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Mayordomos virtuales desde los 60: así eran los antepasados de Alexa y Siri

Cortana, Siri, Alexa… Los ‘chatbots’ están a la orden del día, y los comercializados por gigantes de la talla de Microsoft, Apple o Amazon no son los únicos. Un paseo por Facebook Messenger o Telegram permite conocer un amplio abanico de posibilidades de la mano de estas inteligencias artificiales preparadas para responder a nuestras dudas o, incluso, hacernos de mayordomos virtuales a la hora de realizar compras.

No obstante, si bien es ahora cuando están aterrizando de forma masiva en nuestras pantallas, chats, móviles e incluso altavoces inteligentes, los asistentes virtuales tienen décadas de historia: por increíble que parezca hoy, su antecesor más lejano fue creado a mediados de los años 60.

Corría el año 1966 cuando el profesor alemán del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) Joseph Weizenbaum publicaba un programa llamado ELIZA. El objetivo del ‘software’ no era otro que dar conversación a los usuarios y, lo que es más, hacerse pasar por una persona. Pero no por una persona cualquiera: ELIZA era un intento de psicólogo.

Para hacerlo, esta primitiva inteligencia artificial creada por el profesor alemán identificaba palabras clave para preguntar al usuario (al que le tocaba el papel de paciente) cómo se sentía respecto al tema mencionado. En realidad, el tatarabuelo de los actuales asistentes virtuales no era sino un intento del propio Weizenbaum de advertir sobre la frialdad que caracterizaría las conversaciones con las máquinas y, de paso, parodiar las entrevistas llevadas a cabo por los profesionales de la psicología.

Aún hoy pululan por la Red distintas imitaciones de aquel ELIZA primigenio (disponibles también en castellano) que permiten comprobar lo básico de las conversaciones de este ‘chatbot’ nacido antes de que semejante término existiese siquiera. De hecho (y precisamente por aquella intención paródica de su creador), las conversaciones pronto se vuelven absurdas y es fácil entrar en un bucle de preguntas que, en realidad, no conducen a ninguna parte.

Sin embargo, el de ELIZA solo supuso el primer paso en el largo camino recorrido por los asistentes virtuales hasta el día de hoy. A mediados de la década de los años 90 llegaría A.L.I.C.E., la creación de un doctor en informática de la Universidad Carnegie Mellon; Albert One se haría con el Premio Loebner, la competición que enfrenta a distintos programas para que un jurado determine cuál es el más inteligente, en las ediciones de 1998 y 1999; y Mitsuku, que haría lo propio en 2013, 2016 y 2017. No obstante, todos tenían lo mismo en común: darle algo de conversación a los seres humanos.

Entre unos y otros, además, fue creado el que puede considerarse antecesor directo de los actuales Siri y compañía. Su nombre era SmarterChild, y, por primera vez, permitió que la inteligencia artificial diera más que conversación. Desarrollado en el año 2000 por la compañía ActiveBuddy (luego Colloquis), estuvo disponible para servicios de mensajería como los exitosos MSN Messenger o AOL Instant Messenger.

“Google ya había salido y Yahoo! era fuerte, pero aún llevaba varios minutos que dieran la información que tu querías tener”, rememora el cofundador y CEO de ActiveBuddy, Peter Levitan, en una entrevista. SmarterChild, sin embargo, daba una respuesta casi de forma instantánea tras una pregunta del usuario que hacía la consulta.

Además, quienes hicieron uso del padre de Siri en su momento explican que SmartChild tenía una personalidad propia, un carácter muy distinto al que muestran hoy los asistentes virtuales más populares. De este modo, si Siri responde “No necesito dormir mucho” a la pregunta “Siri, ¿duermes?”, SmartChild desplegaba su encanto para contestar: “No, pero yo sueño. Sueño con un mundo mejor. Un mundo donde el hombre y la máquina puedan convivir en paz y felicidad”. Poesía robótica pura.

De hecho, el propio Levitan asegura que, en la actualidad, se niega a usar Siri. ¿El motivo? Precisamente esa falta de personalidad que le achacan algunos, algo que impide que el asistente virtual más popular del mundo pueda ser casi como nuestro amigo y que le resta valor, según uno de los padres de SmartChild.

En cualquier caso, más allá de esa personalidad propia, el verdadero avance que supuso SmartChild a las puertas del siglo XXI es que, por primera vez, era capaz de dar información meteorológica a los usuarios, así como anunciar los horarios del cine o, simplemente, facilitar las noticias del día. Todo ello, gracias a la popularidad de los servicios de mensajería con los que era compatibles, que le permitieron desarrollar una inaudita capacidad de procesamiento del lenguaje humano.

Este mayordomo virtual facilitó el camino que aún habrían de recorrer los asistentes que llevamos en el bolsillo actualmente. Y Microsoft sabía que la herramienta desarrollada por ActiveBuddy valía su peso en oro. Por eso, el gigante gobernado por Bill Gates se hizo con la compañía después de que esta hubiera recaudado más de 14 millones de dólares de distintos fondos de capital riesgo, unos 11,2 millones de euros al cambio.

Si SmartChild se quedó por el camino y no llegó hasta nuestros días fue, quizás, porque llegó antes de tiempo. La compañía dirigida por Levitan estudió la posibilidad de que su bot respondiera consultas a través de SMS, pero los mensajes de texto aún eran lo demasiado costosos como para que los usuarios se lo pensaran dos veces antes de preguntarle algo al antecesor de Siri.

Sin embargo, su existencia fue básica para que hoy podamos preguntarle mil y una dudas a nuestros mayordomos virtuales, o incluso para que les pidamos que se encarguen de algunas de nuestras más tediosas gestiones. Sin ELIZA, sin A.L.I.C.E. y, desde luego, sin SmartChild, puede que Siri y compañía fueran otra cosa totalmente distinta. O quizás, ni existirían.


Con información de Motherboard, Chatbots Magazine y NPR. Imágenes de Wikimedia Commons.

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