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100 años desde que una obra de teatro engendró la palabra ‘robot’

Se cumplen cien años del estreno de la obra de teatro que introdujo una nueva palabra significativa en nuestro mundo: ‘robot’. Se atribuye su nacimiento al escritor checo Karel Ĉapek en su obra R.U.R. (Rossum’s Universal Robots). Estrenada el 25 de enero de 1921 en el Teatro Nacional de lo que hoy es la República Checa, no solo dio un nombre a las máquinas cibernéticas que estaban comenzando a surgir, sino que también moldeó la percepción del ser humano sobre lo que es un robot y los peligros potenciales que presentan.

R.U.R llegó en el momento perfecto. El período comprendido entre 1880 y 1930 registró la tasa de cambio más rápida en la historia de la humanidad, con más avances fundamentales en medio siglo que en los 2000 años anteriores. El coche, el teléfono, la telegrafía inalámbrica, la radio, los primeros televisores, la radio, los aviones, el plástico … el mundo estaba inundado de nuevas tecnologías.

Escrita por un autor y crítico checo que recibiría no menos de siete nominaciones al Premio Nobel de literatura antes de su prematura muerte en 1938, R.U.R se podría definir como un «melodrama fantástico», pero era en realidad una sátira muy compleja sobre una serie de temas, incluida la mecanización, el consumismo, el capitalismo, las relaciones laborales, el significado de ser humano y la importancia de tener un propósito en la vida.

El término tiene su raíz en la Iglesia tradicional eslava, siendo su referencia la palabra ‘rabota’, que significa servidumbre de trabajo forzado. Fue una sugerencia de su hermano Josef la que propuso ‘roboti’, para finalmente la palabra ser traducida como ‘robot’ al inglés.

Este es un nombre adecuado para el producto que fabricaba la corporación R.U.R porque estaba diseñado únicamente para trabajar. Sin embargo, estos robots no eran máquinas hechas de plástico y metal estampado que funcionan con baterías y tienen ordenadores como cerebro: eran máquinas biológicas humanoides, más como los Replicantes de ‘Blade Runner’ o los ‘Cylons’ de la ‘Battlestar Galactica’.

Pero quizás el mayor impacto de R.U.R fue en nuestra propia concepción del robot y nuestra relación con él. Las máquinas que parecen personas no son nuevas. Se remontan a los antiguos griegos con la leyenda del dios del fuego y la forja Hefesto, quien construyó un par de doncellas de oro para ayudarlo a moverse en su taller sobre su pierna torcida. En los siglos XVIII y XIX, había todo tipo de ingeniosos artilugios humanoides que podían escribir, pintar, tocar el órgano, supuestamente jugar al ajedrez y realizar otros trucos divertidos. Generalmente se los denominaba autómatas, pero su concepción es muy diferente a la de un robot.

Después de la obra de Čapek, un robot era un trabajador, una máquina que estaba hecha para realizar tareas prácticas. Y en el siglo XXI, con nuestras preocupaciones sobre la privacidad que nos brindan las grandes empresas tecnológicas, los peligros potenciales de la inteligencia artificial futura y el impacto de la tecnología digital en nuestras vidas de formas que no podemos controlar, R.U.R es particularmente relevante.

Porque los robots de la vida real también traen la amenaza y la promesa de la obsolescencia humana. Ciertamente pueden liberar a las personas de trabajos peligrosos, monótonos y degradantes. También pueden mejorar las habilidades humanas actuando como ayudantes y multiplicadores de fuerza. Por otro lado, pueden eliminar a las personas de un empleo remunerado. Esto no solo afecta a los ingresos, sino que también ataca el sentido de propósito de una persona o incluso su identidad fundamental.

Pero nos guste o no, los robots han llegado para quedarse. Y no solo quieren conquistar las fábricas, en las que ya campan a sus anchas, sino que también trabajan como repartidores, vigilantes e incluso abogados. Y es que, aunque suene a ciencia ficción, algunas empresas ya cuentan entre sus filas con más robots que empleados humanos. Sin embargo, la duda aún pende sobre sus cabezas: ¿han llegado para quitarnos el empleo o harán trabajos complementarios a los nuestros para hacernos la vida más fácil?

Para contestar esta pregunta, vamos a hacer un recorrido por los perfiles profesionales más curiosos que hemos encontrado en un supuesto LinkedIn de los robots, que nos dará una buena perspectiva de a dónde podría llevar al ser humano su búsqueda incesante del progreso tecnológico. Hoy, 100 años después, la humanidad, en su mayor parte, mantiene firmemente el control de sus máquinas. Pero, quién sabe, tal vez el 200 aniversario de R.U.R verá a humanos y robots unirse en las celebraciones.

Un robot centinela que ayuda a prevenir el Covid-19

El robot repartidor de Starship Technologies 

K5, un autómata vigilante (y patoso)

El experto cirujano Da Vinci

Flippy, un cocinero que se agobia

Ross, el abogado robótico

Un autómata actor español… de principios del siglo pasado 

El barman de Las Vegas

El famoso ‘rover’ Curiosity

Un poeta automático

Una mascota terapeútica

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