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Catálogo de especies animales que sobrevivieron a su propia extinción

Hoy 22 de mayo se celebra el Día Internacional de la Diversidad Biológica, una jornada en la que, entre otras cuestiones, se quiere poner el foco en la desaparición de especies animales y vegetales a un ritmo acelerado sin precedentes: según la ONU, alrededor de un millón de especies de animales y plantas están ahora en peligro de extinción y muchas podrían desaparecer en tan solo décadas, lo que representa una amenaza a la biodiversidad de una dimensión sin precedentes en la historia de la humanidad.

La extinción de especies es una constante, directamente relacionada con la expansión del hombre y la destrucción de los últimos espacios naturales. Pero también hay especies que parecen empeñadas en desafiar las sentencias de muerte anunciadas por los científicos y, a pesar de haber sido declaradas extintas, aparecen años después vivas y coleando. Incluso muchos años después. El caso más reciente es el de un ave que se extinguió hace más de 130.000 años que ha reaparecido en Madagascar. O un leopardo nublado en la isla de Taiwán, cuyo último ejemplar se encontró en 1983 y ahora ha regresado. Incluso el lagarto gigante de El Hierro, que actualmente se intenta recuperar en la isla canaria tras haber sido dado por perdido durante décadas.

El Ave Fenix que resurgió de sus cenizas (mojadas)

Comenzamos con un claro ejemplo de evolución iterativa. Se trata de una evolución repetida de una especie del mismo ancestro en diferentes momentos de la historia. En este caso hablamos del rálido de garganta blanca, la última especie de ave no voladora del Índico, que ha vuelto a aparecer en la isla de Aldabra (un atolón de coral al norte de Madagascar) tras haberse extinguido hace miles de años. Con la ausencia de depredadores en el atolón, y al igual que el Dodo de Mauricio, los rálidos evolucionaron hasta perder la capacidad de volar.

Sin embargo, Aldabra desapareció cubierta por el mar durante la subida del nivel de los océanos hace unos 136.000 años. ¿Cómo es posible descubrir su existencia tanto tiempo después? Los investigadores estudiaron evidencias fósiles de hace 100.000 años, cuando los niveles del mar cayeron durante la siguiente era glacial y descubrieron que el atolón fue recolonizado por rálidos no voladores. Esto significa que una especie de Madagascar dio origen a dos especies diferentes de rálido no volador en Aldabra en el espacio de unos pocos miles de años, ganándose el título de única ave que han participado en un proceso de evolución iterativa.

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Oculto durante millones de años

La historia del celacanto de Comores, un pez de las profundidades muy esquivo, también sorprendió a la comunidad científica. La especie se creía extinta desde hace nada menos que 65 millones de años. Cuando un conservador de un museo sudafricano encontró un espécimen mientras iba en su barca de pesca, en 1938, la confusión fue inevitable.

Lo más llamativo de este animal, además del hecho de haber permanecido oculto durante tanto tiempo, son sus aletas lobuladas, que sobresalen hacia fuera y se mueven como si fueran dos piernas. También cuenta con un mecanismo que le permite agrandar la boca de manera que puede tragar grandes presas. Este fósil viviente se sumerge hasta 700 metros, puede llegar a medir 2 metros de longitud y pesar 90 kg. Todo un vestigio vivo que, desafortunadamente, se encuentra en peligro de extinción.

como el reptil más amenazado de Europa.

Una leyenda nocturna

Hasta hace muy poco, el perico nocturno formaba parte del mundo de las leyendas. Sus avistamientos en Australia no se llegaban a confirmar y, en consecuencia, el ave fue convirtiéndose en un mito. Su carácter cauteloso y elusivo le ha rodeado de un aura de misterio y los científicos describen a este pájaro como uno de los más difíciles de atrapar. El animal, de color verde, se dio por extinto hace un siglo, hasta que fue encontrado en la década de los 90, cuando se produjeron las primeras confirmaciones de su existencia. Para las pruebas fotográficas hubo que esperar al año 2013, cuando el naturalista John Young fotografió y grabó en vídeo uno de estos pajaritos.

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La mosca colorida

La especie ‘Thyreophora cynophil’ es muy similar a las moscas, aunque fácilmente distinguible por el color de su cabeza, anaranjado o rojo. Como los científicos las perdieron de vista y fueron declaradas extintas durante más de un siglo, un aire mítico y legendario ha envuelto a estos insectos. Para los hombres no existieron durante 160 años, hasta que, en 2012, fueron vistas en España. Concretamente, en La Rioja y en Madrid, aunque también han sido avistadas posteriormente en otras zonas de la península, como Cuenca, Guadalajara y Segovia.

La curiosa mosca se alimenta de carroña y luce llamativos colores además del naranja, como el azul. A pesar de su vistosa apariencia, los investigadores no lograron dar con ella durante años. La especie sale de noche, lo que pudo dificultar que la encontraran, a lo que se suma que los adultos solo aparecen en invierno.

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Un canguro muy bien escondido

Desde los años 30 ninguna persona había podido confirmar la existencia del canguro rabipelado oriental, también conocido como walabí de brida, ya que el animal parecía haberse esfumado. Hasta que en 1976 fue avistado de nuevo en Queensland, en Australia. No ha sido su pequeño tamaño el culpable de esa aparente desaparición, pues el marsupial llega a medir un metro. En realidad, el principal motivo de sus escasas apariciones es que, de hecho, estuvieron al borde de la extinción. Se cree que la colonización europea en el continente casi acaba con la especie por la destrucción de su hábitat, en donde todavía lucha por sobrevivir.

El peligro del cambio climático

El oposum pigmeo de montaña es un pequeño marsupial australiano del tamaño de un ratón -alcanza una longitud de solo 14 centímetros- que fue ‘devuelto a la vida’ en 1996, cuando los científicos pudieron verificar su existencia. Aunque afortunadamente no había llegado a desaparecer, actualmente sí que se encuentra en peligro de extinción y se cree que quedan menos de 2.000 ejemplares en libertad.

Entre los peligros que acechan a este simpático animalillo se encuentra el cambio climático. La especie hiberna durante seis meses al año y la nieve le sirve como medio aislante. Sin ella, los ejemplares de esta especie no podrían dormitar tanto tiempo y tendrían muchas dificultades para conseguir comida el resto del año. Si la temperatura en Australia aumenta, confirmando las previsiones de los científicos, el hábitat del animal quedaría seriamente dañado y, esta vez sí, podría desaparecer para siempre.

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Un siglo y medio dado por muerto

El Carricero picudo se había dado por desaparecido hasta que se volvió a ver en 2006, en Tailandia, casi 140 años después del último avistamiento confirmado. El ave fue capturada por un equipo de ornitólogos de la universidad tailandesa de Mahidol y, para verificar la identidad del ave, los investigadores compararon el ADN del nuevo ejemplar con uno encontrado a finales del siglo XIX. Pocos años después, en 2009, la especie volvió a hacer acto de presencia, esta vez en Afganistán. Concretamente, capturaron -y luego dejaron en libertad- a más de 20 carriceros picudos.

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En riesgo de desaparecer realmente

La pérdida de los bosques ha afectado mucho al mochuelo de Blewitti, que se encuentra en peligro de extinción. Ligeramente moteada de blanco, la especie proviene de India y hasta que el ser humano se volvió a encontrar con ella en 1997, solo se habían encontrado siete ejemplares a lo largo de todo el siglo XIX. Cada año, se calcula que la especie se reduce entre un 10 y un 20 %: la tala de árboles y la invasión de cultivos y pastos en sus hábitat natural figuran entre sus mayores peligros. Además, los habitantes locales tienden a cazar a los mochuelos y los plaguicidas también les perjudican.

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Una hormiga de nombre mitológico

‘Gracilidris pombero’ es una especie de hormiga bastante similar a las hormigas comunes que nos podemos encontrar en España. La primera zona donde se registraron estos insectos es en el Amazonas colombiano, aunque actualmente también se pueden encontrar en Brasil, Argentina y Paraguay. Tras un largo período en el que ningún científico pudo dar con ellas, fueron vistas otra vez en el año 2006. El Pombero es un personaje de la mitología guaraní, muy común en Paraguay. Su nombre seguramente se escogió en base al carácter nocturno de la hormiga, pues, al igual que el animal, la figura mitológica actúa por la noche.


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