, solemos ver en la habilidad científica una característica fija, que más tiene que ver con nuestras dotes innatas que con el esfuerzo. En palabras de los propios investigadores “cuando los estudiantes se enfrentan a desafíos en sus clases de ciencia, a veces malinterpretan el problema planteado como un indicio de que no son buenos y nunca tendrán éxito”. Pero, pudiendo sentirse identificados con científicos que pasaron por esos mismos problemas tienen la oportunidad de empatizar y entender que de lo que se trata es de saber aprender de ellos.

Es esto precisamente lo que hace del libro de Jourdane algo que va más allá de la simple anécdota. A través del humor, plantea que, en realidad, equivocarse no es para tanto. Ya lo sabemos: la próxima vez que nos quedemos pegados a un cocodrilo, que no cunda el pánico. Respira, sobrevive y toma nota, que estamos a punto de aprender una gran lección.


Con información de Daily Dot, FieldWorkFail y Mind Shift . Imágenes de Jim Jourdane y Pixabay

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