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La historia secreta de ‘El Padrino’ y su pacto con la mafia

Realmente no es de extrañar que ‘El Padrino’ de Francis Ford Coppola haya logrado trascender el plano material de todas esas listas de ‘películas que definitivamente deberías ver’ y haya entrado en los reinos de los inmortales. La épica historia estrenada en 1972 de una familia criminal de Nueva York es una lección de cine en sí mismo, y hoy en día se considera una de las mejores películas jamás realizadas. De hecho así lo demuestra que haya resultado vencedora indiscutible de la La Liga de las Pelis, la competición que durante todo el mes de noviembre buscaba designar el mejor título de todo el catálogo de Vodafone TV.

Pero no todo el mundo sabe que el director, Francis Ford Coppola, y el productor Al Ruddy, tuvieron que lidiar con muchos problemas con la verdadera mafia a la que trataban de retratar. Porque dos cosas se hicieron evidentes rápidamente para ambos: para que la película fuera auténtica, tenía que ser una pieza de época, ambientada en la década de 1940. Y tenía que ser filmada en la ciudad de Nueva York, el terreno de la mafia.

Francis Ford Coppola llevaba solo unos meses de producción de ‘El Padrino’ cuando comenzó a dirigir las tomas de los asesinatos que los Corleone ordenan contra los rivales de la familia. El 28 de junio de 1971, cuando se filmaba como Michael Corleone toma el control de la mafia de Nueva York en una tormenta de fuego de ametralladoras, se estaba produciendo una escena muy similar a solo cuatro manzanas de distancia. Joe Colombo, un agente inmobiliario que lideraba la Liga de Derechos Civiles Italo-Americana, una organización que protestaba por las representaciones estereotipadas de italianos en el cine, se acercaba a un escenario para pronunciar un discurso durante un mitin en el Columbus Circle en Nueva York.

Durante meses, Joe Colombo había librado una guerra contra la película de Paramount, afirmando que era una ficción exagerada sobre la existencia de la mafia. Colombo había insinuado que habría problemas laborales, retrasos en la producción y otros obstáculos menos definidos que podrían amenazar con reducir la inversión multimillonaria del estudio en su adaptación de la novela de Mario Puzo de 1969. Podía hacer tales declaraciones porque, además de sus intereses inmobiliarios, Joe Colombo era una figura importante del crimen organizado.

Pero antes de que Colombo pudiera pronunciar una palabra en ese mitin, un hombre disfrazado de fotógrafo de prensa dejó caer su cámara, levantó un revólver y disparó a Colombo tres veces en la cabeza y el cuello

El tiroteo inició una guerra mafiosa extremadamente sangrienta, que a la vez puso fin a un extraño vínculo entre la propia mafia y la película. Probablemente sin este vínculo, no habría sido posible que esta obra maestra del cine hubiera visto la luz. 

¿Quién era exactamente Joe Colombo? 

«Mafia, ¿qué es una mafia?» Joe Colombo una vez fue citado diciendo: “No hay mafia. ¿Soy cabeza de familia? Sí. Mi esposa, cuatro hijos y una hija. Esa es mi familia».

Una investigación superficial del pasado de Joe Colombo revela lo contrario. Después de apoderarse de la familia criminal Profaci a mediados de la década de 1960, y capitalizar el vacío dejado por el anterior jefe, Joe Gallo (que había sido encarcelado durante 10 años), Colombo rápidamente ascendió en las filas como jefe de una de las Cinco Familias de Nueva York que por entonces se repartían la ciudad. Había sido acusado por el FBI de evasión de impuestos y de dirigir una red de juegos de azar y extorsión generalizada.

La mayoría de los presuntos delincuentes de estas Cinco Familias mantendrían un perfil bajo con sus respectivas tapaderas. En cambio, Colombo decidió ir a lo grande. Creando la Liga de Derechos Civiles Italiano-Americana, Colombo condenó las sensacionalistas historias que los medios publicaban sobre los italoamericanos en general. Encontró apoyo en los miembros de la Liga, casi 45.000 personas, que estaban cansados ​​de los estereotipos. También presionó para que se eliminara la palabra «mafia» de los guiones de la televisión.

Al reunir a los italianos respetuosos de la ley y describirse a sí mismo como la parte agraviada, Colombo logró ayudar a sofocar la referencia a los términos «mafia» o «la cosa nostra» en la cultura popular. Así que, tan pronto como Paramount anunció sus planes para producir ‘El Padrino’, la película se convirtió en su mayor objetivo hasta la fecha.

Un trato es un trato

La versión cinematográfica de la novela de Mario Puzo era un proyecto de Paramount Pictures, el estudio que había adquirido los derechos de adaptación. Mario Puzo en 1968 estaba muy endeudado debido a su hábito de juego, y estaba ansioso porque los derechos del libro y la película dejaran su libro de cuentas limpio.

Puzo, un italoamericano que creció en Hell’s Kitchen pero que nunca había conocido a un mafioso genuino, admitió abiertamente que su investigación sobre el crimen organizado y el folclore de la mafia que mostraba en el libro se limitaba a hacer preguntas a los crupiers en la edad de oro de los años 60 en Las Vegas. Eso no le impidió alcanzar un grado de autenticidad tan impresionante que para cuando la película fue un gran éxito, muchos mafiosos de la vida real habían comenzado a comportarse de acuerdo con los rituales solemnizados por Puzo y Coppola: los besos en la mejilla, la promesa casi papal de lealtad al anillo del Padrino…

El Padrino vendió millones de ejemplares. Debido al éxito del libro, la adaptación fue muy publicitada antes de que se filmara un solo fotograma. Pero cuando Joe Colombo se enteró, hizo saber que la producción no sería bienvenida en las locaciones de Nueva York si insistía en abrazar los estereotipos, un ingenioso ardiz que lo ayudó a desviar la atención de sus propios actos criminales.

Aunque Colombo nunca se atribuyó el mérito de ello, el productor de la película, Al Ruddy, comenzó a experimentar una serie de acontecimientos inquietantes que parecían relacionados con las protestas públicas de la Liga. Las ventanillas de su coche aparecían rotas, a su oficina llegaron llamadas telefónicas amenazadoras, coches extraños lo seguían por la carretera… e incluso en Gulf & Western, la empresa matriz de Paramount, las amenazas de bomba por teléfono evacuaron el edificio dos veces.

Ruddy empezó a preocuparse, no solo por su propio bienestar, sino también por el de la película. Si Joe Colombo quisiera interrumpir la producción, sería desastroso.

Al Ruddy decidió capitular. A principios de 1971, organizó una reunión con Joe Colombo y su hijo, Anthony, para discutir los términos de un acuerdo. Ruddy les entregó el guión de 155 páginas e insistió en que la película no abrazaría los estereotipos a los que se oponía la Liga.

Pero Colombo, como buen mafioso, estaba allí para negociar. Le dijo a Ruddy que si los realizadores no mencionaban «mafia» o «la cosa nostra» en el guión y donaban las ganancias del estreno de la película a la Liga, él no obstruiría la filmación.

Aunque la interferencia de la familia Colombo en la película habría sido de un tipo completamente diferente: el jefe habría exigido dinero por protección, para permitirle al director rodar las escenas ambientadas en Little Italy, territorio de la familia Colombo. Sabiendo que la película perdería toda su autenticidad si se filmaba en un estudio, Ruddy no tuvo más remedio que aceptar, y una vez que los medios de comunicación se apoderaron de la historia, un apretón de manos con el diablo en marzo de 1971 formalizó que ‘El Padrino’ tenía la bendición de la Liga

Cuando los ejecutivos de Gulf & Western se enteraron de que Al Ruddy esencialmente había hecho un trato con la mafia, se pusieron furiosos. Los precios de las acciones de la compañía se desplomaron; Ruddy fue llamado al despacho y despedido de la película, solo para ser recontratado poco después ante la insistencia de Coppola, que tenía muy claro que «Al Ruddy es el único que puede hacer esta película». 

Mafiosos reales para un papel en ‘El Padrino’

Ahora que la mafia había bendecido públicamente el film, comenzó a desempeñar un papel en ella. Y no solo en los papeles de extras que obtuvieron algunos miembros de la familia, sino, lo que es más importante, con papeles para los actores principales. Uno de los que entraron en el trato con Colombo fue nada menos que actor Gianni Russo, que interpretó al cuñadísimo Carlo Rizzi en el icónico filme. Según cuenta en una entrevista, por aquel entonces era un actor totalmente amateur y, tras leer un anuncio Los Angeles Times que buscaba actores italianos para la película, mandó una prueba de casting. Pero no fue elegido. 

“Por suerte, Joe Colombo había creado la Liga antidifamación italiana el año anterior. Aproveché la situación como oportunidad para hacer de intermediario entre Paramount, los Colombo y la Liga. Negocié un trato: permitirían rodar la película en Nueva York, yo haría de Michael, Sonny o Carlo y la Liga tendría el control de todos los eventos del estreno en cada ciudad y conseguiría mucho dinero. Básicamente, así fue como conseguí el papel”.

Pero no fue el único. Si hubo alguien en el set de rodaje que logró trasladar a la pantalla más realismo a su interpretación que ningún otro ese fue Lenny Montana, el actor que dio vida a Luca Brasi, el despiadado secuaz de Don Corleone. ¿La razón? El actor era realmente un sicario de la mafia.

De hecho era el guardaespaldas de un mafioso de alto rango de Colombo, enviado por la Liga de Derechos Civiles Italo-Americana para asegurarse que la palabra «mafia» no fuese pronunciada en ningún momento de la película. Montana había sido un campeón de lucha libre, y desde mediados de la década de 1960, se convirtió en uno de los sicarios de la familia Colombo, especializado en provocar incendios con métodos imaginativos: una vez ató un tampón empapado en queroseno a la cola de una rata, lo encendió y luego arrojó a la rata al edificio para quemarlo. 

Con el rodaje en marcha, el actor que interpretaría a Luca Brasi aún no había sido elegido. Pero Coppola se enamoró de Lenny Montana de inmediato y le dio el papel. Sin embargo, algunas escenas tuvieron que ser reescritas, porque este peligroso matón sufría de ataques nerviosos cuando se suponía que debía aparecer junto a Marlon Brando. Tanto es así que el director lo convirtió en un rasgo distintivo de la personalidad de Luca Brasi.

Un final digno de una película de gánsteres

Con sus hombres trabajando en el rodaje, y el trato económico por permitir filmar ‘El Padrino’ en Nueva York, Joe Colombo se sentía como un ganador. Pero este sentimiento no duraría mucho. Porque su estrategia de una defensa agresiva de los italoamericanos podía haberle ganado el favor del público en general, pero causaría una reacción fatal entre aquellos en el crimen organizado a quienes no les gustó el perfil de Colombo.

Así, tras meses de rodaje, llegamos al 28 y 29 de junio de 1971, cuando el director filmaba las escenas principales de los ataques a los jefes de la mafia con ametralladoras (y mucha sangre).

A cuatro manzanas de la ubicación de la película, Colombo había organizado una manifestación para el Día de la Unidad Italiano-Estadounidense. Mientras subía al escenario, un fotógrafo con un pase de prensa llamado Jerome Johnson se abrió paso entre la multitud y se dirigió a él. Antes de que Colombo se diera cuenta de lo que estaba sucediendo, Johnson levantó un arma y disparó tres tiros, alcanzando a Colombo en la cabeza. Se sacaron más armas y Johnson fue asesinado a tiros en el acto.

Colombo fue trasladado de urgencia al hospital, pero sus heridas eran graves. Pasó los siguientes siete años en coma antes de fallecer en 1978.

Aunque el asesinato nunca se resolvió oficialmente, se cree que el anterior jefe de la familia, Joe Gallo, cansado de la grandilocuencia de Colombo, ordenó la desaparición de su rival. El golpe fue la salva inicial de una cruel guerra en la familia declarada por el recién liberado padrino.

Menos de un año después, en lo que se pensó que era un ataque de represalia, Joe Gallo fue asesinado mientras comía en un restaurante por su 43 cumpleaños, en una explosión de sangre y salsa de almejas muy parecida a la escena en que Michael Corleone (Al Pacino) asesina a Virgil Sollozzo, tras coger una pistola oculta en la cisterna del váter del restaurante. Algo que demuestra que, cuando se trata de la conexión entre mafia y Hollywood, es difícil determinar qué alimenta a qué. 

Los asesinatos fueron una sorpresa para Francis Ford Coppola, a quien le preocupaba que la violencia descrita en la película pudiera estar desactualizada en lo que parecía ser un panorama del crimen organizado mucho más moderno. Nada de eso. Cuando se estrenó en marzo de 1972, ‘El Padrino’ parecía más oportuna y profética que nunca.

Al Ruddy no pudo cumplir su promesa de dedicar las ganancias del estreno a la Liga, ya que Paramount se negó a cumplir el trato. Pero sí organizó una proyección privada para los cientos de ciudadanos italoamericanos que expresaron su interés en ver la película en el área de Nueva York. 

Les encantó y felicitaron al productor por el logro. Meses antes, Al Ruddy se había visto obligado a guardar una pistola automática del calibre 45 en el cajón de su escritorio. Había sido una alianza incómoda pero necesaria. Porque como dijo años después, «sin la ayuda de la mafia, hubiera sido imposible hacer esta película».

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