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Diez cosas que usas a diario y no sabías que dañan tanto el medioambiente

La Unión Europea le ha declarado recientemente la guerra al plástico, lo que significa que dentro de unos años, concretamente a partir de 2021, productos tan cotidianos como platos y cubiertos, vasos y pajitas para beber, además de los envases de poliestireno para comida rápida, serán cosa del pasado. Estos plásticos, según cálculos de la Unión Europea, representan cerca del 70 % de los deshechos que contaminan las aguas y las playas del territorio comunitario y el objetivo de la medidas es erradicar el uso de artículos de plástico para los que existen ya alternativas en materiales que no dañan el entorno.

Esta medida ha sacudido la conciencia de muchos ciudadanos, y es que lo cierto es que muchas veces no se es consciente de la repercusión que tiene nuestra cesta de la compra en la conservación del medioambiente. Alimentos básicos para nuestra dieta, cosméticos habituales en cualquier hogar, artículos de lo más familiares… Hoy os presentamos una lista de la compra corriente, más allá de las bolsas de plástico, que puede provocar daños irreversibles en la ‘Pachamama’:

La crema solar, enemiga de los océanos

Ya nos lo decían nuestros padres en la playa al meternos al agua y salir: “¡ponte crema otra vez!”. Efectivamente, buena parte de la crema solar se queda en el agua cuando nos damos un baño. Científicos del CSIC han estado estudiando el impacto humano en varias playas de Mallorca, descubriendo que los protectores se quedan en la capa superior del mar debido a su mala disolución con el agua. Algunos de estos compuestos matan el fitoplancton, que supone el primer eslabón en la cadena alimenticia del mar, y otros fomentan el crecimiento de algas que alteran los ecosistemas marinos. El problema es que de momento no existe alternativa ecológica al protector solar y abrasarse la piel no es una opción, por lo que la pelota está ahora en el tejado de las empresas de cosméticos y las farmacéuticas, que deben encontrar una versión viable para el medioambiente.

Los cosméticos y detergentes con microesferas

Seguramente hayas visto estas microesferas en las pastas de dientes, las cremas faciales o en el detergente del lavavajillas. Se trata de pequeñas piezas de plástico empleadas en gran variedad de productos del hogar para añadir así una función exfoliante o para dar color y textura. Greenpeace ha señalado el grave problema que suponen estos diminutos plásticos para los mares, donde además son alimento de peces, lo que implica que acaban formando parte de la comida de los seres humanos. Países como Estados Unidos y Australia ya han prohibido su uso a las empresas.

¡Ojo con el aceite!

España es, sin duda, el reino del aceite, el producto más indispensable de nuestra cocina. El problema es la poca concienciación que tenemos acerca de las consecuencias que tiene no reciclarlo, puesto que dos de cada tres litros de aceite de freír siguen terminando en el fregadero. Aunque muchos lo ignoren, es un atentado ecológico. Se estima que un litro de aceite usado y tirado por el sumidero puede llegar a contaminar hasta 10.000 litros de agua, formando una película que dificulta el paso del oxígeno y que ocasiona graves problemas ambientales. Paradójicamente, si lo reciclamos puede ser utilizado para hacer combustibles ecológicos y jabones.

El sushi, un capricho excesivo

Los biólogos han estado advirtiendo en los últimos años que el ‘boom’ a escala mundial del sushi podría tener consecuencias colosales para el medioambiente. Los altos índices de consumo de este plato japonés han puesto en riesgo las poblaciones de atún en el océano. De hecho, según la Universidad de Columbia Británica la humanidad cuenta solo con un 2-3% de las reservas pesqueras de atún que teníamos hace 200 años. La industria ha comenzado a cultivar salmón en jaulas en mar abierto para aliviar la presión, pero esto no convence a los ecologistas.

La purpurina… otro serio problema para el mar

Los amantes de las fiestas rimbombantes deben cortar el grifo de la purpurina. Este popular material hecho de microescamas plásticas (en concreto plástico, aluminio y tereftalato de polietileno, más conocido como PET) ha conseguido escaparse de las normativas estadounidenses contra las microesferas de los cosméticos y detergentes. Los científicos no entienden muy bien esta excepción, puesto que claramente se trata de un microplástico que tiene las mismas consecuencias nefastas para los océanos y el medioambiente. 

No obstante, ya existen alternativas, como la purpurina biodegradable, un material que brilla igual, pero sin el impacto ambiental de la tradicional, que procede de la mica sintética (la mica es uno de los principales componentes del granito). La mica sintética se hace en un laboratorio. Es más pura y, por lo tanto, más brillante que la natural. También tiene un acabado más uniforme y, sin bordes afilados, por lo que es especialmente adecuada para los productos de maquillaje que se utilizan en áreas delicadas, como los ojos.

Las almendras, un alimento demasiado derrochador

Que la industria cárnica sea una de las más contaminantes del planeta no quita para que otras industrias de alimentos saludables también sean muy perjudiciales. Con la leche de almendras de moda, la demanda de este fruto se ha disparado, y el mayor productor del mundo, California, está sufriendo las consecuencias. Se necesitan más de 4 litros de agua para producir una sola almendra. Imagina ahora la grave sequía que puede estar provocando este hecho en la región que produce el 80% del suministro de almendras mundial. Y es que el clima mediterráneo de California propicia este cultivo, que se ha expandido considerablemente en los últimos años, favorecido por la creciente popularidad de la dieta mediterránea en la que los frutos secos son parte esencial. 

El azúcar, una amenaza marina

A casi todos nos encantan las galletas y los dulces, pero la producción masiva de azúcar, un ingrediente presente en casi todos los alimentos a día de hoy, está suponiendo una seria amenaza para la vida marina. Desde el Fondo Mundial para la Naturaleza señalan que la industria azucarera produce aguas residuales y desechos sólidos que a menudo no son tratados adecuadamente para convertirse en agua dulce. Cuando esto sucede, los residuos absorben todo el oxígeno disponible, lo que provoca la muerte masiva de peces en lugares tan emblemáticos como el Delta del Mekong, en Vietnam.

Despídete del papel ‘film’ y los ‘tuppers’

Estos dos métodos de conservación se han convertido en grandes aliados de la sociedad moderna, especialmente para los más jóvenes. El caso es que un ‘tupper’ de plástico puede tardar más de 500 años en degradarse y el papel ‘film’ es uno de los desechos mal reciclados más habituales. ¿La solución? Pasarse a los ‘tuppers’ y recipientes de vidrio y aluminio para guardar nuestras sobras y optar por el papel de aluminio para envolver el bocadillo, mucho más fácil de reciclar que el plástico.

Los bastoncillos, “asesinos de animales”

Se considera que un 60% de la basura de origen humano que se libera a las aguas residuales se debe a los bastoncillos, que acaban siendo ingeridos por pájaros y peces que mueren por intoxicación y heridas internas. La Unión Europea parece que seguirá los pasos de Escocia, que ya los ha prohibido, ya que no son necesarios según la Universidad de Harvard, que señaló en 2017 tras un estudio que tener cera en el oído ni es problemático ni es antihigiénico. El origen del problema con los bastoncillos proviene de la arraigada costumbre de muchas personas de tirarlos al inodoro después de utilizarlos. Al ser tan pequeños y estrechos, pasan fácilmente por los filtros utilizados por las depuradoras, de modo que terminan depositándose en los fondos marinos, con terribles consecuencias para los ecosistemas oceánicos.

Las cápsulas de café… y el propio café

Las compañías que producen este tipo de máquinas de café con cápsulas se han visto obligadas a crear sus propios sistemas de reciclaje, ya que varias administraciones han empezado a prohibir estos envases. Precisamente porque al no estar consideradas como un envase, no pueden desecharse en el contenedor amarillo como ocurre con otros productos similares. Esto se debe a que están compuestas por una mezcla de plástico y aluminio que, además, no se separa de su contenido como los envases convencionales, por lo que portan desechos orgánicos que hacen más difícil su reciclado.

El café está en el punto de mira también por su modelo productivo: si anteriormente se cultivaba en zonas sombreadas que respetaban el hábitat de los animales e insectos, el fuerte aumento de la demanda ha propiciado un cambio negativo. Hoy, muchas plantaciones se cultivan bajo la luz directa del Sol, lo que permite que el café crezca más rápido, pero requiere de más fertilizantes químicos y provoca la deforestación de las zonas tropicales. De hecho, decenas de variedades que se daban debajo de las copas de los árboles en al menos tres continentes están en riesgo de desaparecer para siempre en su hábitat natural por el cambio climático y la deforestación.

Muchas administraciones y empresas ya se están poniendo manos a la obra para buscar alternativas menos dañinas a estos productos de uso común que son más dañiños para el medioambiente de lo que podríamos esperar. Sin embargo, como consumidores siempre podemos tomar medidas y hacer un esfuerzo desde nuestra humilde posición para contribuir con la conservación de nuestro planeta.


Con información de Huffington Post, Greenpeace, WWF, Brit+CoEl País, BBC y El Español. Imágenes de Public Domain Pictures, Pixabay (1, 3, 4, 5, 6, 7, 9 y 10), Pxhere y Wikipedia Commons.

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