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Siente la música (literalmente): un concierto táctil que se escucha con el cuerpo

Este no es un concierto de música clásica como los demás. No basta con tomar asiento y esperar a que la música comience para luego deleitarse con ella. Una vez te acomodas, empiezan a pasar cosas a tu alrededor: una caricia, un movimiento en el asiento, un trozo de tela sobre las piernas… Tal vez vaya más allá y te den un pedazo de comida, quizás comiences a oler un delicioso aroma… Bienvenido al concierto táctil de BitterSuite.

BitterSuite es una compañía creada por la compositora y artista británica Stephanie Singer. El objetivo es que la música, además de entrar por el oído, se perciba a través del resto de sentidos, para así llevar las composiciones líricas a la vida y cambiar el modo en que las escuchamos.

Para lograrlo, esta veinteañera se ha inspirado en el concepto de sinestesia, que es algo más que una figura literaria. La sinestesia es también esa extraña percepción por la que algunas personas intercambian los sentidos. Así, hay gente que asegura tener la capacidad de percibir algún olor en concreto cuando ve cierto color, o notar un sabor en la lengua cuando oye determinada palabra. La sinestesia permitiría incluso ver imágenes en su mente que otra persona no podría ver. La propia Singer recuerda que, en su infancia, cuando escuchaba música, veía “pájaros volando por la habitación, y me sorprendía descubrir que otras personas no lo hicieran”.

Así, BitterSuite propone oler, tocar y degustar la música. Ellos lo resumen en “sentir la música en tu piel, saborear las ricas armonías y oler la tonalidad”. Para ello, mientras la música suena y los oyentes tienen los ojos tapados, el equipo de BitterSuite los toca, coloca telas sobre su cuerpo o les da de comer. Las personas que se dejan hacer no saben qué van a recibir para crear unas determinadas imágenes en su mente. Singer se ha guiado por el trabajo conjunto del pintor abstracto Vasili Kandinsky, a quien le gustaba inspirarse en la música para sus cuadros. Para crear sus espectáculos, trabaja en conjunto con un chef, un diseñador de perfumes, un psicólogo y varios coreógrafos.

Entre sus producciones se encuentra Tapestries, que se ha representado en un cine de Londres. Un cuarteto de cuerda interpreta una versión de la ‘Kreutzer Sonata’ del checo Leoš Janáček, mientras un poeta lee algunos textos. Los participantes están de pie, con los ojos tapados, y miembros del equipo les entregan alimentos y bebidas. De vez en cuando, emiten unas fragancias diseñadas para la ocasión. En otros momentos, los ayudantes bailan con los miembros del público. El objetivo es que, con todas esas experiencias, se vayan generando imágenes en su mente. También, concentrarse en la música, sin despistarse: “No quiero que pienses cuando te metas en esta habitación. Solo quiero que sientas la música”, dijo en otra ocasión Singer, que de pequeña aprendió a tocar el violonchelo y el piano con su madre y su tía, respectivamente.

Para cumplir con todos estos objetivos, en este espectáculo en concreto, los ayudantes llegan incluso a tumbar a los espectadores en el suelo y a enrollarlos sobre una alfombra. De acuerdo a Singer, al terminar la ‘performance’ muchos aseguran que la música les genera imágenes de “bosques y folclore”, mientras que al bailar sienten como “vides reptando por el cuerpo”.

La experiencia puede comenzar en el mismo momento de sentarse. En una experiencia piloto, en la que la protagonista era la música de Claude Debussy, en el asiento ya hay una caja con un mensaje claro: “Ábreme”. Dentro, otro mensaje: “Huéleme”. Comenzaba el espectáculo donde la música del compositor impresionista se mezclaba con el sonido de refrescos de cola en efervescencia y un pañuelo de seda que colocaban sobre los cuellos empapado con una fragancia. Luego, cuando la música parecía más divertida, los bailarines comenzaron a hacer cosquillas a los participantes y, cuando era más intensa, les apretaron en los hombros o les movieron la cabeza. Todo, para generar imágenes en la mente de cada uno de ellos.

No solo música

No es la primera vez que un espectáculo como BitterSuite propone algo más que escuchar música con métodos sinestésicos. También en Reino Unido, la London Orchestra propuso llevar gafas de varios colores para ver de forma diferente cada movimiento de la pieza, con la posibilidad de pedir cócteles que casaran con la música. Y la obra de Kandinsky, al que citábamos antes, se ve muchas veces como sinfonías musicales llevadas a un lienzo.

La lista de acciones con BitterSuite es todavía más variopinta: pasar cubitos de hielo por la piel mientras se escucha el ‘Lux Aeterna’ de Ligeti, oír unas arias con unos auriculares mientras te hacen caminar por un falso campo de lirios que hueles… Y lo que quede por crear en el futuro. Desde luego, no se trata de conciertos normales y sí toda una experiencia para no volver a ver la música con los mismos ojos (nunca mejor dicho).

Con información de Vice, The Guardian, Smithsonian y El Confidencial. Imágenes de BitterSuite (1, 2, 3, 4).

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