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Cuando los animales luchan por sus derechos como «personas no humanas»

Es imposible obviar que muchas especies del reino animal se parecen a nosotros. No solo los primates comparten comportamientos parecidos, también las orcas y los delfines actúan como seres sociales viviendo en comunidad; o los elefantes poseen una memoria y un sentido del paso del tiempo similar al nuestro. Estas similitudes han llevado a algunos animales incluso a protagonizar casos en los tribunales.

Por ejemplo, hace dos años se presentaba en EE.UU. la primera demanda del mundo en nombre de tres elefantes, ubicados en un zoológico de Connecticut. Los demandantes exigían al tribunal que reconociera a estos animales como “personas jurídicas” y los liberara para que pasen el resto de sus días en un santuario. Esta demanda reabrió un debate jurídico que lleva años sobre la mesa y por el que distintos colectivos luchan: considerar a los animales como “personas no humanas” en lugar de como objetos de propiedad ante la ley.

Ya se han dado algunos casos como este, en el que los tribunales han llegado a reconocer tal condición legal en chimpancés y orangutanes para poder otorgarles así el derecho a la libertad. Incluso se han llevado los derechos de propiedad intelectual del selfi de un mono a juicio, un famoso caso en el que se acabó dando la razón al fotógrafo frente al animal.

Lo cierto es que el trío de elefantes de Connecticut – Beulah, Karen y Minnie- nunca tuvieron éxito en sus pretensiones ante la justicia, pero el abogado que estuvo al cargo de la demanda interpuesta por el Proyecto de los Derechos No Humanos (NhRP), Steven Wise, argumenta que estos animales son personas jurídicas con el derecho fundamental a la libertad física.

De hecho, el pasado mes de octubre el NhRP volvió a intentarlo con otro elefante, en este caso buscando la libertad de ‘Happy’, un elefante de 47 años que ha permanecido en cautiverio durante casi toda su vida en un zoológico de El Bronx (Nueva York), alegando que el animal se encuentra solo y recluido ilegalmente. Steven Wise, a la sazón también presidente de la organización, aseguró que el animal no es feliz y que necesita ser reubicado a un santuario de elefantes donde pueda hacer nuevos amigos y vivir en un lugar más acorde con su hábitat. El caso tiene fecha para su vista oral el próximo 6 de enero de 2020.

Este proyecto no busca otra cosa que otorgar a los animales una especie de derechos de persona, ya que de momento en Estados Unidos ante la ley están considerados como una propiedad. En caso de conseguir esta condición, los animales no pasarían de pronto a poder votar o pedir una hipoteca. En términos éticos y filosóficos las personas jurídicas son las que están sujetas a los llamados “derechos negativos”, lo que significa tener el derecho a no ser sometido a una acción por otra persona o grupo. Esto liberaría a los animales de su vida en zoológicos, parques acuáticos, como objetos experimentación médica y otras formas que organizaciones como NhRP califican como esclavitud.

De hecho, en 2012 la organización PETA (Personas por el Trato Ético de los Animales) acudió a los tribunales estadounidenses para presentar una demanda histórica en el nombre de 5 orcas contra el parque SeaWorld por violar la Enmienda 13 de su Constitución, acerca de la esclavitud. Sin embargo, el juez desestimó el caso ya que la Constitución se aplica sobre las personas, y “las orcas no son personas”. Por ese motivo, estas organizaciones luchan por conseguir un fallo que reconozca como “personas no humanas” a ciertas especies de animales, que a su parecer “sienten y empatizan, por lo cual sufren la privación de libertad y la esclavitud y deben ser protegidos de ella”, en palabras de Jeffrey Kerr, abogado de PETA.

Una lucha que está dando sus frutos

Wise y su equipo ya intentaron en 2013 ante el tribunal de Nueva York conseguir este reconocimiento para dos chimpancés que llevaban toda su vida en los laboratorios de la Universidad de Louisiana. Sin embargo, no lo consiguieron: tras analizar las pruebas, el juez determinó que las capacidades cognitivas de los chimpancés no se pueden traducir en términos humanos.

Sin embargo, Wise cree que esta vez hay esperanza para ‘Happy’, el elefante protagonistas del litigio, ya que opina que cuando presentaron aquella primera demanda en Nueva York apenas estaba normalizado este discurso legal acerca de los animales. Sin embargo, hoy las cosas han cambiado y ya hay distintos casos que han dado la vuelta al mundo, como el de la orangutana Sandra en Argentina o la chimpancé Suiza en Brasil.

De hecho, la segunda fue el primer animal del mundo en ser reconocida como sujeto jurídico en 2005 cuando un juez otorgó la libertad del chimpancé para que fuera trasladada a un santuario. Diez años después, un tribunal argentino falló también a favor de la personalidad no humana de una orangutana. Lamentablemente, ambos simios murieron en el zoo antes de conocer la libertad.

En 2017, en cambio, la chimpancé Cecilia, ubicada en un zoo de Brasil, sí que consiguió salir con vida hacia un santuario gracias a otro fallo favorable de un tribunal que declara que “no es un objeto, sino un sujeto de derecho, no humano, pero sujeto de derecho”. Sin duda el reconocimiento legal de los animales está avanzando favorablemente y algunos países comienzan a modificar sus legislaciones.

Además, Nueva Zelanda reconoció formalmente a los animales como seres “sensibles” mediante una modificación en su normativa nacional hace cuatro años. Este cambio ha supuesto declarar explícitamente que los animales pueden experimentar emociones, tanto positivas como negativas, incluidos el dolor y la angustia. Como consecuencia, el gobierno neozelandés se vio obligado a evaluar las investigaciones con animales para buscar “alternativas no sensibles o con animales no vivos”, según recogía esa ley.

¿Son los animales “personas no humanas”?

El movimiento por el derecho de los animales lucha por esa condición jurídica de “persona” para así poder defender y otorgar derechos a otros seres vivos en un contexto legal. Para Steve Wise, el concepto de personalidad no tiene su raíz en la pertenencia a una especie determinada, sino al “respeto por la capacidad de un individuo para tomar decisiones significativas o, en otras palabras, su libertad”. Wise cree que lo que está en juego es la libertad de seres que son autoconscientes y autónomos como lo somos los seres humanos.

Las demandas interpuestas por esta y otras ONGs han ido acompañadas de material científico para demostrar ante los tribunales que los animales demandantes poseen autoconciencia, autonomía y sentimientos empáticos. Alegan que los elefantes, por ejemplo, son conscientes del paso del tiempo, tienen recuerdos y lloran a sus muertos, mientras que las orcas son animales extremadamente sociales, permaneciendo toda la vida en familia y transmitiendo sus dialectos entre los miembros de un mismo grupo. Al igual que sucede con los primates y su gran capacidad cognitiva, esto indica que estas especies sufren y son conscientes de su cautiverio fuera de su hábitat natural.

Un curioso experimento consistente en poner a distintos animales frente al espejo ha ratificado que existen especies con un sistema cognitivo que les permite ser conscientes de sí mismos. Los seres humanos, por ejemplo, no pasaron el test del espejo hasta los 18 meses de edad (los bebés no se reconocen ni son conscientes de sí mismos hasta cierta edad).

Sin embargo, los primates de gran tamaño (bonobos, chimpancés, orangutanes y gorilas), los elefantes asiáticos, los delfines y las orcas, entre otros, sí pasaron la prueba desde edades tempranas: esto evidencia que son capaces de autoreconocerse y que comprenden lo que refleja el espejo, incluso cuando les ponen una marca en la frente.

En definitiva, la condición de “personas no humanas” persigue la defensa de los derechos a la libertad y la vida de ciertos animales, autónomos y conscientes de su cautiverio. Los animales domésticos ya están protegidos en muchos países del mundo, por ejemplo las vacas en Suiza tienen derechos reconocidos legalmente y sus dueños deben pasearlas al menos una vez al día o perderán sus derechos sobre ellas.

En el país helvético muchas de estas vacas llevan aparatos GPS que van colgados en el cuello de los animales y están conectados vía satélite, para controlar el movimiento exacto del ganado a través de Internet o mediante un teléfono móvil. También ofrece información de la actividad diaria del animal; incluso permite identificar si una vaca está comiendo o durmiendo, para saber ciertos aspectos relativos a su salud y, en suma, conocerlos más a fondo.


Imágenes de Pixabay (1, 2, 3, 4 y 5)

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