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Diez momentos ‘eureka’ que convirtieron ideas casuales en negocios multimillonarios

Un día, Arquímedes estaba tranquilamente dándose un baño y pensando en sus cosas. De repente, algo le vino a la cabeza y exclamó una expresión que se ha hecho famosa con los años: “¡Eureka!” (En griego “εὕρηκα héurēka”, que significa “¡Lo he descubierto!”).

El físico, inventor, astrónomo (y más) se había dado cuenta de que el agua de la bañera se desbordaba y llegó a la conclusión de que el volumen que había ascendido tenía que ser igual al que él ocupaba. Y lo mismo debía de ocurrir con todos los cuerpos del planeta. Cuentan los cronistas que se puso tan contento que olvidó vestirse, y salió corriendo desnudo por las calles de Siracusa.

Lo que le pasó a Arquímedes no es más que un ejemplo de lo que todo el mundo sabe: que la creatividad se potencia en el baño. Muchos hallazgos ocurren de casualidad y algunas ideas surgen de ciertas situaciones más o menos cotidianas que acontecen a sus creadores. Los casos famosos abundan y seguro que, al menos, conoces los inventos de sus protagonistas.

Problemas de comunicación

En 1992, cuando se abrieron las fronteras de la Unión Soviética, la familia de Jan Koum se trasladó de la aldea cercana a Kiev donde vivían a los Estados Unidos. Sin embargo, su padre tuvo que quedarse en Ucrania trabajando. Por aquel entonces, las líneas de teléfono no unían todos los puntos  del planeta, y tampoco eran seguras, así que el joven Koum no podía llamar a su país. Probablemente esta frustración le llevó a crear algunos años más tarde una herramienta que permitiera a la gente comunicarse de manera instantánea: WhatsApp.

Las complicaciones de un bautizo

En el caso de Amazon, uno de los momentos ‘eureka’ más claros tuvo lugar a la hora de elegir el nombre para el retoño de Jeff Bezos, el fundador de la página. Cuando la web aún era solo el proyecto de una librería ‘online’, el estadounidense pensó en bautizarla con el nombre de Abracadabra, por la magia del proyecto, y luego como Relentless.com (de hecho, esa dirección te lleva a la página de Amazon). Sin embargo, la decisión final la tomó al encontrarse con la palabra ‘Amazon’ en el diccionario (Amazonas en inglés). Qué mejor nombre para la mayor librería que el del río más largo del mundo.

Un hallazgo clave

Una tarde, Bill Gates y su amigo Paul Allen se encontraron un ejemplar de la revista Popular Electronics en cuya portada aparecía uno de los primeros ordenadores: un Altair, que llevaba incorporado un procesador Intel de los más avanzados del momento. Los dos chicos tomaron una decisión: tenían que diseñar el ‘software’ para aquel aparato antes de que otro se adelantara. Así, modificaron su programa inicial (el Basic) y crearon la empresa que originariamente bautizaron como ‘Micro-Soft’.

En el coche de papá

Jugar al Tetris para meter mil cosas en el maletero del coche es una costumbre popular, sobre todo en verano. Sin embargo, esta práctica se le da mejor a unos que a otros. El sueco Ingvar Kamprad se encontraba en la tesitura de tener que meter una silla en su vehículo, pero no había manera de lograrlo por culpa de sus patas. ¿Por qué no facilitar las cosas y vender los muebles empaquetados de una forma más compacta? Dicho y hecho. Kamprad es el fundador de IKEA y aplicó esta filosofía a todos sus productos.

Con empeño todo se consigue

Ben Silbermann, el fundador de la red social Pinterest, quería asegurarse de que la versión que sacaba al mercado era la mejor, así que hizo 50 diferentes. Para realizar los cambios más oportunos, a Silbermann se le ocurrió contactar personalmente con cientos de usuarios e instalar Pinterest de forma secreta en todos los ordenadores de la tienda de Apple de su ciudad. Esto es perseverancia y lo demás son tonterías.

Di patata

Al estadounidense Nick Woodman lo que le iba era el surf. Woodman quería inmortalizar los emocionantes momentos que pasaba sobre la tabla, pero el mar es demasiado impredecible para sujetar una cámara corriente sin que acabe en el agua. Así que al surfero se le ocurrió inventar un dispositivo que pudiera permanecer fijo en la tabla mientras él tenía total libertad de movimiento. Se llama GoPro. ¿Te suena?

El tiempo es oro

Samuel Morse, la idea más importante de su vida se le ocurrió después de recibir una fatídica carta mientras estaba de viaje en Nueva York. La misiva decía que su esposa estaba convaleciente debido a una enfermedad grave. Cuando Morse llegó a su hogar en New Haven (Connecticut, EE UU), ya era demasiado tarde: su mujer, Lucrecia, había muerto. Unos años más tarde desarrolló una forma de comunicación mucho más rápida: la telegrafía.

Bebidas que dan alas

Dietrich Mateschitz trabajaba para una empresa de cepillos de dientes cuando tuvo que hacer un viaje a Tailandia con su compañía. Allí, se le ocurrió pedir una bebida en el hotel donde se hospedaba para ver si conseguía recuperarse del duro ‘jet lag’ y le ofrecieron un brebaje (llamado ‘Kratinf Daeng’, ‘búfalo rojo de agua’ en español) con un extraño sabor que le enganchó. Mateschitz se ha hecho rico comercializando un líquido revitalizante con gusto a jarabe, el Redbull.

Una mujer lista

La inglesa Caresse Crosby patentó el sujetador en 1914, con tan solo 23 años. La joven era aficionada a los bailes de salón y para caber en los ceñidos vestidos de entonces necesitaba embutirse en un corsé. Cuando se probó el traje se dio cuenta de que se veían algunas de sus cintas, así que cambió de táctica: con ayuda de una criada se colocó unos pañuelos de seda en el busto, unidos por una tira de tela y los ató a su espalda con un cordel. Le debió funcionar a las mil maravillas, así que decidió compartir su idea (que bautizó como ‘Backless Brassiere’) con el resto del mundo. Para que nos entendamos, inventó el sujetador de toda la vida.

Comida rápida

Saca el contenido del envase, hierve un poco de agua, remueve durante tres minutos y listo para servir. Los ‘noodles’ instantáneos son un gran invento que ahorra tiempo a millones de personas. Al japonés Momofuku Ando (el inventor de la sopa ‘ramen’, ahora transformada en ‘noodles’) se le ocurrió la idea una noche de 1957. Cuando volvía a casa desde la fábrica donde trabajaba en Osaka vio una larga cola de gente esperando para tomar sopa caliente, porque tardaba demasiado en cocinarse. Ese fue su momento Eureka.

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Con información de Financialpost.comJewish BusinessFinancial TimesThe Guardian y The Economist.

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