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Derribando mitos: 3. Los alimentos biológicos son más sanos


De un tiempo a esta parte proliferan en Madrid y supongo que en otras ciudades los llamados grupos de consumo ecológico. Se trata de voluntariosos grupos de consumidores que adquieren productos de agricultura ecológica directamente al productor y sin otra red de distribución que una furgoneta y un local en el que reunirse y repartir la cesta, siempre integrada por verduras y frutas de temporada. También se vive un boom en la venta de productos ecológicos por Internet, de productor a consumidor.
Sobra los motivos para participar consumir productos ecológicos. En primer lugar, se trata de un acto político, una forma de soslayar la agricultura industrial, en la que el agricultor se ha convertido en mero proveedor de una gigantesca red de distribución y los vegetales en un ítem más, convenientemente plastificado, para nutrir los anaqueles del hipermercado. Todo ello, con los efectos colaterales en el medio ambiente de todos algunos conocidos.
El segundo motivo es el sabor, como he podido comprobar en mis propias papilas. El mismo sistema de producción/distribución que describo alimenta muchas más bocas por mucho menos dinero (pronto dedicaré un artículo a los injustamente vilipendiados transgénicos) pero a un precio muy alto: las verduras de invernadero no saben a nada. Literalmente.
Pero el tercero que suelen alegar los integrantes de los grupos de consumo no es cierto: los alimentos biológicos no son más sanos que los no biológicos. Así concluye un estudio de la Agencia Francesa de Seguridad Alimentaria (AFSSA), que publica The Journal of Nutrition, después de revisar más de 100 artículos publicados desde 2003. Aunque en los productos “convencionales” se encontraron, como es lógico, restos de pesticidas éstos sólo superaron los niveles máximos de residuos (100 veces menores que el umbral de toxicidad) en un 8% de los casos.
Además, según el responsable del meta-estudio León Guéguen, “productos utilizados en la agricultura ecológica como el cobre, el azufre o el aceite de neem, que la gente cree que son inocuos por el hecho de ser naturales, pueden ser más tóxicos que algunas moléculas sintéticas”.
Probablemente los dos primeros motivos señalados en el artículo pesen más que el tercero en la decisión de comer ecológico. Especialmente teniendo en cuenta que los productos ecológicos son más caros, lo que representa un desafío por parte de los urbanitas participantes en los grupos de consumo de la visión del homo economicus tan habitual en el capitalismo. Frente a esta visión unívoca, el consumidor moral no sólo cree que otro mundo es posible sino que actúa para que así sea.  Y a veces incluso liga en su grupo de consumo, que es el cuarto y último motivo para involucrarse.
Desrribando mitos: 1. El mundo es cada vez más violento.
Derribando mitos: 2. Adicción a Internet (Eduardo Arcos)

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