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¿Cómo funciona el wifi? Una explicación que entendería un niño de 10 años

Cuando un invento complejo pasa a convertirse en un objeto cotidiano, dejamos de prestarle atención. Se transforma en una pieza más de la casa, como una silla o una mesa: no nos preguntamos cómo funciona. Y si, por algún motivo, un día te cuestionas qué tiene ese aparato por dentro y qué hace exactamente, terminarás igual que estabas, tanto si decides leer su manual como si buscas la explicación en Google.

Como no podemos atajar todas las posibles dudas, vamos a centrarnos en una. Hablemos de ese gran desconocido que nos permite conectarnos a internet desde el ordenador sin necesidad de cables: el wifi. ¿A qué se dedica esa maquinita que nos mira con las orejas levantadas desde la mesa del teléfono o recibidor?

Todo comienza con una forma de energía que se desplaza de una manera muy particular. A este tipo pertenecen la luz, las emisiones de radio y televisión, la comunicación de los teléfonos móviles, los rayos X y el wifi: se transmiten por el aire mediante radiación o, lo que es lo mismo, en forma de ondas.

Las ondas lumínicas no son del mismo tipo que las que surgen cuando tiras una piedra al agua, que mueven el líquido arriba y abajo visiblemente. Las producidas por una bombilla o por el ‘router’ transportan la energía como dos fuerzas invisibles, una eléctrica y una magnética (de ahí que se llamen ondas electromagnéticas) que golpean los electrones a su paso.

Al avanzar, estos impulsos varían en intensidad. Por eso experimentan curvaturas y se dibujan como si fueran ‘hilos’ doblados. La parte eléctrica se ondula de arriba abajo y la magnética de izquierda a derecha.

Hay varios tipos de ondas electromagnéticas: la luz, la radio y los rayos X se distinguen por su frecuencia. Esta propiedad viene marcada por lo rápido que suben y bajan esos ‘hilos’ de energía y, por tanto, la velocidad a la que vibran los átomos que golpean. Es lo único que diferencia al color rojo del azul, y al azul de los rayos X.

Otra particularidad de las ondas electromagnéticas es que se mueven rápidamente y a velocidad constante (precisamente, a la de la luz). Para hacerte una idea, piensa en lo que tarda en iluminarse la habitación nada más encender una bombilla. Además, pueden atravesar cualquier objeto, incluidos muros y personas. Se detectan y producen fácilmente.

Volvamos ahora al wifi. Dentro del ‘router’ hay un regulador de intensidad eléctrica, llamado oscilador, que envía ondas electromagnéticas de diferente frecuencia y amplitud (la longitud de las curvas) según el mensaje que se quiera transmitir. El resultado se asemeja a una transmisión por telégrafo: el significado depende de la velocidad y la duración de los pulsos.

De esta variación de la frecuencia vienen las siglas FM (Frecuencia Modulada) y AM (Amplitud Modulada) que vemos en las radios.

Las ondas de radio están dentro de un rango de frecuencias, en el que también se mueven las del wifi, que se desplazan a una velocidad media: ni muy rápido ni muy lento. Cuando las frecuencias son muy bajas, la información no se transmite bien, y cuando son muy altas los electrones vibran tan rápido que salen de los átomos. Por eso los rayos ultravioleta y los gamma pueden resultar dañinos para la piel.

Después de que el oscilador del ‘router’ emita la señal, le toca a tu ordenador o teléfono recibirla. Las antenas cumplen esta función: son una barra metálica con un montón de electrones que sienten la vibración y la transforman de nuevo en el mensaje que termina llegando a la pantalla para que visualices la información.

Si tuviéramos antenas como estas, podríamos escuchar conversaciones telefónicas y ver la televisión sin necesidad de un aparato. Podríamos incluso oír la radio sin cascos. Sería un wifi corporal. Como de momento no es así, tendremos que seguir conformándonos con el método tradicional. Al menos ahora sabes cómo funciona.

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Con información de Romy Ask y NASA. Las imágenes de este artículo son propiedad, por orden de aparición, de Leonid Mamchenkov y Romyasks.com

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