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Diez gatos que fueron muy famosos sin necesidad de internet

Los gatos son los actuales reyes de la web, sus vídeos cuentan con millones de vistas y todas sus hazañas se vuelcan a la Red. Pero el fenómeno gatuno no es exclusivo de la nueva era: los felinos alcanzaron la fama mucho antes de la aparición de internet, conoce el Día de Internet. Con gatos escaladores, videntes, reconocidas figuras políticas y hasta héroes de guerra, los periódicos de la época reflejan la pasión humana por estos enigmáticos mininos. Hoy 20 de febrero, Día Internacional del Gato, recordamos a estos pioneros de cuatro patas.

 

 

 

Felicette, la primera astronauta

Felicitte es el primer gato que salió de la atmósfera terrestre y volvió para ‘contarlo’. Esta gata blanca y negra fue elegida entre más de otra docena de felinos en el marco de una investigación biológica lleva a cabo por el centro francés CERMA. En 1963, ‘The Glasgow Herald‘ contó cómo el cohete espacial Veronique, que llevaba a Felicitte en su interior, despegó del desierto del Sáhara. El animal viajó en un pequeño habitáculo y allí permaneció en gravedad cero durante quince minutos. Pasado ese cuarto de hora, el cohete descendió y liberó la cápsula de la gata, que cayó en paracaídas hasta la superficie terrestre.

El gato Conquistador

En agosto de 1850, un gatito escaló una de las montañas más famosas de los Alpes, el monte Cervino. Según contaron los alpinistas a los periodistas, Matt tenía 10 meses cuando logró la proeza y lo hizo sin ir acompañado de ningún dueño ni, por supuesto, contar con toda la ayuda imprescindible para la supervivencia de cualquier escalador: cuerdas, reservas de comida y agua, mapas, etcétera.

El felino vivía en el Hotel Belvedere, situado en Hörnli, un acceso habitual para subir a la montaña. Una mañana, el animal decidió pasar de la observación a la acción y siguió la ruta de los escaladores. En su trayecto, a veces acompañaba a los caminantes durante algunas etapas, pero al final siempre continuaba solo. Cuando unos montañeros le vieron en la cima, a 4.478 metros, no se lo podían creer y, como recompensa, compartieron su comida con él.

Varios diarios le apodaron el Gato Conquistador. “Seguro que tendremos más noticias acerca del gato alpino. El monte Everest se dibuja en el horizonte”, señaló ‘The Sidney Morning Herald‘.

Un tripulante a bordo del gran zepelin América

Entre los pasajeros de América, un gran globo dirigible que perseguía cruzar el Atlántico, se encontraba Kiddo, un pequeño gato que irónicamente era reacio a volar. “El joven gato gris, traído a bordo del globo como una graciosa mascota, maullaba incómodo ante el extraño entorno”, relató el capitán Walter Wellman al periódico ‘Clinton Mirror‘ en 1911. Uno de los responsables del viaje, que no quería que el gato le quitara el sueño por las noches, insistió en que el animal tendría que abandonar el aparato, pero un piloto le quitó la idea de la cabeza al sentenciar que, cuando un gato abandona una nave, la mala suerte cae sobre la tripulación.

A pesar de que el felino se quedó, el zepelin cayó sobre el océano sin alcanzar su objetivo. Quizás la buena suerte consistió en que todos los pasajeros fueron rescatados, incluido el gato. Tras pasar por varias familias, la hija del capitán Wellman, Edith, adoptó a Kiddo, que ya pudo vivir tranquilo en tierra firme.

A falta de buenos meteorólogos

Un gato persa de Baltimore se hizo célebre por poseer un don especial, según el relato de su dueña, Fanny Shields: Napoleón podía predecir cuándo iba a llover. La mascota dormía con ella en la cama todos las noches, a su lado, pero cuando se avecinaba lluvia, se colocaba encima de su tripa, con la cabeza entre las patas.

Este comportamiento se hizo notable durante una larga sequía en el año 1930. Tras 43 días en los que ni una gota de agua cayó del cielo y a pesar de que los meteorólogos pronosticaron más días secos, Napoleón cambió su postura nocturna habitual y se colocó encima de la tripa de su dueña. Shields enseguida llamó al periódico de la ciudad y les anunció que llovería como, efectivamente, sucedió.

El desertor

El cometido diario de Albert era mermar la población de ratones del tren Wrenthorpe Yard de Inglaterra. A cambio de este trabajo, recibía alojamiento y comida. El animal atrajo el foco mediático de entonces porque, al parecer, sus obligaciones le aburrían y se tomaba grandes periodos de descanso. De hecho, sus vacaciones se llegaron a alagar casi un año. Sucedió en octubre de 1933, cuando el gato ratonero se esfumó para no volver a aparecer hasta agosto de 1934. De vuelta en su pueblecito, Wrenthorpe, tan solo permaneció allí unos meses, desapareció y decidió volver por Navidad. Al parecer, sus ansias viajeras se habían calmado y continuó durante años la caza de ratones allí.

Heroína en la Segunda Guerra Mundial

Faith, como se conocía a esta gata atigrada, saltó a la fama por salvar a su cachorro durante un bombardeo en la Segunda Guerra Mundial. La felina vivía en una iglesia de Londres, St. Augustine Watling Street, y los diarios locales cuentan que allí dio a luz a un único hijo, Panda, un pequeño minino blanco y negro. El día antes de que se produjera el bombardeo sobre la ciudad, madre e hijo se desplazaron desde una esquina del piso superior hasta un lugar más resguardado en la planta baja y, de esta manera, salvaron su vida.

La iglesia quedó totalmente destruida, pero ambos animales sobrevivieron, relató ‘The Evening Independent‘. Una placa conmemorativa recuerda a la afortunada familia. Además, su historia cruzó las fronteras del país: una asociación de Nueva York concedió a Faith una medalla.

La mascota de Downing Street

Muchas de las mascotas que han pasado por el número 10 de Downing Street, la casa del primer ministro de Reino Unido, han alcanzado cierta fama. Uno de los gatos más célebres que han tenido el lujo de vivir en la residencia oficial fue Munich Mouser, del político Neville Chamberlain, que gobernó el país entre 1937 y 1940.

También conocido como «el gato negro de Downing Street», llegó a convertirse en toda una figura política. La célebre revista LIFE le señaló como el símbolo de cambio de Inglaterra y los amantes de estos felinos se enamoraron de él. Cuando la familia Chamberlain dejó la casa, la mascota se quedó e hizo compañía a su nuevo residente, Winston Churchill. Finalmente, falleció en 1943 con siete años. ‘Herald Tribune’ publicó una foto suya tras su muerte y numerosas británicos lloraron el acontecimiento.

Una soldado de Pearl Harbor

Una vez más, un gato dedicado a la noble caza de ratones se convirtió en una figura célebre. Muchos gatos se utilizaban en los barcos de la marina estadounidense para que capturaran a los roedores y no se vieran afectadas las reservas de comida de la tripulación. Princess Papule se encargaba de esta tarea. Más comúnmente llamada Pooli, nació en uno de los astilleros de Pearl Harbor y el marinero James Lynch la recogió y se la llevó con él. Tras pasar por varias batallas, consiguió hacerse notar en la marina, aunque no precisamente por su valentía. Cuando sonaban las alarmas que indicaban el comienzo del combate, la gata se dirigía corriendo a la sala de Correos y allí se escondía entre los paquetes.

Recordada como una veterana de guerra, Pooli aparece en una fotografía con 15 años y ataviada con un bonito uniforme en el que se observan las condecoraciones recibidas.

La estrella de Chicago

Mike, que a pesar de su nombre era una gata, se convirtió en una estrella en el Teatro Auditorio de Chicago. El animal llegó al edificio tras salir de un desfile político. Un botones le puso su nombre y, cuando vieron que su intención era quedarse allí más tiempo, los empleados le colocaron una pequeña alfombra donde poder dormir.

Debido a lo insigne de su nuevo hogar, la gata ha pasado por los brazos de personajes ilustres, desde príncipes hasta personajes políticos y actores. ‘The Evening News‘ habla de su aversión hacia los perros y destaca una de sus peleas más sonadas, cuando desafió a las mascotas de Olga Nethersole y Patrick Campbell, actrices británicas.

2.500 km para encontrar a su familia

Los dueños de Clementine dejaron atrás a su mascota cuando se mudaron a otra ciudad. El relato, publicado por el ‘Gadsden Times‘ en 1971, es un historia propia de cuento, ya que la gata viajó más de 2.500 kilómetros para reencontrarse con su familia, a pesar de que nunca había estado en el nuevo hogar. Clementine estaba embarazada y esperó a dar a luz para esfumarse. Tras cuatro meses, su familia se la encontró en la puerta de su nueva casa en Denver. Nadie pudo averiguar cómo la inteligente gata pudo encontrar el camino.

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