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Un imán de tamaño planetario, el loco plan de los científicos para evitar que el Sol apague la tecnología

En el siglo XIX una tormenta solar consiguió alterar el electromagnetismo de la Tierra y hacer caer toda toda la red de telégrafos durante días. Aunque desde entonces no se ha registrado ningún suceso parecido, la comunidad científica muestra su preocupación sobre un fenómeno que podría resultar fatal a estas alturas de la civilización: otra eyección de energía solar de este calibre podría sumirnos a todos en un serio apagón electrónico muy costoso de reparar.

No obstante, algunos expertos plantean ya un plan que puede sonar descabellado para evitar el apocalipsis tecnológico: construir un imán gigante a modo de escudo del tamaño de la Tierra. En realidad, se trata de un circuito conformado por imanes colocado en el espacio exterior entre la Tierra y el Sol que conseguiría frenar las partículas dañinas de una posible erupción solar. Un proyecto más que faraónico que, no obstante, resultaría viable con la tecnología disponible en la actualidad.

Las consecuencias de una potente tormenta solar serían devastadoras para nuestra sociedad actual, ya que una fuerte llamarada del Sol podría alterar la capa electromagnética de la Tierra, pudiendo destruir las comunicaciones satelitales, las redes eléctricas, la conexión a internet… En definitiva, parar de forma repentina el mundo tal y como lo conocemos hoy en día. Según un informe conjunto de la Universidad de California y el Laboratorio Estatal de Clima Espacial de China, estos daños podrían tener un coste económico mundial multimillonario y la recuperación duraría entre 4 y 10 años.

Por ello algunos científicos piensan que el Sol, pese a ser una de las fuentes vitales más importantes, podría convertirse incluso en el motivo de nuestra desaparición. La Universidad de Harvard ha intentado poner este riesgo en perspectiva sugiriendo que este fenómeno podría azotar a la Tierra en el próximo siglo y que, por lo tanto, es necesario elaborar un plan global para hacerle frente o, de alguna manera, conseguir evitar sus temidos efectos.

El gran apagón

Las erupciones solares son habituales, pero normalmente no impactan en la Tierra. La última de la que se tiene constancia tuvo lugar en 1859, fue bautizada como el evento Carrington y es considerada la tormenta solar más potente registrada hasta la fecha. Cuando se produjo la gente comenzó a ver auroras de colores en el cielo en lugares tan inesperados como Cuba o Menorca, debido a que los átomos de oxígeno y nitrógeno de la atmósfera superior estaban recibiendo electrones del Sol y transformándose en fotones.

Pero detrás de este bonito fenómeno también se produjo un extraño suceso: las máquinas de telégrafos comenzaron a arder en llamas debido a una fuerte corriente inducida. El astrólogo Richard Carrington fue el primero en registrar desde su telescopio una fuerte llamarada solar que más tarde se relacionaría con toda esta sucesión de fenómenos. Aunque para la historia la tormenta solar pasó un tanto inadvertida, porque sólo afectó al cielo y a la incipiente red de telégrafos, un invento que había empezado a funcionar en 1843.

Pero estos mismos efectos en la era posmoderna serían catastróficos, ya que una fuerte corriente inducida haría saltar por los aires todos los sistemas electrónicos, algunos indispensables para la vida humana, sumiendo a la sociedad en el caos. Pero peor que un segundo fenómeno Carrington sería una erupción solar de alta intensidad, que según los estudios de Harvard se produce cada 20 millones de años y podría chocar directamente con la Tierra.

En una tormenta solar así, la Tierra podría perder la capa de ozono y los organismos vivos podrían mutar su ADN. No es probable que una tormenta tan intensa vaya a alcanzar la Tierra en los próximos siglos, pero en cambio los científicos sí advierten de la probabilidad de que ocurra un evento como el de Carrington y por ello hay que estar preparados. 

La solución pasa por imanes gigantes

Para conseguir mitigar los efectos de una tormenta así, los investigadores de Harvard Avi Loeb y Manasvi Lingam han propuesto mandar al espacio un deflector magnético creado por un circuito de imanes y cables conductores de cobre, que sería alimentado por paneles solares. Esta especie de lazo gigantesco de imanes unidos formando una red se colocaría entre la Tierra y el Sol y, además de permitir pasar la luz, actuaría de escudo para repeler las partículas dañinas derivadas de una erupción solar. 

Este deflector magnético del tamaño de la Tierra se colocaría a una distancia de aproximadamente 329.000 km. de la superficie de nuestro planeta y actuaría como un circuito de corriente que desviaría las partículas dañinas del sol al espacio. Los investigadores dicen que la cantidad requerida de fuerza de desviación es relativamente pequeña; y que ya tenemos mucha de la tecnología necesaria para que esto sea posible. Sin embargo, el gran desafío sería escalarlo hasta un tamaño de superestructura planetaria.

Este enorme imán protector puede ser un proyecto factible dentro de los límites de la tecnología actual, pero también se trata de un plan muy costoso. El circuito tendría un peso de alrededor de 100.000 toneladas, según los cálculos de los científicos, y su coste de lanzamiento rondaría los 100.000 millones de dólares (unos 85.000 millones de euros), prologándose su construcción durante décadas. Un precio similar al que ha costado la Estación Espacial internacional. Pero mucho menos de lo que costarían los posibles daños si nos alcanza una tormenta solar como la que esperamos desde hace más de un siglo. 

Por ello, parte de la comunidad científica no ve con buenos ojos el proyecto de Loeb y Lingam, ya que piensan que sería demasiado precipitado por el coste y que aún se pueden valorar otras vías. Lo que está claro es que el Sol ha vuelto a recobrar interés dentro del mundo de la investigación científica, y ya sea con un imán gigante o con otros métodos, el ser humano debe encontrar la manera de estar preparado para una tormenta solar (quizás más inminente de lo que creíamos) que podría hacer saltar por los aires todo el sistema socioeconómico de la era electrónica.


Con información de Digital Trends, Gizmondo y New Scientist. Imágenes de NASA (1 y 2) y Andrés Nieto Porras.

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