Logo Vodafone

Compartir en:

‘Agrippa (a book of the dead)’: el poema que se autodestruye tras ser leído

Que las palabras se las lleva el viento es algo que todos sabemos. Menos mal que el invento de un tal Gutenberg permitió fijar las letras a un soporte físico. Con el tiempo, lo digital llegó para facilitar – aún más – la conservación de historias, poemas, cuentos o cualquier otro tipo de escrito. Conservación que se producirá siempre y cuando el autor no tenga la genial idea (en serio, es genial) de que su obra se autodestruya en 3,2,1… Adiós.

Eso es exactamente lo que hizo el escritor estadounidense William Gibson. El autor de Neuromante (1984), obra con la que popularizó el concepto de ‘ciberespacio’ y por la que es considerado el padre del ‘ciberpunk’, decidió, en 1992, sabotearse a sí mismo.

Gibson llevó a cabo su experimento en una peculiar obra junto al artista Dennis Ashbaugh, llamada ‘Agrippa (a book of the dead)’, algo así como ‘Agrippa (un libro de los muertos)’. Bajo este título tan esperanzador se encontraba un exclusivo libro – del que sólo se publicaron 95 copias – compuesto por dos enigmáticos bloques de páginas.

En la edición especial (se publicó también una edición reducida de la que tenemos pocos datos), las primeras 63 páginas del libro están formadas por grupos de las siguientes letras: A, G, T y C. Se trata de secuencias de ADN, y las letras representan la adenina, la guanina, la timina y la citosina o, lo que es lo mismo, los cuatro nucleótidos que componen las moléculas del famoso ácido desoxirribonucleico.

Además, siete de esas 63 páginas contienen grabados en cobre de Ashbaugh (el primer artista en emplear patrones de marcado de ADN en pinturas) inspirados en imágenes obtenidas en laboratorio del material genético humano. En un principio se planteó que seis de estos siete grabados estuvieran impresos sobre anuncios de teléfonos, cámaras, armas y otros objetos de principios del siglo XX que, por medio de una tinta especial, se borraran con el paso del tiempo y el contacto con la luz y el aire, con un resultado similar al que se puede ver en esta simulación. Finalmente, la idea no se llevó a cabo y en el libro solo aparecen los grabados de Asbaugh, aunque en algunas copias sí hay impresos antiguos anuncios, sin el ‘mágico’ efecto de la desaparición.

Pero, ¿qué hay del texto de Gibson? Hemos dicho que se autodestruía, pero ¿dónde está? Se encuentra literalmente incrustado en el libro. El último bloque de veinte páginas en realidad no es tal, sino que sólo sirve de recipiente para el disquete en el que, ahora sí, se encuentra un volátil poema escrito por William Gibson.

Introduces el disquete en un ordenador (antiguo) y abres el archivo que contiene. Aparece un poema de 305 líneas concebido por el autor estadounidense de ciencia ficción. El texto se desplaza de forma automática de abajo hacia arriba, con un ritmo predeterminado. El comprador de Agrippa – que ha desembolsado 2.000 dólares para hacerse con el libro – deberá aprovechar esta lectura, porque es la primera y la última que podrá hacer de este poema.

Y es que, tras los casi veinte minutos que tarda la creación en pasar por la pantalla, un algoritmo encripta el contenido del archivo y el poema desaparece. La última línea se esfuma… Y se acabó. Nunca más podrá ser abierto ni leído. Se trata de un poema de un solo uso. Básicamente, lo que ocurre es esto:

Un momento. ¿Un vídeo en YouTube con el poema? Tan volátil no será, cuando, 17 años después, el poema está a un par de clics de tu pantalla, ¿no? Como era de esperar, un objeto de coleccionista tan efímero (solo visto así se entiende su elevado precio), levantó una polvareda de intentos de preservar la obra contra la voluntad de su autor.

El primero y, probablemente, el más sencillo, tuvo lugar el 9 de diciembre de 1992 en Nueva York. Allí se produjo el acto de “transmisión” del poema a la Sociedad de las Américas. En el evento se realizó una lectura del poema, que se mostraba en la pantalla de un portátil. Un estudiante de la Universidad de Nueva York fue el encargado de que la pantalla del portátil fuera proyectada para que se viera en toda la sala. Además de cumplir con su función, “Templario” – pseudónimo del estudiante – grabó el acto. Una hora de grabación en la que se puede ver, entre otras cosas, la lectura del misterioso poema.

¿Más ciberpunk?

Todos los seguidores de Gibson que esperaban encontrar en Agrippa un texto de ciencia ficción como los que catapultaron al estadounidense a la fama, terminaron, sin lugar a dudas, llevándose un mazazo, especialmente si pagaron 2.000 dólares y se arriesgaron a leer el contenido del disquete.

El poema está dedicado a la fragilidad de la memoria y se inspira en los recuerdos que Gibson tiene de su padre y de su propia juventud. De hecho, el título de la obra tiene, como no podía ser de otra forma, una explicación. Agrippa es uno de los modelos de álbum que la marca Kodak comercializaba en 1920. Gibson encontró uno de esos álbumes con fotos de su padre y fue en ese momento en el que surgió este sentimental poema tan alejado de la ciencia ficción.

De esta forma, todo cuadra un poco mejor, incluso el hecho de que el poema se pueda leer solo una vez: al fin y al cabo, lo que Gibson quiere transmitir es lo efímero de nuestros recuerdos con un disquete cuyo contenido desaparece; los grabados de Asbaugh, que originalmente también iban a tener mucho de efímeros; y una portada que, más que la de un libro nuevo, parece la de un libro olvidado en un trastero durante años y devorado por el paso del tiempo.

Más finales del misterio

A día de hoy, leer el poema es tan fácil como ver alguno de los vídeos anteriores, o incluso tan sencillo como entrar en la web del autor. Pero, antes, otros intentaron conseguir que el poema no se volatilizara a las primeras de cambio.

Poco se sabía de la obra de Gibson y del contenido del disquete desde 1992, pero, en 2008, Allan Chasanoff, un coleccionista de Manhattan, donó su disco con la condición de que se hiciera un esfuerzo por copiar el contenido del dichoso soporte digital. El Instituto de Maryland para la Tecnología en las Humanidades (MITH) lo logró y ahora es posible descargar desde la web ‘The Agrippa Files’una imagen del disco – en formato .dmg, útil solo para Mac – que permite emular el contenido original del disquete y desde donde se extrajeron todos y cada uno de los versos del poema.

Con el material conseguido y almacenado en ‘The Agrippa Files’, surgió una iniciativa cuyo objetivo era descifrar el código que contiene el disquete original y que causa la dramática eliminación del poema sentimentaloide de Gibson: ‘Cracking the Agrippa code’.

Su formato era el de un desafío, una carrera en la que el primero en averiguar si existía tal cifrado y explicar cómo romperlo sería recompensado con la colección completa de libros de William Gibson (salvo Agrippa, que el presupuesto no era tan elevado).

El ganador, Robert Xiao, demostró que, efectivamente, había un algoritmo detrás del misterio de Agripa, aunque se trataba de un cifrado bastante frágil basado en el sistema de encriptado RSA e implementado con Macintosh Allegro Common Lisp.

Casi 30 años después, es bastante probable que muchos de los compradores de la obra no se hayan atrevido aún a tocar su disco, por aquello del (lógico) miedo a tirar por la ranura de la disquetera nada más y nada menos que 2.000 dólares.

—————————–

Con información de The Agrippa Files y Cracking Agrippa

Compartir en: