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La comida con solo tocar un botón: breve historia de una gran decepción

Año 2062. La comida se ingiere en forma de píldoras y hay simpáticos ordenadores de cocina que regalan a los habitantes de cada casa sabiduría gastronómica en forma de sabrosos alimentos con tan solo pulsar un botón. Por ahora, no se trata de ningún proyecto alocado de Google, ni del sueño húmedo de los amantes de la ‘internet de las cosas’, sino de una profecía: la que vaticinaban en Los Supersónicos, la serie de dibujos animados de los años 60 ambientada en un futuro de casas flotantes y coches voladores.

Aún falta mucho tiempo para que sepamos si los creadores de Los Supersónicos se equivocaron con la predicción de los ordenadores de cocina, pero sí que se puede afirmar que, por ahora, los intentos de crear una cocina inteligente han sido o bien un fracaso, o bien vamos demasiado lentos respecto a lo que se auguraba.

Un anuncio y una mentira

Los Supersónicos no eran los únicos que dibujaban la llegada de la automatización de la cocina. En 1967, sin ir más lejos, la compañía Philco-Ford – pionera en los comienzos de la radio y la televisión – lanzó un cortometraje que representaba un futuro año 1999 en el que, entre otros muchos avances tecnológicos, la comida llegaría a través de tubos y cintas transportadoras directamente hecha, después de haberla pedido a través de un ordenador.

Lo más parecido que se vio en el final de la década de los 90 fue el iOpener, una máquina pensada para navegar por internet que llevaba en su teclado un botón muy especial: con el dibujo de una porción de pizza, una de las teclas del iOpener abría directamente la web de Papa John’s para que hicieras tu pedido ‘online’. Desde luego, tiene poco que ver con un ordenador que te prepara la comida, pero el resultado al final es parecido: no tocas ni una olla.

Fue también a finales de los 70 cuando llegó lo que pudo parecer el comienzo de la relación entre informática y gastronomía doméstica: el Honeywell Kitchen Computer. Se trataba de un mamotreto anunciado en 1969 que se ponía a la venta por la nada desdeñable cantidad de 10.600 dólares y que, en teoría, servía para planificar los menús familiares en base al plato principal.

“Pero fue una broma”, asegura Paul Atkinson, profesor de diseño en la Universidad de Sheffield Hallam, en Inglaterra. Se trataba tan solo de un Honeywell 316 , un miniordenador de 16 bits pintado de blanco y rojo como parte de una campaña de marketing de los grandes almacenes Neiman Marcus. La gente se interesó por el cacharro, así que se tuvieron que fabricar unas 20 unidades, con 4 Kb de memoria RAM y con las que solo era posible comunicarse a través de código binario y tarjetas perforadas. Obviamente, su precio y su complejidad (y su poca utilidad) impidieron que se convirtiera en un éxito de ventas.

El ‘boom’ de los ordenadores

Veinte años más tarde, los ordenadores empezarían a reproducirse como hongos y a aparecer por todas partes. Sin embargo, poco se avanzó en esa idea de los años 60 de máquinas capaces de dispensar comida ya cocinada después de pedírsela a un ordenador.

Llegaría, eso sí, ‘software’ capaz de calcular el valor nutricional de los alimentos, así como las bases de datos de recetas y los CD-Roms con vídeos de cocina, que comenzaron a despuntar a mediados de la década de los 90 con proyectos como Epicurious que, a día de hoy, sigue siendo una de las bases de datos de recetas más populares, ahora en su versión web.

Quizá lo más parecido a una máquina inteligente en la cocina vino con la Screenfridge de Electrolux, una pantalla que convirtió al frigorífico en un electrodoméstico inteligente en el año 1999. A través de dicha pantalla, el frigorífico sugería recetas y permitía hacer las compras necesarias con su conexión a internet.

Después, todo pareció desvanecerse. En los últimos diez años no ha aparecido ningún otro intento de convertir la cocina en un espacio tocado por la tecnología para evitar los largos ratos entre los fogones. ¿Para cuándo una máquina que cocine por ti? Los robots de cocina son todo un avance, pero aún están lejos de convertirse en algo parecido a un ordenador que prepara al instante lo que quieres comer como respuesta al toque de un botón.

El advenimiento de la impresión 3D

Ahora, en pleno 2019, parece que la idea de una máquina que cocine por ti a golpe de tecnología puede estar más cerca. La comida impresa en 3D es una opción bastante futurista y ‘techie’. A día de hoy, es lo más parecido a aquellas máquinas que cocinaban en Los Supersónicos, aúnque básicamente lo que hacen es ir depositando capas de los ingredientes que tocan en función de la receta que se ha escogido. Y eso acaba constituyendo un plato.

Existen de varios tipos, como la Foodini de Natural Machines, que puede preparar ingredientes frescos o crear una gran variedad de pastas. El único inconveniente es que la comida impresa por esta máquina no está cocinada, así que debemos hacerlo a posteriori, o imprimir comida que pueda ser ingerida cruda.

Otro ejemplo es la impresora TNO creada por la Organización Holandesa para la Investigación en Ciencia Aplicada, que permite fabricar comidas especialmente diseñadas para el consumidor individual, utilizando datos fisiológicos e históricos, con el fin de proveer a cada uno de las cantidades de nutrientes necesarias. El sabor vendría determinado por lo que apeteciera en cada momento, utilizando ingredientes alternativos tales como algas, hojas de remolacha o incluso insectos.

O la marca alemana Biozoon Smoothfood, quer ha fabricado una impresora 3D de comida que usa extrusores, comida líquida y un agente gelificante. Con estos elementos, la máquina recrea la forma y sabor de algo más difícil de tragar, como un alita de pollo, pero capaz de licuarse en la boca, y con todos los nutrientes necesarios para mantener su salud. Está pensada sobre todo para hacerse un hueco en las residencias de ancianos, donde muchos de los usuarios no pueden masticar los alimentos.

Aún así, tendrá que pasar un tiempo antes que las impresoras 3D sean un objeto común en las cocinas caseras, pero los fabricantes van por bien camino y, quién sabe, en unos años más quizás puedas hacer que te impriman el desayuno que más te guste o una cena rápida y deliciosa.

Pero también, junto a esta peculiar forma de cocinar, aparecen nuevas versiones de los clásicos electrodomésticos que, gracias al ‘internet de las cosas’, pueden reinventar y facilitar los procesos necesarios para cocinar. Como por ejemplo los hornos inteligentes, que puedes precalentar desde el móvil y te avisan cuando el asado está listo; o los robots de cocina, como la famosa Thermomix, que se actualiza con acceso integrado por WiFi a más de 40.000 recetas.

Porque eso sí, precisamente ahora, cuando parece que la tecnología avanza en un campo tan futurista como el de la cocina de autor tecnológico, es cuando todos tenemos acceso a millones de recetas distintas a través de la innumerable cantidad de blogs y ‘apps’ sobre gastronomía que circulan por ahí. Nada, por cierto, que no hubiera hecho previamente Conchita Velasco a los mandos de la cocina automatizada (made in USA) de ‘Las que tienen que servir’:

Y, lo más importante: lo hagas tú mismo o lo imprimas en 3D, lo que nunca se te puede olvidar es hacerle una foto a tu plato para subirla a Instagram. Eso es indispensable. Y lo de la cocina futurista anunciada por Los Supersónicos… Bueno, hasta ahora ha sido un sendero plagado de decepciones, pero de aquí a la primera década de los 60 del siglo XXI aún queda mucho. Lo mismo somos capaces para entonces de comer comida de astronauta y usar coches voladores. Tiempo al tiempo.

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Con información de Internet Archive, Wikipedia y Cooking Ideas

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