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La historia de la caca con ojos de WhatsApp: una idea japonesa que pasó el filtro de Google

Las dos bailarinas son entrañables. La parejita, encantadora. Los monos resultan útiles en cualquier ocasión. Pero si hay un emoticono que nos ha conquistado con esa extraña mezcla de cariño y repelús que produce, esa es la risueña caca del Whatsapp. Su sonrisa, sus ojos saltones…

Pero esa risa interminable esconde mucho sufrimiento. Los comienzos siempre son duros y la pobre no lo tuvo nada fácil. Porque todo lo que supera la estrecha línea de lo convencional provoca sensaciones contradictorias, y ella no era como el resto de figuritas. Para conocer su historia, volvamos por un momento a un lejano 1999. Y viajemos a Japón.

El país del sol naciente es la cuna de los ‘emojis’. Casi terminados los 90, las tres principales operadoras del territorio nipón – KDDI AU, SoftBank y NTTDoCoMo – cayeron en la cuenta de que los mensajes eran demasiado aburridos. Así que diseñaron la primera serie de gráficos en miniatura.

El sistema era bastante rudimentario: solo los usuarios del trío podían utilizarlo y debían hacerlo a través de una plataforma específica. Además, no habían unificado el código asignado a cada emoticono. Si un japonés mandaba una carita sonriente a un amigo, nadie le aseguraba que el destinatario la recibiría tal cual. Lo mismo le llegaba triste o sorprendida. Un nido de confusiones.

Pero en 2007 llegó Google para poner un poco de orden. Quería estar más presente en el mercado asiático, por lo que se alió con KDDI AU y de paso decidió adoptar a sus pequeños monigotes para el servicio de correo Gmail. Se prestó también para unificar el código y alumbrar el camino. Bautizaron al proyecto ‘Mojo’.

Una caquita rechazada

La asimilación de los gráficos no fue fácil. Su nombre genérico viene del japonés: ‘e’ significa imagen y ‘moji’, personaje. Aunque a muchos de los ingenieros de Google no les hacía mucha gracia el nombre de ‘emoji’, tuvieron que pasar por el aro. A los nipones les fascinaban y no podían vivir sin ellos.

El equipo de Takeshi Kishimoto, por aquel entonces responsable de producto del gigante de internet, tenía que decidir qué emoticonos iban a incluir en las opciones de Gmail. Por supuesto, la caquita era uno de los elegidos. En sus comienzos no sonreía. Era mucho más fría y tenía moscas volando a su alrededor. Aun así, resultaba imprescindible.

Kishimoto sabía de la importancia de poner caritas sonrientes y dedos apuntando hacia arriba en los mensajes. Pero había otros a los que convencer: los empleados de las oficinas estadounidenses de Google, que no tenían ni idea de qué era aquello de los ‘emojis’. A ver cómo les explicaba que, además de muñequitos riéndose, era totalmente necesario que sus clientes pudieran enviarse caquitas con moscas. Como es lógico, muchos lo encontraron ofensivo y desagradable.

Darren Lewis, ingeniero de ‘software’ de Google, y Darick Tong, líder del proyecto de los emoticonos, lucharon por su aceptación. Eliminar uno de la serie era como quitarle una letra al alfabeto. Y para los japoneses los gráficos representaban verdaderos personajes.

De hecho, la caquita ya existía antes de que las empresas de telecomunicaciones decidieran incluirla en su repertorio. Está basada en un personaje de una serie de dibujos anime titulada ‘Dr. Slump’, muy famosa en los años 80 (también conocida en España). Se trata de una especie de ‘niño-caca’ rosa sonriente que también hizo alguna que otra aparición en ‘Dragon Ball’. En Japón y entre los jóvenes no tenía nada de malo. Pero fuera…

Prueba superada

Las reticencias continuaban, hasta que sus partidarios aportaron una prueba que ningún ingeniero puede desdeñar: números. Hicieron un análisis exhaustivo del uso que los usuarios nipones hacían de los emoticonos. Y allí estaba, entre los más utilizados, la triunfal caquita. No quedaba más remedio que ceder.

Pero la controversia no terminó ahí. Cada una de las ‘telecos’ tenía una versión distinta. Y luego estaba el personaje original de ‘Dr. Slump’. El equipo encargado de diseñar los famosos ‘doodles’ tomó el control para adaptarlo a las dimensiones adecuadas y a la paleta de colores de Google.

En octubre de 2008, debutaba en las pantallas la primera caquita de Google. Al poco tiempo la incluyeron en el chat. Un mes después, Apple también la adoptó y en 2010 el consorcio Unicode la aprobó oficialmente, lo que supuso su uso generalizado en cualquier aplicación y dispositivo.

Y así es como nuestra simpática amiguita marrón ha acabado en las pantallas de medio mundo. ¿Quién no ha mandado nunca una caquita? Quizás ahora entiendas por qué se ríe sin parar: ha triunfado a pesar de las adversidadades.

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Con información de Fast Company

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