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La historia oculta de los besos más icónicos

En el mundo de la fotografía, pocas cosas albergan una mayor carga visual que un beso entre dos personas, una de las muestras de cariño más cotidianas y sencillas del día a día, pero que, dependiendo del momento y de quienes son los protagonistas, puede significar muchísimo más. De besos está plagada la historia gráfica del ser humano; y algunos de ellos tienen a su vez una historia oculta que a veces pasa desapercibida para el ojo del espectador.

Hoy, 13 de abril, día que se celebra el Día Internacional del Beso, es un buen momento para rescatar algunos de esos momentos que se quedaron grabados en la retina del imaginario colectivo por su impacto visual, pero que también presentan otros niveles de consciencia que hacen de la fotografía un arte realmente asombroso.

El beso de Times Square

Todos la hemos visto mil veces. La imagen icónica de un marinero en Times Square besando apasionadamente a una enfermera al final de la Segunda Guerra Mundial. La foto fue tomada por Alfred Eisenstaedt, un fotógrafo de Life y publicada en la portada del número de la revista que cubrió el Día de la Victoria sobre Japón, el 2 de septiembre de 1945, convirtiéndose en una de las fotos más emblemáticas de nuestro tiempo.

Alfred Eisenstaedt estaba en la plaza cubriendo el anuncio de la derrota japonesa y se fijó en un marinero que, algo bebido por la celebración, besaba a todas las mujeres que encontraba. Según el fotógrafo, se dedicó a seguir por la calle al marinero y disparó su cámara cuando le llamó la atención el contraste entre su uniforme oscuro y el blanco de una enfermera (que en realidad era una ayudante de dentista). Ninguno de los dos se conocía de antemano. Inmediatamente después de que Eisenstaedt tomara la foto, cada uno se fue por su camino sin que nadie les preguntara sus nombres.

No fue hasta finales de 1970 cuando Edith Shain escribió a Eisenstaedt afirmando ser la mujer de la fotografía. Y le contó que en aquel momento tenía 21 años y pensó que podía dejar que aquel hombre  la besara puesto que había luchado por ella durante la guerra.

El beso de París

Esta foto, llamada en francés “LeBaiser de’l hôtel de ville” (El beso del Ayuntamiento) fue tomada en París en 1950 por el fotógrafo francés Robert Doisneau, también para la revista Life Magazine, después de que se le encargara que tomara fotos de parejas en París. Es una imagen poderosa cargada de romanticismo que ha hecho suspirar a sus observadores durante muchos años, convirtiéndose en, posiblemente, la postal más reproducida del mundo.

Sin embargo, esta imagen tuvo una importante controversia. Durante muchos años se ha alabado la noción del llamado instante decisivo, que implica esa habilidad del fotógrafo por capturar una escena en el momento justo. Sin embargo el famoso beso resultó no ser una toma espontánea, sino una puesta en escena premeditada.

Doisneau contrató a dos jóvenes actores, Françoise Bornet y Jacques Carteaud, para escenificar el beso en tres lugares diferentes, quedándose con la toma enfrente del Ayuntamiento de París. El fotógrafo nunca reveló este hecho. La crisis llegó a principios de la década de 1990 cuando la pareja reclamó sus derechos de autor por ser la protagonista de la famosa foto. Doisneau demostró que les había pagado por el trabajo y el juez lo declaró inocente.»La foto fue provocada», diría Bornet en una entrevista con los medios franceses. «Pero el beso fue real». Y es que los dos jóvenes actores en realidad eran amantes.

Un beso rojo

Eric Honecker, presidente de la República Democrática Alemana, y Leonidas Breznev, líder de la URSS, se saludaron de esta efusiva manera en un encuentro diplomático de 1979. El fotógrafo Regis Bossu fue el encargado de inmortalizar este beso entre dos líderes comunistas de la Guerra Fría. Pero lo que los comunistas de Europa denominaban «el beso fraternal» era, según el protocolo, la manera en la que dos líderes socialistas debían saludarse: en primer lugar, un gran abrazo, a lo que seguían tres besos en mejillas alternas. En casos excepcionales, y si ambos mandatarios tenían una especial relación de amistad, los besos en las mejillas se podían sustituir por besos en los labios, como así ocurrió.

La imagen trascendió de tal manera que, entre otras repercusiones, una vez caído el muro de Berlín en 1989, el artista ruso Dimitri Vrúbel pintó en un mural la famosa fotografía, titulada «Dios mío, ayúdame a sobrevivir a este amor mortal», hoy en día convertido en uno de los puntos más visitados e inmortalizados de la capital alemana.

La pareja que se besaba en medio de los disturbios

Cuando los Vancouver Canucks perdieron la Copa Stanley 2011 de la National Hockey League, se produjo un motín en las calles de la ciudad. La policía antidisturbios intervino, pero una pareja en el fondo parecía no enterarse, besándose apasionadamente ante lo que parecía el espacio que había dejado una carga a los alborotadores.

Algunos creen que la escena fue preparada, pero el hombre de la foto, Scott Jones, afirmó posteriormente que solo estaba tratando de calmar a su novia después de que ambos se vieran acorralados entre la turba y la policía de Vancouver. “Después de que pasaran por encima de nosotros, mi novia estaba histérica, obviamente, y estaba tratando de tranquilizarla”.

Según cuentan, ellos no tenían nada que ver con los disturbios, solo pasaban por allí. Primero recibieron los golpes de los alborotadores, luego los porrazos de la policía creyendo que eran alborotadores; y al final, se convirtieron en el objetivo de una de las fotos más llamativas de lo que llevamos de década. La pareja no culpa a la policía por lo que pasó, pero entienden que estaban en el lugar equivocado en el momento equivocado.

El beso de la vida

Esta famosa fotografía, conocida como el «beso de la vida», fue tomada por el fotógrafo norteamericano Rocco Morabito en 1967. Rocco Morabito trabajaba para un periódico local de la ciudad de Jacksonville, en Florida. El 17 de julio de ese mismo año, cuando caminaba para coger su coche escucho un fuerte sonido. El ruido resultó ser causado por una descarga eléctrica de más de 4.000 voltios que sufrió un operario mientras trabajaba en una de las líneas de alta tensión.

La descarga fue tan brutal que dejó casi sin vida y colgado a 12 metros de altura al trabajador RG Champion, que fue rápidamente socorrido con el boca a boca por su compañero J.D. Thompson. Segundos después de Rocco Morabito tomara la foto, Thomspson gritó: «Está respirando». La imagen, que pasará a la historia como ‘el beso de la vida’, fue premio Pulitzer en 1968.

El beso del adiós de John Lennon y Yoko Ono

La última foto de John Lennon con vida, en la que también aparece Yoko Ono, encierra una historia que pocos conocen. Annie Leibovitz trabajaba para Rolling Stone en 1980 y la revista le había encargado un reportaje de la pareja en su apartamento en el edificio Dakota de Nueva York, con motivo del lanzamiento del disco Double Fantasy, en cuya portada ellos se estaban besando.

“Me conmovió mucho ese beso. Era mucho más que una simple foto de un beso. Así que, para la foto que quería tomar, los imaginé juntos de algún modo. Y no me resultó difícil imaginarlos sin ropa porque se la quitaban constantemente. Pero lo que ocurrió fue que en el último momento Yoko Ono no quiso quitarse la ropa. Así que continuamos adelante con la foto y es una imagen muy llamativa al ver a Yoko vestida contra Lennon desnudo, ambos en el suelo de su habitación”, explicó la fotógrafa en una conferencia realizada en el marco del festival de Cannes de 2013.

Horas más tarde Lennon moría tras ser disparado por Mark David Chapman cuando entraba en el edificio Dakota, al que un poco antes había autografiado precisamente una copia del disco Double Fantasy. La imagen fue la portada del número especial de enero de 1981 de Rolling Stone en conmemoración por su fallecimiento, sin más adorno visual que el nombre de la cabecera. En 2005, la Sociedad Americana de Editores de Revistas la calificó como la mejor portada de los últimos 40 años.

Muchos se han referido a la imagen como una profecía del terrible suceso que estaba por llegar, por la posición fetal de Lennon y el negro-luto de la vestimenta de Yoko Ono. Según Leibovitz este es un excelente ejemplo de cómo las circunstancias cambian una imagen. “De repente, esa fotografía tiene una enorme historia. Uno la mira y piensa que ese es su último beso o que se están despidiendo”.

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