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Los franceses diseñaron un París falso para evitar los bombardeos durante la I Guerra Mundial

De la primera y segunda guerra mundiales nos han llegado montones de ejemplos de que no todas las ideas llegan a buen puerto. Sobre todo cuando son nacidas de delirantes fantasías. Como esta, posiblemente uno de los mayores fiascos conocidos en un intento de innovar el noble arte del camuflaje, un ejemplo más insólito incluso que la conocida táctica del tanque inflable.

Lo saben bien los franceses, que terminando la Gran Guerra decidieron diseñar y construir una ampliación ‘falsa’ de París, al este del París real, para engañar a los bombarderos de la aviación alemana. El proyecto se aprobó y hasta comenzó a construirse. Una ciudad de mentira repleta de vías de ferrocarril, luces, tendidos electricos y hasta fábricas de pega con el objetivo de servir de sacrificio a la artillería alemana y salvar a la urbe real. ¿Funcionó?

Nunca lo sabremos, pues el recién comenzado proyecto se canceló con el fin de la guerra, en noviembre de 1918.

Una línea férrea de pega

Como si de un parque temático se tratara, este París falso fue pensado para engañar a la rudimentaria aviación de la época, limitada casi exclusivamente a labores de reconocimiento, especialmente de noche, cuando los pilotos debían orientarse sólo por las luces urbanas para seleccionar objetivos. Este Paris 2, que se bautizó como Sham-Paris, estaba ideado para encenderse como una feria para poder despistar a estos aviones.

Por aquella época, los bombardeos consistían en aeroplanos de observación a los que se acoplaban explosivos de escasa potencia (por lo menos en términos de los de ahora) a las alas. El piloto decidía a ojo el lugar idóneo para soltar la letal carga y volvía a la base, causando un daño bastante limitado.

El París falso habría sido una gran idea si la industria aeronáutica se hubiera congelado en 1918. Por desgracia, para la siguiente guerra mundial los bombarderos ya no eran esos prototipos de juguete de tiempo atrás, siendo sustituidos por unos primos lejanos capaces de arrasar ciudades enteras. Además, la invención y desarrollo del Radar en el 37 dio al traste de engañar a nadie con un decorado nocturno de parque de atracciones.

No obstante, de no haberse llegado a tal nivel tecnológico, la iniciativa francesa también se adivinaba destinada al fracaso. ¿Cuánto tiempo puedes ocultar al mundo una ciudad entera de mentira?

El funesto proyecto fue revelado dos años después de ser clausurado por la revista británica The Illustrated London News, que recogía las ilustraciones que estáis viendo ahora (click para agrandar).

Actualmente, el crecimiento de la verdadera ciudad ocupa aquel terreno donde un día se emplazó su hermana de lona y bombillas, de la que ya no queda ningún vestigio salvo estas fotografías. La localización exacta, la podéis ver aquí.

Una lona luminosa, tratando de imitar una estación de ferrocarril

Las fotografías y la historia a cargo de longstreet.typepad.com

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