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Fairphone y otras tendencia de las marcas para hacerse más éticas y sostenibles

A medida que los teléfonos inteligentes ha despegado como tecnología, surgen preocupaciones sobre los efectos ambientales de su fabricación, especialmente en una época en la que los consumidores reemplazan su dispositivo cada pocos años. Y en un mercado donde los ‘smartphones’ parecen ser cada vez más grandes, más potentes y más hambrientos de energía, existen empresas que tiene como objetivo hacer las cosas de manera diferente, adoptando un enfoque que minimice los efectos sociales y ambientales en todo el ciclo de vida del aparato.

Como nos recordó el Foro Económico Mundial durante su reunión de Davos 2020, los desechos electrónicos procedentes de teléfonos inteligentes es un gran problema: es el flujo de desechos de más rápido crecimiento en nuestro planeta. Además, se ha estimado que la extracción de materias primas utilizadas en los teléfonos inteligentes usa tanta energía como la que consumen los usuarios al utilizar y recargar sus dispositivos durante un período de 10 años.

Existen básicamente dos estrategias para lidiar con estos desechos electrónicos: reducir su producción o reutilizarlos en la fabricación. La primera estrategia se centra en extender la vida útil de un teléfono para que los consumidores lo conserven por más tiempo. Esto incluye hacer que los productos sean más fáciles de reparar y ofrecer un soporte más prolongado para actualizar su software y hardware. Empresas como la holandesa Fairphone o la alemana Shiftphone están adoptando esta estrategia. También es la dirección en la que apunta la reciente Directiva de Ecodiseño de la UE al incluir un «derecho de reparación» para los productos de electrónica.

El problema con esta primera estrategia es que requiere un cambio en el comportamiento del consumidor. Aunque puede haber conciencia de que consumir menos y comprar productos que duran más es bueno para el medio ambiente, la práctica actual es comprar productos de manera rápida. Incluso si tu teléfono durara 5 o 10 años, los consumidores están acostumbrados a comprar uno nuevo cada 2 años. Y dicho comportamiento no va a cambiar fácilmente mientras las marcas actualicen su catálogo varias veces al año con nuevos modelos.

Esto hace que la segunda estrategia, reutilizar y reciclar completamente los dispositivos electrónicos, sea la opción más viable para realizar mejoras a gran escala. En otras palabras, que las marcas hagan su negocio circular.

Fairphone y ShiftPhone, a la vanguardia de la ola ‘ecofriendly’

Es posible que ni siquiera hayas oído hablar de ellos, pero la marca holandesa Fairphone lanzó a finales del verano pasado su tercer modelo de lo que dice ser el teléfono más sostenible y ético del mundo: el Fairphone 3, disponible en el catálogo de Vodafone. Con 175.000 teléfonos vendidos desde su inicio en 2013, Fairphone es solo un pequeño fabricante de teléfonos comparado con gigantes como Apple, Samsung, Huawei o Xiaomi. Entonces, ¿qué los hace tan importantes? Sin duda, el ejemplo que puede dar a estas compañías.

Así esta empresa adopta un enfoque fundamentalmente diferente para la fabricación de teléfonos inteligentes al minimizar los efectos sociales y ambientales en todo el ciclo de vida del dispositivo. La compañía se esfuerza por ser sostenible en todas las áreas, desde cómo se obtienen las materias primas y las condiciones de trabajo en la cadena de suministro, hasta el diseño de cada terminal para garantizar que duren el mayor tiempo posible y, por supuesto, un enfoque en la segunda vida del dispositivo para que sea fácil de reciclar o reutilizar.

También el teléfono está construido de forma modular, lo que facilita la reparación y el reemplazo de componentes, lo que prolonga su vida útil. Además, los materiales provienen de fuentes sostenibles. Es, por ejemplo, el primer fabricante de teléfonos que utiliza oro certificado ‘Fairtrade’, que procura eliminar este mineral si proviene de zonas de conflicto. Y además cuida los derechos, salarios y condiciones de trabajo de los trabajadores en sus fábricas chinas.

La pequeña empresa alemana Shift también fabrica, desde hace años, varios ‘smartphones’ que tiene en cuenta todos estos aspectos. Esto significa que el fabricante utiliza materiales lo más respetuosos posibles con el medioambiente y que las condiciones y horarios laborales se corresponden con los estándares europeos. Por ello, su personal no puede trabajar más de ocho horas al día. Asimismo, el fabricante promete que la producción se realiza sin trabajo infantil. También gracias a su estructura modular, casi todas las piezas importantes son intercambiables y fáciles de reparar. Así, si el teléfono tiene un defecto o se avería, no se convierte en chatarra electrónica.

Otras marcas que también apuestan por la sostenibilidad

Otro fabricante de teléfonos que parece que está haciendo los deberes es Samsung. Lejos quedan los días de ejemplos aislados como el de Samsung Blue Earth, que funcionaba con energía fotovoltaica; o el Samsung F268, fabricado sin sustancias contaminantes. Ahora parecen más centrados en el programa Galaxy Upcycling, que ofrece un método alternativo para la circulación de recursos mediante la reutilización de los ‘smartphones’ usados.

Así este programa de Samsung permite a los propietarios de teléfonos Galaxy actualizar el hardware y el software de terminales usados o anticuados para convertirlos en nuevos productos tecnológicos, como televisores de circuito cerrado, consolas de juegos y dispositivos IoT. El programa pone las herramientas en las manos de los consumidores al proporcionarles los cambios de software/hardware necesarios que permiten una nueva funcionalidad.

También Apple está realizando esfuerzos, en los últimos tiempos, por conseguir un teléfono más ‘ecofriendly’. Sin embargo, la dificultad de reparar un teléfono de Apple hacen que aún les quede mucho camino por recorrer. Los diversos componentes son difíciles de recuperar, por lo que invariablemente se extraen nuevos materiales del planeta para el lanzamiento de sus nuevos productos.

Sin embargo Apple se comprometió a desarrollar una cadena de suministro de ciclo cerrado en 2017, pero el progreso es lento. A mediados del año 2019, la compañía anunció que había desarrollado un robot llamado Daisy que podría desmontar 200 iPhones por hora y recuperar el cobalto para usarlo en baterías nuevas, aunque esa es una pieza de un rompecabezas muy complicado, y también requiere que esos iPhones sean devueltos a Apple en primer lugar.

Mientras tanto, los de Cupertino intenta enhebrar la aguja entre promocionar sus compromisos medioambientales y vender teléfonos nuevos cada año, centrándose además en la durabilidad de los nuevos iPhones, afirmando que un vidrio más resistente y una fabricación superior prolongarán radicalmente sus expectativas de vida.

También hace unos años conocimos que Motorola estaba trabajando en unos móviles modulares en los que podríamos cambiar cualquiera de sus componentes. El departamento que lo llevaba a cabo, ahora bajo las filas de Google después de la adquisición de la marca por parte de los de Mountain View, demuestra que sigue vivo. Se trata del Proyecto Ara, que pretendía llevar los beneficios del PC tradicional al mundo del ‘smartphone’. Una plataforma que prometía mucho, ya que nos permitía ir mejorando las piezas de forma individual, sin tener que cambiar el móvil. ¿Únicamente buscas rendimiento? Cambia solo el procesador. ¿Mejor cámara? Intercambia solo el módulo de la cámara.

Este Proyecto Ara ha pasado años de absoluto misterio y creíamos que no volvería a aparecer, pero a finales del año pasado Google publicó varias patentes sobre el proyecto. Esto no significa que piensen en lanzar un móvil modular a corto plazo, pero la existencia de estas patentes significa que existe un grupo de personas dentro de la compañía que siguen destinando su valioso tiempo en este concepto.

También LG lleva años con su reto ‘Smart Green’, un conjunto de iniciativas ‘verdes’ que incluyen un programa de reciclado de móviles para reducir la contaminación cuando los clientes decidan sustituirlos por uno nuevo. Y ahora parece que han decidido ponerse manos a la obra en sostenibilidad con proyectos más tangibles, como la recuperación de masa arbórea que ha sido arrasada por incendios forestales. Así, para esta iniciativa ecológica, LG colabora con la startup CO2 Revolution para recuperar buena parte del Parque Natural de Alcoroches en Guadalajara tras sufrir uno de los mayores incendios forestales de la historia de nuestro país; y con la que planea reforestar las zonas más afectadas con hasta 47 millones de árboles.

En el proceso se emplean una serie de drones en los que se montan teléfonos LG G8 Smart Green que utiliza la inteligencia artificial para, desde el aire, identificar las zonas que más sufrieron los devastadores efectos del incendio. Con los datos recogidos, los técnicos de reforestación pueden planificar la distribución de las semillas. Estas semillas inteligentes están formadas por una cápsula biodegradable que protege la semilla hasta que está preparada para entrar en acción y así asegurar la máxima efectividad en el proceso de plantación.

Estos son solo algunos ejemplos que nos hacen ser optimistas respecto a cómo las marcas lograrán su objetivo de hacer que la industria de los ‘smartphones’ sea más respetuosa con el medio ambiente y con nuestra sociedad. Porque es el momento adecuado. Los teléfonos inteligentes son productos maduros para los que actualmente solo vemos innovaciones en cuestiones tecnológicas. Por eso lo que hace que la existencia de marcas como Fairphone o Shiftphone sea notable no es simplemente la forma en que fabrican sus terminales, sino el ejemplo que dan en la industria, lo que inspira a otros a crear teléfonos más sostenibles y éticos.

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