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Láser y mucha agua: la nueva receta para lograr ver los olores

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Las fronteras entre los sentidos se diluyen a un ritmo vertiginoso. Por ejemplo, cada vez son más los chefs que se empeñan en convencernos de que la gastronomía no es solo cosa del paladar y que sentidos como el olfato o el tacto juegan un papel clave. No hay más que ver cómo nos puede seducir el sonido de una bolsa de patatas medio vacía. O el caso del artista Jerobeam Fenderson, que se había propuesto convertir los sonidos en los colores de su paleta para dibujar utilizando la música como pincel. Siguiendo esta tendencia, un grupo de investigadores quiere ahora mostrarnos el aspecto de los olores.

Un equipo capitaneado por John P. Crimaldi, del departamento de mecánica de fluidos ambientales de la University of Colorado Boulder, se ha embarcado en un proyecto que trata de comprender en profundidad cómo funciona nuestro sentido del olfato, uno de los menos documentados hasta la fecha.

Una de las primeras pruebas que han llevado a cabo ha sido tratar de ver con sus propios ojos el aspecto que tienen ciertas fragancias. Para ello, ha vertido casi 19.000 litros de agua en un tanque de 15 metros de largo y, gracias a un producto químico y a láseres de gran potencia, han conseguido poner a la vista lo que hasta ahora solo era capaz de captar nuestra nariz. “Somos capaces de ver con nuestros propios ojos algo que normalmente es invisible”, asegura Crimaldi.

Como él mismo explica, los olores no son más que diminutas moléculas químicas que viajan a través del aire hasta que tropiezan con las neuronas olfativas que se encuentran en nuestras napias. Ahora, lo que ellos han hecho ha sido trasladar ese proceso al fondo del agua, para así poder examinar y entender la física y la arquitectura de los aromas. De esta forma, los olores se ven como si de humo se tratase. Cuando los investigadores accionan un mecanismo que han creado que simula las inhalaciones y exhalaciones humanas, los aromas se desplazan de un lado para otro como si fueran filamentos.

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Pero las metas del proyecto Cracking the Olfactory Code (COC), algo así como ‘Descifrando el código olfativo’, van mucho más allá de la observación de la forma de los olores. Como parte de la iniciativa BRAIN, puesta en marcha el Gobierno de Estados Unidos en 2013 para tratar de entender el funcionamiento del cerebro, este grupo de expertos trata de entender la forma en que nuestro organismo reacciona a los olores y las respuestas neuronales que se producen.

Todo parte de la idea de que son muchos los animales que, de no contar con su olfato, estarían perdidos. Por el contrario, para el ser humano este sentido no ha tenido tanto valor a lo largo de la historia. Lo cual no quiere decir que no pueda jugar un papel determinante en muchos casos. “No sabemos cómo construir un robot capaz de encontrar una fuga de gas, pero si dejas una pieza de fruta sobre la mesa, las moscas van a estar allí por la mañana”, apunta Katherine Nagel, neurocientífica de la Escuela Universitaria de Medicina de Nueva York que también forma parte del equipo que está llevando a cabo este proyecto.

Por esto mismo, entre los propósitos de este proyecto se encuentra crear un ‘smellbot’, una máquina capaz de reconocer los olores. De ahí que el primer paso haya sido crear una representación visual de los mismos, pues aún no tienen del todo claro cómo conseguir que una máquina diferencie entre una u otra fragancia. “Es posible que no tenga que hacerlo de la misma forma que lo hace nuestro cerebro, o de la misma forma que lo hace el cerebro de una rata o una mosca”, aclara Crimaldi.

Son muchos los investigadores y las compañías que tratan de desarrollar la forma más eficaz para que un robot sea capaz de detectar las fragancias y, con ella, hallar las numerosas aplicaciones que esto podría tener. Desde la identificación de posibles sujetos peligrosos en los aeropuertos (a través de su olor corporal), hasta comprobar si un camión traslada sustancias explosivas ocultas o, como ha hecho un equipo español, detectar ciertas enfermedades a través del aliento del paciente. No obstante, el mundo de la tecnología aún tiene que desentrañar ciertos misterios que esconde el sentido del olfato hasta lograr diseñar un mecanismo capaz de cumplir la misma función que desempeña nuestra nariz.

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Pero más allá de esto, cabe preguntarse si, gracias al nuevo sistema que nos permite contemplar los olores, podremos saber si un olor fétido tiene una forma grotesca: ¿Cómo será la representación ante nuestros ojos de un apestoso pedo? Si ya el hedor que desprende podría provocar nauseas a más de uno, mejor ni pensar cómo sería si lo tuviéramos a la vista. O, quién sabe, quizá su aspecto no sea tan desagradable. Viendo la vertiginosa velocidad a la que avanza la ciencia, seguro que más pronto que tarde salimos de dudas a este respecto.

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Con información de Boston Globe, Scientific American, Hoja de Router y Mentalfloss. Las imágenes de este artículo son propiedad de Youtube y Kai Schreiber

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