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Las mayores excentricidades de los magnates tecnológicos en la oficina (y fuera de ella)

Todos tiene una mente brillante pero cada uno con sus peculiaridades. Quizá son (o fueran) sus extraños métodos para potenciar la creatividad o, simplemente, para ser más eficientes en sus quehaceres diarios, pero lo cierto es que los mayores magnates de la tecnología pueden permitirse cuantas rarezas les vengan en gana en su día a día. Nadie se atreverá a cuestionarlas. Los hay que lo hacen por una buena causa, otros porque les apetece fardar de sus habilidades mentales y aquellos que solamente actúan así para lograr aprovechar cada instante de sus maratonianas jornadas de trabajo.

Precisamente, por aquello de no malgastar el tiempo en vanalidades, Elon Musk ha optado por no tener una oficina fija en ninguna de las sedes que Tesla y Space X posee en territorio estadounidense. Como reconocía recientemente él mismo, prefiere que su escritorio esté situado allí donde más necesaria es su presencia para la toma de decisiones, ya sea en una u otra compañía. “Realmente creo que uno debe liderar desde el frente”, reconocía el empresario de origen sudafricano.


Y no solo eso. Tan empeñado está en su cometido, llegando a realizar entre 85 y 100 horas semanales de trabajo, que incluso en ocasiones se ha quedado a dormir en alguna que otra factoría. El tipo que sueña con llevarnos a Marte ha reconocido que aún estando enfermo ha llegado a pasar la noche en las fábricas de Tesla, reescribiendo el código para poder llegar a la meta que se había marcado en la fabricación del próximo modelo de la firma.

Otro mandamás tecnológico que no parece dispuesto a desaprovechar ni un segundo de su tiempo es Mark Zuckerberg. Nada más lanzar Facebook, decidió que acudiría al trabajo todos los días con la misma ropa. Por si alguien dudaba de que era así, él mismo ha compartido alguna instantánea de su armario en redes sociales, bromeando sobre la elección de la vestimenta de ese día, puesto que siempre lleva la misma camiseta gris y los mismos pantalones. Y cuando refresca, coge la sudadera que, cómo no, es siempre idéntica. Zuckerberg reconoce que el hecho de ir ataviado siempre con la misma ropa le permite no malgastar energía eligiendo si tal camisa combina con tales pantalones, y eso le lleva a disponer de más fuerzas para las importantes decisiones que tiene que tomar cada día.

Descalzo y en el turno de noche

Uno de los más excéntricos magnates de la tecnología de las últimas décadas ha sido, sin lugar a dudas, Steve Jobs. El cofundador de Apple, que también utilizó la misma ropa día tras día durante un tiempo, llegó a ser más radical que el creador de Facebook. De hecho, por no elegir, no elegía ni zapatos para ir a trabajar. En su época en Atari, algunos años antes de fundar con su compañero Steve Wozniak la firma de la manzana mordida, el bueno de Jobs iba a la oficina sin nada que protegiese sus pies. Unido a que no era muy dado a pasar por la ducha y, por tanto, desprendía un aroma singular, los jefes terminaron decidiendo mandarlo al turno de noche.

Ya en Apple, tal y como relata en su biografía oficial Walter Isaacson, Steve Jobs mantenía una extraña costumbre con sus pies. Aunque en esta etapa sí utilizaba algún calzado que otro cuando iba por la calle, durante los primeros días en la compañía no tenía el más mínimo reparo en lavarse los pies en el baño porque reconocía que así aplacaba el estrés que le generaba el trabajo. Claro que, siendo el jefe, cualquiera se atrevía a cuestionarle aquel peculiar rito.

Hombres de palabra

También existen fundadores de compañías de renombre que no tienen reparo alguno en dejar de lado todas sus vergüenzas cuando de reír se trata y, sobre todo, de demostrar que son hombres de palabra. Si no, que se lo digan a Richard Branson, fundador y CEO de Virgin, que no dudó en vestirse de azafata y servir a los pasajeros del vuelo que recorría el largo trayecto entre Perth y Kuala Lumpur como un miembro más de la tripulación de Air Asia, la aerolínea que hace competencia a la suya propia. Ahí es nada.

Todo, porque había perdido una apuesta con el dueño de esta compañía. Ambos magnates se retaron a ver cuál de sus equipos conseguía una mejor clasificación en el campeonato de Fórmula 1. Aunque ni el Virgin Racing ni el el Lotus Racing terminaron la campaña con ni un solo punto en sus casilleros, este último -propiedad también de Air Asia- acabó por delante por obtener mejores resultados. Por esto mismo, Branson tuvo que maquillarse, afeitarse las piernas y servir gentilmente a los pasajeros del vuelo. Eso sí, al margen de la broma, Air Asia se comprometió a donar 77 euros por asiento a una fundación infantil australiana y el 10% de todas las ventas que se realizasen a bordo.

Una memoria infalible o ¿solamente por fardar?

Entre los patrones de este tipo de compañías también los hay que prefieren dejar a un lado los juegos y centrarse en el trabajo, hasta el punto de llegar a perder los papeles. Estos mismo le pasó al hombre más rico del mundo. El fundador de Microsoft, Bill Gates, llegó a reconocer que durante los primeros años de la compañía era capaz de memorizar las matrículas de los coches de sus empleados para así poder controlar con un simple vistazo al parking si estaban trabajando o ya se habían marchado.

“Sabía la placa de todos, para poder mirar en el estacionamiento y ver cuándo entraba la gente, cuándo se iban. Al final tuve que relajarme, ya que la compañía llegó a un tamaño razonable”, reconocía abiertamente Gates. Y es que para el dueño de Microsoft el tiempo es oro y en el trabajo no se puede desaprovechar ni un solo instante. Por esto mismo, para mejorar su eficiencia, cuenta que en su despacho aún tiene hasta tres monitores para poder ir realizando diferentes actividades al mismo tiempo. También habrá quien piense que tan excéntricas costumbres, más allá de una genial forma de mejorar la eficiencia de su compañía y de sus quehaceres, no son en realidad más que un alarde de sus enormes capacidades mentales.

Sea como sea, lo cierto es que son muchas y muy variopintas las excentricidades de estos directivos y empresarios tecnológicos. Por suerte o por desgracia, entre ese listado tan solo al creador de Telegram, Pável Dúrov, se le pasó por la cabeza lanzar billetes de 5000 rublos rusos (a día de hoy algo más de 71 euros) por la ventana. En total, Durov, de 32 años de edad, lanzó avioncitos de papel hechos con billetes por valor de 2.000 dólares sobre una multitud de personas que a mediados de 2012 transitaban por el centro de San Petersburgo en pleno fin de semana.

La acción provocó más de una pelea entre las personas que intentaban hacerse con uno de los billetes. Mientras, Durov, acompañado de trabajadores de su empresa, contemplaba la escena desde el balcón y grababa las imágenes en vídeo. Según explicó con posterioridad, se trataba simplemente de “divertirse y crear una atmósfera festiva” durante una reunión de trabajo. Y aunque a todos los anteriores magnates tienen su cuenta corriente bastante holgada, solo a este ‘enfant terrible’ de la tecnología ruso se le ocurrió tan alocada acción. ¿Alguien más se animará a repetir?

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Con información de Business Insider, Independent, Entrepreneur, The Guardian, ElPais, Time y TechCrunch. Las imágenes de este artículo son propiedad de JD Lasica, Alicia Zinn y Wikipedia.

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