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Cómo los drones pueden contribuir a cuidar este planeta que llamamos hogar

Los drones han existido durante mucho tiempo, especialmente con fines militares. Pero solo hace relativamente poco que se convirtieron en lo suficientemente pequeños y rentables para la investigación científica. Así, mientras que antes los científicos solo podían tomar datos y fotografías de la superficie terrestre con satélites y avionetas, ahora pueden aprovechar las ventajas de estos aparatos en sus estudios: identificar animales, detectar especies vegetales que sufren estrés, vigilar la evolución de especies amenazadas, crear mapas 3D, predecir inundaciones, estudiar la proliferación de algas en el mar o hallar fugas en la producción de combustibles son solo algunas de sus aplicaciones.

Los ambientalistas también están descubriendo hasta qué punto las imágenes aéreas pueden ser efectivas para interesar al público, ya que los drones permiten a las personas hacerse preguntas y mirar las cosas más de cerca, cosas que quizás no hayan podido ver antes: en lugar de solo ver un árbol, podemos ver hojas individuales; o en un arrecife podemos ver los diferentes corales, algas, arena, peces… cosas que simplemente no se pueden ver desde los satélites.

Además, la tecnología de estas aeronaves no tripuladas ha abierto un campo que hasta ahora solo estaba al alcance de muy pocos, ya que filmar el mundo a vista de pájaro estaba reservado solo para aquellos que tuviesen un gran presupuesto o, directamente, un helicóptero. Hoy, con la llegada del dron comercial (más pequeño, barato y eficiente), cualquier persona tiene al alcance de sus manos grabar durante unos minutos desde las alturas, como si de un ave se tratase y sin la necesidad de grandes desembolsos.

Un mundo lleno de posibilidades

Este significativo avance, además de cautivar a curiosos y entusiastas, ha ocasionado toda una revolución en la comunidad científica, donde ha emergido un sinfín de posibles aplicaciones para expandir, desarrollar y afinar todo tipo de investigaciones. No en vano, a día de hoy los drones pueden ir equipados para todo tipo de misión: dotados de cámaras digitales para identificar plantas, animales y superficies; con cámaras térmicas para detectar el calor de seres vivos; con un instrumento de imagen hiperespectral, para poder interpretar una gama más amplia de longitudes de onda que la del ojo humano o con un dispositivo LIDAR (Light Detection and Ranging), que mide la distancia y la altura de un objeto a través de un sensor láser y que se utiliza para crear mapas interdimensionales. Incluso tecnología inalámbrica para poder ver a través de las paredes.

Poder acceder a ángulos y zonas donde el hombre no puede llegar con facilidad ha sido de gran ayuda para ciertos sectores industriales, consiguiendo disminuir los riegos, los costes y los tiempos. En el mundo de la ingeniería, por ejemplo, los drones están siendo utilizados tanto para poder vigilar y mantener un control de grandes estructuras como puentes o tuberías como para identificar fugas de metano en la industria del petróleo del gas o poder supervisar las instalaciones de plantas eólica y solares. Tediosos trabajos que antes requerían de muchos medios y de peligros añadidos para los empleados.

Pero el verdadero alcance de los drones reside en que está permitiendo abrir nuevas vías de investigación que hasta el momento estaban inexploradas. El profesor Christopher Zappa, por ejemplo, lleva años estudiando la física de los océanos y el clima en el Ártico y fue de los primeros científicos en interesarse por incluir aviones no tripulados para sus investigaciones. Gracias a los drones, Zappa está consiguiendo analizar con éxito el espesor del hielo marino con una tecnología de imagen hiperespectral.

Zappa ya utilizaba estos instrumentos antes para sus estudios de la capa de hielo, pero desde un enorme barco. Los drones le han permitido alejarse de las superestructuras desde las que los científicos hacían sus mediciones para poder estudiar el medioambiente sin influir en él. “Estos drones me permiten alejarme de la nave y medir todo lo que quiero en un océano tranquilo”, explicaba el profesor.

Hasta el momento, la mayoría de los oceanógrafos no se preocupaban de los primeros 10 metros de océano en contacto con la superficie, ya que el agua estaba siendo molestada por el barco y estudio no servía. “Todo mi estudio se centra en esos 10 primeros metros de océano y 10 metros inferiores de la atmósfera, porque es donde realmente interactúan estos dos elementos. Así que para mí es crucial alejarse de la nave y analizar tanto la atmósfera como el océano sin que estos sean molestados por el barco”, aclaraba Zappa.

Otro profesor universitario de ciencias medioambientales, Markus Hilpert, ha desarrollado un dron que sirva para medir la contaminación del aire emitido por las chimeneas industriales. Al igual que en el campo de investigación de Zappa, los estudios actuales estaban limitados a las mediciones desde un punto concreto. Gracias al dron, este equipo de científicos podría reunir datos sobre la contaminación desde distintas altitudes para estudiar cómo se dispersan los contaminantes en el medioambiente. Sin dron sería casi imposible y muy peligroso reunir este tipo de información.

Los usos medioambientales de los drones parecen, de hecho, tender a infinito. Por ejemplo, uno que pueda volar cerca de los cultivos recogiendo hojas y muestras ayudaría a analizar la salud de la cosecha o identificar alguna mala hierba. Donde más cerca están de perfeccionar esta idea es en Nebraska, donde ya han puesto en funcionamiento un dron que recoge muestras de agua y analiza su calidad para determinar si existen aguas tóxicas o si hay especies invasoras en áreas de difícil acceso. El dron recoge agua con un tubo de un metro de largo mientras vuela y en el momento analiza su temperatura y salinidad.

La deforestación del planeta a vista de pájaro

La deforestación y la degradación de la tierra son problemas importantes, pero a menudo son difíciles de ver desde el suelo. Por ejemplo, en Myanmar, la FAO está utilizando vehículos aéreos no tripulados como parte de un proyecto para monitorizar el uso de los bosques y la tierra a fin de garantizar que se utilicen de manera sostenible. Aunque las comunidades locales a menudo conocen la situación sobre el terreno, se necesitan pruebas para compartir con el gobierno y permitirles implementar políticas. Anteriormente, esta información se recopilaba manualmente, viajando por tierra a pie para evaluar la situación e informar. Pero con bosques que cubren áreas tan vastas, es casi imposible obtener una imagen precisa de esta manera. Las fotos y videos de los drones destacan el estado de la tierra desde arriba, proporcionando fácilmente la evidencia necesaria para tomar decisiones informadas.

La evaluación de los efectos de los desastres naturales también es un campo importante de utilización de los drones. Por ejemplo, Filipinas es uno de los países más propensos a desastres naturales del mundo. Entre 2018-2019, 21 tifones azotaron el país. La evaluación rápida de los daños es vital para iniciar el proceso de reconstrucción. Por ejemplo, a principios de 2019, el fenómeno de El Niño provocó una sequía significativa que afectó los cultivos en todo el país. Sin embargo, el Departamento de Agricultura ya había desplegado vehículos aéreos no tripulados en el área y pudo confirmar qué cultivos estaban luchando por el agua y dónde estaban ubicados. Al no tener que evaluar la situación en persona, el gobierno ahorró tiempo y recursos.

Un gran apoyo para la conservación de las especies

Los drones se han convertido, sin duda, en la joya de las disciplinas relacionadas con las ciencias biológicas y medioambientales. En el estudio del reino animal se están haciendo un hueco considerable, especialmente en la supervisión de áreas de conservación marina. Gracias a los estudios realizados con drones por la Universidad de Duke, las focas grises están regresando a las costa noreste de América del Norte y gracias a un dron de los investigadores de Ocean Alliance, se han tomado muestras del vapor de agua que las ballenas expulsan por su lomo, pudiendo hacer un análisis del ADN y conocer más en profundidad el microbioma de estos mamíferos gigantes.

Otra aplicación diferente de la tecnología de drones ecológicamente responsables es su uso para filmar hipopótamos en África. Se ha demostrado que esta es una herramienta eficaz y asequible para los conservacionistas, que les permite monitorizar las poblaciones de especies amenazadas. Estudios de la Universidad de Nueva Gales del Sur muestran que el método con drones es tan efectivo como los levantamientos terrestres para estimar el número de hipopótamos. Y la tecnología además permite hacerlo a una distancia segura (el hipopótamo es el animal más mortífero de África), especialmente para áreas remotas y acuáticas.

Pero los drones no solo ayudan a la investigación científica en relación con el medioambiente. De hecho, también han supuesto un progreso importante para el campo de la arqueología. La mayoría de grandes yacimientos han sido descubiertos de forma fortuita o tras años y años de excavaciones y búsqueda incesante. Ahora, los drones ahorran todo ese tiempo y esfuerzo económico, algo que en tiempos de crisis ha sido recibido con los brazos abiertos. Sin ir más lejos, en España analizar unas 300.000 hectáreas con drones de sensor espectral o térmico puede costar ‘solo’ unos 8.000 euros. Por ese módico precio (tratándose del campo científico), se puede fotografiar y mapear, calle por calle, edificio por edificio, el trazado de una ciudad romana entera.

En definitiva, el potencial de los drones para la investigación científica parece estar a punto de provocar una verdadera revolución. No en vano, aún se trata de una tecnología muy joven con mucho recorrido por delante, pero ya se han convertido en una de las técnicas más relevantes para la ciencia de los últimos años. Y a medida que la lista de usos de los drones continúa expandiéndose, surgirán más formas de salvar el planeta usando un dron en el cielo, revolucionando la forma en que se llevan a cabo los proyectos ambientales y de conservación.


 

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