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La tecnología permite a los aficionados realizar tareas de profesionales a una fracción del coste

El abaratamiento de la tecnología en los últimos años, propiciado en buena parte por el cumplimiento de la Ley de Moore, que dice que cada dos años se duplica la cantidad de componentes que se pueden poner en un circuito integrado, presentes hoy en día en prácticamente cualquier dispositivo, por el mismo precio, duplicando efectivamente su potencia, ha puesto al alcance de los aficionados la posibilidad de crear o comprar gadgets para realizar tareas que antes estaban solo al alcance de profesionales, empresas, o gobiernos mediante el uso ingenioso de estos dispositivos.

Un ejemplo de este tipo de dispositivos serían los Draganflyers, unos helicópteros de radiocontrol un ultraligeros -pesan unos 700 gramos- que según el modelo utilizan entre tres y seis hélices para sustentarse y que además llevan a bordo diversos instrumentos como acelerómetros y giroscopios para ayudar a controlarlos incluso aunque haya algo de viento. Todos los modelos admiten la instalación de cámaras de fotografía y vídeo de distintos tipos que pueden ser utilizadas para fotografía y vídeo aéreos, vigilancia de grandes zonas industriales o agrícolas, como parte de un sistema de seguridad, y, por qué no como herramientas educativas y de investigación. Su precio está entre 7.000 y 11.000 euros según el modelo y configuración.

DraganFlyer DF-X6
DraganFlyer DF-X6

El mismo fabricante ofrece también aviones a escala que realizan las mismas tareas, algunos de ellos incluso con piloto automático, y precisamente será un avión de radiocontrol a escala lanzado desde un rompehielos el que utilizará la Institución Oceanográfica de Woods Hole para capturar imágenes de la banquisa antártica. Se trata de un modelo diseñado por John Bailey, un ingeniero que ha diseñado varios vehículos de exploración submarina y que se dedica desde hace años al aeromodelismo como hobby. Su avión evitará la necesidad de contratar un avión real y su correspondiente piloto, con el consiguiente ahorro de dinero, pues cada vuelo de estos puede costar unos 100.000 dólares, y además podrá ser lanzado sobre la marcha, sin necesidad de planificar los vuelos, lo que dará una capacidad de reacción ante imprevistos que simplemente antes no había. El avión de Bailey se puede controlar por radio, pero también lleva a bordo una especie de piloto automático que lo hace recorrer un patrón de vuelo previamente programado para que el piloto no tenga que hacerlo a mano. El coste estimado de desarrollo ha sido de unos 10.000 dólares.

John Bailey y su avión
John Bailey y su avión

Siguiendo en el cielo, un consorcio de compañías que operan en África llamado Spaceloon tiene como objetivo el crear una red de comunicaciones barata para dar cobertura inalámbrica a todo el continente a un precio asequible utilizando globos inflados con hidrógeno en lugar de satélites de comunicaciones. Estos globos llevan a bordo unos sistemas de comunicaciones llamados SkySite que actúan como puente entre los equipos de los usuarios y estaciones base en tierra. Se mantienen en vuelo a una altura de entre 26.000 y 30.000 metros, mucho más alto de lo que vuelan los aviones comerciales para evitar cualquier tipo de conflicto, y cuando se termina su batería, al cabo de unas 24 horas, se deshinchan automáticamente y bajan con un paracaídas para luego ser rastreados mediante señales GPS y volver a ser preparados para otro lanzamiento desde cualquier aeropuerto o aeródromo. El coste de cada globo es de unos 50 dólares más unos miles de dólares de los equipos de comunicaciones, una fracción del coste de un satélite de comunicaciones tradicional, las antenas que tendrían que usar los usuarios rondan los diez dólares, y a cambio ofrecen anchos de banda de entre 300 Kbps y 10 Mbps según el número de globos disponibles en un momento dado y la ubicación geográfica del cliente. Esperan comenzar las pruebas este mismo año y entrar en funcionamiento para 2010.

Y un poco más arriba, ya es posible poner un satélite artificial en órbita por 8.000 dólares, lanzamiento incluido, gracias al TubeSat Personal Satellite Kit, un producto de la empresa Interorbital. Cada TubeSat incluye todo el hardware necesario (fuente de alimentación, microordenador, etc) para que se le puedan añadir los instrumentos pertinentes para enviar vídeo, medir campos magnéticos, radiación, presión, u otras variables, algún tipo de experimento científico… La única limitación es que no pueden pasar de 200 gramos. Otra opción es adquirir solo la carcasa y colocar en su interior los componentes a partir de cero, en cuyo caso se dispone de 600 gramos, aunque también hay la opción de adquirir un TubeSat doble o triple. Los mini satélites son lanzados de 32 en 32 a bordo de un cohete Neptune 30, que los deja en una órbita de 310 kilómetros en la que permanecerán entre tres semanas y 3 meses antes de caer a la atmósfera y desintegrarse en el proceso.

Pero con diferencia la más espectacular de este tipo de iniciativas ha sido la de un grupo de alumnos del instituto La Bisbal, que bajo el nombre Meteotek08 consiguieron lanzar un globo de helio con una carga útil que consistía en diversos instrumentos y equipos de comunicaciones y una cámara que iba tomando fotos a intervalos programados y que llegó a alcanzar una altura de 30.677 metros, emulando a la NASA sin ningún tipo de complejos.

La carga útil tras su recuperación
La carga útil tras su recuperación

Un impresionante catálogo de ideas y proyectos que hace unos pocos años no habían sido posibles, y a saber lo que nos deparará la tecnología y, sobre todo, la imaginación de la gente, en los próximos años.

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